El IES Juan de la Cierva despide a 169 alumnos en una graduación marcada por la emoción, el humor y el recuerdo

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La Promoción 2024-2026 cerró su etapa en el auditorio Marcos Ortiz con mensajes de orgullo, esfuerzo y confianza en el futuro

El IES Juan de la Cierva despide a 169 alumnos en una graduación marcada por la emoción, el humor y el recuerdo

Totana vivió el jueves 18 de junio una de esas tardes que quedan grabadas en la memoria de toda una comunidad educativa. El auditorio del parque municipal Marcos Ortiz acogió el acto de graduación de la Promoción 2024-2026 del IES Juan de la Cierva y Codorniú, una ceremonia marcada por el orgullo de las familias, el reconocimiento al esfuerzo del alumnado, el cariño del profesorado y la emoción propia de quienes cierran una etapa fundamental para comenzar otra cargada de retos, decisiones e ilusiones.

El acto reunió a alumnos, familiares, docentes, representantes del AMPA y autoridades municipales en una tarde de celebración compartida. En total, se graduaron 169 estudiantes: 159 alumnos de Bachillerato, nueve de Formación Profesional Especial y uno de Formación Profesional Básica. Todos ellos recibieron el reconocimiento de una comunidad educativa que quiso despedirlos con palabras de ánimo, recuerdos, humor y mensajes de confianza ante el futuro.

Una ceremonia para cerrar una etapa y abrir nuevos caminos

La graduación comenzó con la bienvenida a los asistentes y con la presentación de una promoción que pone fin a un trayecto académico especialmente intenso. Para muchos alumnos, estos dos años han supuesto una etapa de madurez acelerada, de presión académica, de preparación para la PAU y de decisiones importantes sobre su futuro.

El Marcos Ortiz se convirtió en el punto de encuentro de todos los que han acompañado ese proceso: profesores que han compartido aulas, familias que han sostenido el esfuerzo desde casa, compañeros que han vivido juntos exámenes, nervios y celebraciones, y representantes institucionales que quisieron sumarse a un momento significativo para el centro y para la localidad.

Desde el inicio quedó claro que no se trataba solo de una entrega de diplomas. La ceremonia tuvo un marcado carácter emocional. Fue una despedida, pero también una celebración del camino recorrido. Una tarde para mirar atrás con gratitud y hacia delante con responsabilidad.

Toñi Martínez Burló, madrina de la promoción

La ceremonia comenzó con una intervención cargada de simbolismo, cercanía y emoción por parte de la profesora de Lengua Toñi Martínez Burló, madrina de la promoción, quien actuó como portavoz del profesorado que ha acompañado a los estudiantes durante estos dos cursos.

Sus primeras palabras sirvieron para situar el sentido profundo de la tarde: el final de un trayecto académico que comenzó con incertidumbre y que culmina ahora como una experiencia reveladora y prometedora. La docente recordó que, durante estos dos años, los alumnos no solo han aprendido contenidos académicos, sino que también han crecido como personas.

“Se ha afianzado vuestra personalidad, se han superado muchos miedos y se han descubierto muchos sueños”, señaló, antes de subrayar que cada estudiante llega a esta graduación con una historia propia y con un horizonte personal que empieza a abrirse.

Humor, recuerdos y complicidad en el discurso inicial

El discurso de la madrina combinó la solemnidad del momento con el humor cómplice que nace de la convivencia diaria en las aulas. Toñi Martínez aludió a las batallas épicas contra el despertador, a las negociaciones de última hora por una décima en los exámenes y a la habilidad de algunos alumnos para consultar el móvil bajo la mesa mientras el profesorado pensaba que estaban mirando al vacío.

También hubo una referencia al aspecto de los graduados en esta tarde tan especial, guapísimos, peinados y elegantes, muy distinto, bromeó, al “festival del chándal y el bostezo sincronizado” de los martes a primera hora. Las palabras arrancaron las primeras risas generalizadas de la tarde y marcaron el tono de una ceremonia que supo alternar emoción, humor y reflexión.

Entre bromas y recuerdos, la profesora fue trazando un retrato reconocible de la vida cotidiana en el instituto: los apuntes compartidos en los pasillos, los nervios antes de los exámenes, las excusas tecnológicas y la presión acumulada en los momentos decisivos del curso.

La educación como pensamiento crítico y libertad

La intervención fue tomando después un tono más reflexivo. Toñi Martínez recordó que la educación no consiste únicamente en acumular datos, fechas, fórmulas o análisis sintácticos, sino en aprender a pensar, a dudar, a desarrollar espíritu crítico y a afrontar con responsabilidad las sorpresas de la vida.

“Nosotros os hemos enseñado materias, sí, pero vosotros nos habéis enseñado el verdadero significado de la resiliencia”, afirmó, añadiendo con ironía que también les habían enseñado la creatividad para inventar excusas con el wifi o con el Classroom.

Las referencias literarias ocuparon un lugar destacado en esta primera intervención. La profesora recurrió a Don Quijote para animar a los graduados a resistir ante las dificultades, recordándoles que ninguna borrasca dura para siempre. También citó a Antonio Machado, con sus conocidos versos de “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”, para remarcar que los alumnos llegan ahora al final de una senda que no volverán a pisar como estudiantes del instituto, aunque su huella permanecerá en sus pasillos y en la memoria de quienes los han acompañado.

La libertad fue otro de los grandes ejes del discurso. La madrina recordó a los jóvenes que, a partir de este momento, serán más libres, pero también más responsables. Les pidió que usen esa libertad para ser buenas personas, para transformar aquello que no les guste del mundo y para no olvidar nunca sus raíces, sus familias y el lugar del que vienen.

Antes de terminar, compartió algunos versos del poema Si, de Rudyard Kipling, con un mensaje de serenidad, fortaleza y equilibrio ante el triunfo y la derrota. Su intervención concluyó con una felicitación emocionada a todos los graduados y con una invitación clara: ir a por todas, soñar mucho, aprender más y reír todo lo posible.

La mesa presidencial del acto

Tras esta apertura, se presentó a la mesa presidencial, integrada por María Rosa Núñez Cánovas, presidenta del AMPA; Francisco José Díaz Espinosa, concejal de Hacienda, Contratación y Juventud y antiguo alumno del centro; y Juan Francisco Otálora, director del IES Juan de la Cierva y Codorniú.

Los tres intervinieron en representación de ámbitos distintos, pero complementarios: las familias, el Ayuntamiento y el propio centro educativo. Sus discursos coincidieron en una idea común: la graduación es un logro de los alumnos, pero también el resultado de una red de apoyo construida durante años.

El orgullo de las familias, en la voz de María Rosa Núñez

La primera en tomar la palabra fue María Rosa Núñez Cánovas, quien intervino desde una doble condición especialmente significativa: como presidenta del AMPA y como madre. Reconoció que afrontaba el momento con nervios, casi como si fuera a examinarse de la PAU, y compartió con los asistentes una anécdota personal que conectó directamente con el valor de la educación y con la huella que los docentes dejan en la vida de sus alumnos.

María Rosa explicó que, como enfermera en un hospital, tuvo la oportunidad de atender hace unos meses a quien había sido su tutor durante su etapa como estudiante en el IES Juan de la Cierva y Codorniú. Él no la reconoció al principio, pero ella supo enseguida quién era al verlo y escucharlo. Al terminar de atenderlo, le contó que había sido alumna suya, un momento que emocionó profundamente a ambos.

La presidenta del AMPA utilizó esa experiencia para dirigirse a los graduados y para poner en valor el orgullo que sienten los profesores cuando comprueban que sus antiguos alumnos han encontrado su camino. “Me sentí orgullosa de que mi tutor viera que había conseguido ser enfermera, que había conseguido ser algo que me encanta”, compartió.

Desde esa vivencia, animó a los estudiantes a sentirse también orgullosos de lo que habían logrado. Su mensaje fue sencillo y directo: afrontar el futuro con valentía, trabajo y confianza. Recordó que nadie regala nada en este mundo y pidió a los jóvenes que sean generosos consigo mismos, tanto si alcanzan sus metas a la primera como si encuentran dificultades en el camino.

También felicitó a las familias y agradeció la labor de quienes forman parte del AMPA, destacando que la asociación es una forma más de cuidar y apoyar al alumnado y de contribuir a la mejora del instituto.

Tres consejos desde la experiencia de un antiguo alumno

A continuación intervino Francisco José Díaz Espinosa, concejal de Hacienda, Contratación y Juventud, quien quiso apartarse del guion institucional para hablar desde una posición más cercana. Recordó que apenas diez años atrás él ocupaba uno de los asientos reservados ahora a los graduados y que, en aquel momento, probablemente pensaba lo mismo que muchos de los alumnos presentes: que los discursos terminaran pronto para poder continuar con la celebración.

Precisamente por eso, el edil decidió dirigirse a ellos no tanto como representante municipal, sino como un joven más de Totana y como antiguo alumno del instituto. Su intervención giró en torno a tres consejos que, según explicó, a él le habría gustado recibir en su propia graduación.

El primero fue sentirse orgullosos. Díaz Espinosa recordó a los estudiantes que llegar hasta ese momento no era casualidad, sino el resultado de la constancia, el esfuerzo y el sacrificio de tiempo personal y familiar. Estaban allí porque habían trabajado, porque habían sido capaces de superar una etapa exigente y porque habían demostrado compromiso con sus objetivos.

El segundo consejo fue disfrutar del camino. El concejal señaló que, durante la etapa estudiantil, es habitual centrarse demasiado en la nota necesaria para acceder a una carrera, a un ciclo formativo o a una nueva etapa educativa. Sin embargo, insistió en que con el paso del tiempo se valoran especialmente los recuerdos construidos en el día a día: los compañeros, los profesores, los recreos, las clases y las experiencias compartidas.

El tercer mensaje fue continuar formándose. Díaz Espinosa subrayó que la graduación no debe entenderse como el final de la formación, sino como una nueva puerta de entrada a otros aprendizajes. Recordó que la sociedad necesita personas cualificadas y preparadas, ya sea a través de la universidad, la Formación Profesional, cursos especializados, experiencias en otros municipios, comunidades o países, o cualquier camino que ayude a crecer personal y profesionalmente.

“No cerréis puertas”, les pidió, antes de reiterar su enhorabuena a los graduados, a las familias, al equipo directivo y a todas las personas que hicieron posible el acto.

Juan Francisco Otálora y el valor de volar solos

El turno del director del centro, Juan Francisco Otálora, añadió al acto una mezcla de humor, reflexión pedagógica y reconocimiento colectivo. Comenzó agradeciendo las palabras de la madrina de la promoción, Toñi Martínez Burló, así como la intervención de la presidenta del AMPA y del concejal, a quien recordó también como antiguo alumno del instituto.

El director quiso dirigirse primero a las familias, a quienes felicitó por haber acompañado a sus hijos durante todos estos años. Con un tono cercano, reconoció que educar no es una tarea sencilla, que los hijos llegan sin manual de instrucciones y que madres y padres han hecho lo mejor que han podido para ayudarles a crecer.

Les pidió que se sintieran orgullosos de ver a sus hijos convertidos ya en hombres y mujeres capaces de tomar decisiones sobre su futuro. También abordó el vértigo que sienten muchas familias ante el inicio de una nueva etapa. Habló del miedo a que los jóvenes no puedan vivir mejor que sus padres, de la incertidumbre que acompaña a cualquier cambio y de la necesidad de seguir acompañándolos, aunque ahora desde una mayor distancia.

“Lo importante es que vuelen solos”, defendió, insistiendo en la autonomía personal como una de las grandes metas de la educación.

El mito de Sísifo y el secreto del fuego

Después, Otálora se dirigió al profesorado utilizando el mito de Sísifo como metáfora de la labor docente. Recordó que Sísifo fue castigado por revelar a los humanos un secreto reservado a los dioses, el fuego, y condenado a subir eternamente una roca por una montaña para verla caer una y otra vez.

A partir de esa imagen, explicó que los profesores también comienzan de nuevo cada curso, con nuevos grupos, nuevas generaciones y nuevos retos. Sin embargo, el director matizó que, en el caso de los docentes, esa repetición no es un castigo, sino un privilegio.

“Os estamos enseñando el secreto de la felicidad, de la autonomía y de la libertad”, afirmó, antes de ampliar esa idea al secreto de la verdad, de la belleza, de la ciencia y del conocimiento. Trabajar con jóvenes, sostuvo, rejuvenece y obliga a renovar cada año la vocación.

Otálora felicitó a los profesores por un trabajo que definió como impecable y pidió a las familias que valoraran su labor. A los alumnos les trasladó dos ideas principales: seguir formándose y no caer en la mediocridad.

Recordó que continuar estudiando y preparándose será clave para lograr un trabajo digno y avanzar en la vida. Y, en un mensaje especialmente directo, les pidió que no vivan “con un punto de gas”, que no se conformen con dar lo justo y que se empleen a fondo en aquello que hagan.

“No seáis mediocres”, resumió. Para el director, no se trata de que todos alcancen el mismo lugar ni de que todos estén en un supuesto top 10, sino de que cada uno dé lo mejor de sí mismo, sin guardarse nada. Cerró su intervención expresando el orgullo del instituto por todos ellos y deseándoles que vuelen alto.

Reconocimiento a la Excelencia Académica

Uno de los momentos más solemnes de la tarde llegó con la entrega de los diplomas de Excelencia Académica a los alumnos de Bachillerato que habían obtenido una nota media igual o superior a 8,75. El reconocimiento sirvió para destacar el esfuerzo, la constancia y el rendimiento de un amplio grupo de estudiantes que fueron nombrados uno a uno ante el aplauso de sus compañeros y familiares.

Durante esta parte del acto también hubo espacio para la espontaneidad. Algunos alumnos se encontraban participando en una graduación del conservatorio y se anunció que recogerían sus diplomas más tarde. El propio desarrollo de la entrega dejó momentos de humor y complicidad, con comentarios del director que contribuyeron a mantener un ambiente cercano pese al carácter formal del reconocimiento.

Los alumnos toman la palabra

Tras los diplomas de Excelencia Académica llegaron las intervenciones de los alumnos, que ofrecieron algunos de los momentos más vivos, sinceros y representativos de la noche. Sus discursos combinaron humor, nostalgia, agradecimiento y reflexión, mostrando la personalidad de una promoción que ha vivido dos años intensos, especialmente marcados por la presión de segundo de Bachillerato y la preparación de la PAU.

Los representantes estudiantiles comenzaron celebrando, con ironía, que habían conseguido sobrevivir a Bachillerato. Desde ese punto de partida, fueron repasando escenas reconocibles para cualquiera que haya pasado por las aulas: clases a última hora, exámenes interminables, trabajos en grupo en los que no todos trabajaban igual, exposiciones orales que provocaban nervios, noches sin dormir, cálculos imposibles para arañar unos minutos más de descanso antes de llegar tarde y la omnipresente pregunta familiar de los últimos meses: “¿Has estudiado?”.

Uno de los discursos recordó el primer día de segundo de Bachillerato, con el calor del inicio de curso y la sensación de que el verano había pasado demasiado rápido. Desde ahí, los alumnos describieron el curso como una tormenta impetuosa, agotadora, pero también como una aventura de búsqueda del tesoro en la que el verdadero botín no estaba hecho de oro ni plata, sino de risas, aprendizajes, amistades y cariño.

La PAU, los exámenes y el humor de una promoción

La PAU apareció de forma constante en las intervenciones, casi como un personaje más del curso. Los alumnos bromearon con la cantidad de veces que se había mencionado, con la presión de las décimas, con los comentarios de texto, con los ejercicios que parecían jeroglíficos y con el miedo colectivo a que cualquier detalle pudiera decidir su futuro.

La tensión académica fue recordada con humor, pero también con honestidad: segundo de Bachillerato fue, según reconocieron, bastante más duro de lo que muchos habían imaginado. Hubo referencias a las noches de estudio, a los cafés, a las ojeras, a los microinfartos cada vez que alguien pronunciaba la palabra PAU y a los exámenes escritos a contrarreloj que algunos profesores tenían que descifrar casi como si fueran recetas médicas.

También aparecieron anécdotas de aula, bromas sobre móviles, trabajos en grupo, exposiciones orales, apuntes guardados para hermanos pequeños y hasta recuerdos de pequeños arreglos improvisados en el instituto. Todo ello configuró un retrato divertido y muy reconocible de la vida cotidiana de la promoción.

Agradecimiento a profesores, familias y compañeros

Más allá del humor, los discursos de los alumnos tuvieron un fuerte componente de gratitud. Los graduados reconocieron la paciencia de quienes tuvieron que explicar varias veces los mismos contenidos, corregir exámenes con letras casi indescifrables, responder una y otra vez a la misma pregunta sobre si algo entraba o no para el examen y acompañar las crisis existenciales propias de un curso de tanta presión.

Los docentes no solo les habían enseñado materias, señalaron, sino también a pensar, resistir y madurar. El equipo directivo también recibió palabras de agradecimiento por mantener en pie el engranaje del instituto y por encajar todas las piezas de un curso complejo.

Las familias ocuparon igualmente un lugar central en los discursos. Los graduados agradecieron a padres, madres y familiares su apoyo incondicional, su paciencia durante los momentos de estrés, sus ánimos cuando ellos mismos no confiaban en sus posibilidades y su esfuerzo constante para que pudieran llegar hasta allí.

Reconocieron que muchas veces no habían sabido agradecerlo en el momento, pero que sin ellos no habría sido posible cerrar esta etapa. El logro, dijeron de una u otra forma, era también de quienes habían estado detrás, sosteniendo, animando y acompañando.

Una mirada madura hacia el futuro

El tono humorístico dio paso en varios momentos a una mirada más profunda sobre el futuro. Los alumnos hablaron del final de una etapa compartida y del inicio de caminos distintos. Algunos marcharán a Murcia, Cartagena, Lorca o Alhama; otros continuarán en Totana; algunos elegirán la universidad, otros ciclos formativos, nuevos proyectos o distintas formas de aprendizaje.

Pero todos comparten ya una experiencia común que, de una forma u otra, seguirá acompañándolos.

Uno de los estudiantes citó una frase atribuida a Cervantes: “El hombre bien preparado para la lucha ya ha conseguido medio triunfo”. A partir de ella, lanzó un mensaje de madurez poco habitual en una celebración de este tipo. Recordó que el mundo real puede ser más difícil de lo que muchos imaginan, pero pidió que esa idea no se interpretara como una invitación al desánimo, sino como una llamada a la fortaleza.

Los jóvenes, dijo, son herederos de un legado de hombres y mujeres que, ante adversidades enormes, nunca se rindieron. Y expresó su convencimiento de que, del mismo modo que ellos triunfaron, también esta promoción sabrá salir adelante.

Un homenaje lleno de emoción al compañero “Madden”

El momento más emotivo de las intervenciones estudiantiles llegó con el homenaje a un compañero fallecido, conocido cariñosamente entre sus compañeros como “Madden”. La promoción quiso dedicarle un recuerdo especial en una noche que también sentían suya.

“Mientras recibimos este logro, nuestro corazón le busca entre la multitud”, expresaron, antes de recordar su sonrisa contagiosa, su manera de hacer más llevadero cualquier día y su pasión por el baloncesto.

El homenaje fue breve, pero profundamente sentido. Sus compañeros subrayaron que, aunque no estuviera físicamente, seguía presente en ellos y en la historia compartida del grupo. “Su ausencia se siente, pero su huella es imborrable”, señalaron.

También recordaron que forma parte del B12C y de todo lo que han construido juntos. El mensaje final fue de cariño y de memoria serena: no se trataba de ponerse tristes, sino de tenerlo presente de una forma especial, con la certeza de que estaría orgulloso de ver hasta dónde habían llegado.

Imposición de becas y entrega de diplomas

Tras los discursos, el acto continuó con la imposición de becas y la entrega de diplomas al conjunto de los graduados y las foto.

Una promoción marcada por el esfuerzo y la convivencia

La Promoción 2024-2026 del IES Juan de la Cierva y Codorniú cerró así una etapa marcada por el esfuerzo, las dudas, las amistades, los aprendizajes y la convivencia diaria. Los mensajes que recibieron a lo largo de la tarde coincidieron en varios puntos esenciales: seguir formándose, trabajar con constancia, disfrutar del camino, cuidar a las familias, valorar a los profesores, afrontar la libertad con responsabilidad y no conformarse nunca con la mediocridad.

El auditorio Marcos Ortiz fue, durante unas horas, el escenario de una despedida y de un comienzo. Una despedida de aulas, horarios, exámenes, recreos, bromas, nervios y rutinas compartidas. Y un comienzo hacia nuevos estudios, nuevos trabajos, nuevas ciudades, nuevas responsabilidades y nuevos proyectos personales.

Una noche de fotografías, abrazos y nuevos comienzos

La noche terminó entre fotografías, abrazos, felicitaciones y celebraciones familiares. Para muchos, fue la última vez que se reunían como grupo en torno al instituto que los ha visto crecer. Para todos, fue una tarde de orgullo y emoción.

La ceremonia recordó que graduarse no significa solo terminar unos estudios, sino reconocer el camino recorrido y atreverse a iniciar el siguiente con esperanza, memoria y determinación. La Promoción 2024-2026 se despidió del IES Juan de la Cierva y Codorniú con la satisfacción del deber cumplido y con el reto de convertir todo lo aprendido en impulso para el futuro.

- Ver reportaje fotográfico (1ª parte)

- Ver reportaje fotográfico (2ª parte)

El IES Juan de la Cierva despide a 169 alumnos en una graduación marcada por la emoción, el humor y el recuerdo, Foto 1
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