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Paso la palabra. Para meditar cada día: 3/8/2021

Paso la palabra. Para meditar cada día
Paso la palabra. Para meditar cada día: 3/8/2021
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

“En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: "El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Entendéis bien todo esto?" Ellos le contestaron: "Sí." Él les dijo: "Ya veis, un escriba que entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo." Cuando Jesús acabó estas parábolas, partió de allí.” (Mateo 13,47-53 ).

1 Jesús insiste en esta última parábola en que en su comunidad hay buenos y malos, generosos en la respuesta y cicateros. Ahora todos conviven en ella. Igual que los peces aprovechables y los que no valen están en la misma red.: "El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran”. La mezcla de ahora no debe escandalizarnos. Ya llegará  el momento de la selección y aparecerá claramente qué es auténtico y qué falso. Mientras tanto, hemos de ser comprensivos y tener  paciencia, como la tiene el Señor. El nos aguanta pacientemente y nos da tiempo  para que nos convirtamos. Señor, yo quiero aprovechar este tiempo que me concedes para trabajar en mi conversión. Quiero buscarte con todas mis fuerzas. Ayúdame para que rompa las amarras que  impiden seguirte sin reservas y vivir una vida de entrega y amor. Desátame, Señor, para que corra tras de ti.

2  El Señor nos ama y no quiere que nos perdamos, por eso nos recuerda cuál puede ser nuestro final si no nos convertimos: “Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.” Mientras estemos en el mundo buenos y malos estaremos mezclados. Pero cuando llegue el final, los malos serán separados y echados al “horno encendido”, es decir, experimentarán el sabor amargo del fracaso total de quienes estaban  llamados a vivir la plenitud del amor y del  gozo en Dios y no lo han hecho. Llamada fuerte a la conversión la que nos hace hoy el Señor. No podemos hacernos los sordos y seguir dormitando. Este es  el tiempo de la opción: o decirle sí y escoger ser de los suyos de verdad, o continuar por el camino que llevo de “ni sí, ni no”, de llamarme cristiano, pero no vivir como tal. No podemos engañarnos, se muere como se vive. Quien vive egoístamente está autocondenandose a quedarse sin la alegría y el gozo del amor en Dios eternamente. Señor, ten misericordia de mí. Que no espere cambiar en el último momento. Y no para evitar la condena, Señor, sino para no perderme ni un día más el gran gozo de sentirme amado por ti y de amarte y alabarte en todo momento.

3  “¿Entendéis bien todo esto? Ellos le contestaron: "Sí."  Los discípulos dijeron que sí habían entendido. Y yo hoy ¿qué respondo al Señor? ¿Tengo claro que no puede andar jugando, que estoy con él decididamente o estoy contra él? Puedo intentar seguir engañándome a mí mismo y engañar a los demás, pero a ti, Señor, sé que no. Tu mirada penetra hondamente en el corazón; sabes lo que hay de verdad en él. Sé que tú me esperas pacientemente, pero también que el tiempo de la espera se acaba.  San Jerónimo decía: «Puesto que no estamos seguros de cuándo vendrá nuestro Juez, debemos vivir cada día como si nos hubiera de juzgar al día siguiente». Señor, concédeme vivir cada día así: como si al día siguiente hubiera de ser juzgado  por ti. 

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

3/8/2021


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