El Club de Tenis de Totana vivió este viernes una de las jornadas más conmovedoras de su historia con la inauguración del I Torneo de Pádel Memorial Simón Heredia, un acto que congregó a una multitud de familiares, amigos y compañeros que quisieron acompañar a los suyos en un momento tan especial como doloroso.
El ambiente, profundamente emotivo y respetuoso, reflejó el enorme cariño que Simón dejó en todos los ámbitos de su vida. Más allá de un acto institucional, la cita se convirtió en un encuentro sincero de memoria compartida, donde cada palabra y cada gesto estuvieron marcados por la cercanía y la autenticidad que definían también al propio Simón.
Un inicio sencillo y sincero
El acto comenzó con la intervención de Alfonso Segura, presidente del Club de Tenis, quien, visiblemente emocionado, agradeció la presencia masiva de los asistentes —mayor incluso de la que se había previsto— y reconoció con humildad que el momento había llegado tras mucho tiempo en que muchos de los presentes sentían que había que hacer algo. "El momento ha llegado", señaló, antes de subrayar la voluntad de que el acto fuera breve, dado que se había interrumpido momentáneamente el torneo en curso.
Desde el primer momento quedó claro el deseo del club: que este memorial no sea un hecho puntual, sino una cita anual que permita mantener viva la memoria de Simón durante muchas ediciones.
Un discurso desde la amistad y el corazón
A continuación intervino Isa Molino, quien dejó claro desde el inicio el carácter estrictamente personal de sus palabras: "Esta noche no estoy aquí como concejala, esta noche estoy aquí como tu ministra, Simón".
Su intervención, leída con visible dificultad en varios momentos por la emoción, conectó profundamente con los presentes. Describió el sentimiento generalizado como "agridulce": la contradicción de reunirse para recordar cuando todos hubieran preferido seguir compartiendo tardes de pádel con él, entregarle la ensaladera que tanto ilusión les había hecho en septiembre, verle jugar con Diego en la pista.
Molino evocó las escenas cotidianas que definían a Simón: partidos de pádel a media tarde, carreras por el trasvase un sábado de verano, caminatas por la sierra, cafés en su piso, gofres en la feria, amaneceres compartidos. A través de esos retazos de vida ordinaria dibujó la imagen de una persona capaz de encontrar la felicidad en lo sencillo y de contagiarla a quienes le rodeaban.
También subrayó los valores que Simón dejó como legado: la actitud positiva ante la adversidad, la valentía de seguir adelante en los peores momentos y la generosidad de hacer la vida de los demás más fácil y más bonita. "No hay legado más grande que el de aquel que es capaz de dejar una semilla en tantos y tantos corazones", afirmó.
Palabras nacidas del dolor para honrar su memoria
Otro de los momentos más intensos del acto llegó con la lectura por parte del presidente de una carta escrita el propio día del fallecimiento de Simón, dirigido directamente a él en nombre del club. Alfonso Segura arrancó con una advertencia sincera: "Sé que todo lo que pueda decir siempre se quedará corto, pero lo voy a intentar".
El texto puso en valor la autenticidad de Simón: su valentía para reconocer los propios errores, su capacidad de superar obstáculos siempre con la frente alta y la sonrisa por bandera, y su forma de relacionarse con los demás —intensa, generosa, sin artificios—.
La carta reservaba además un mensaje para su familia: la persona a la que Simón tanto admiró y tuvo la mala suerte de perder pronto, sería hoy "la persona más orgullosa del mundo" viendo en quién se había convertido su hijo.
El texto cerró con una promesa: "Serán constantes las ocasiones en que, tras un buen rato de pádel o simplemente una risa, miremos al cielo un segundo y sonriamos pensando en ti. Y nuestra terraza será un brindis constante en tu memoria".
Recuerdos para la familia y un símbolo que irá a cada pista
Tras las intervenciones, el presidente retomó la palabra para dar paso a los momentos más simbólicos del homenaje.
En primer lugar, el equipo en el que Simón jugaba —un equipo en el que, como recordó el presidente con afecto, él le daba exactamente igual ganar que perder— quiso que uno de los trofeos en los que participó no permaneciera en las vitrinas del club, sino que pasara a manos de su familia. "Las vitrinas que se merece están en su casa", resumió.
A continuación se presentaron unas chapas conmemorativas pensadas para que amigos y compañeros las lleven en sus paleteros o mochilas deportivas. Un gesto sencillo: una chapa personalizada con su imagen, al estilo de las que se lucen con los personajes favoritos. La idea la explicó el propio presidente con una frase que resumió el espíritu del acto: "Donde yo vaya, va él".
Un homenaje que trasciende el acto
El evento concluyó con un agradecimiento y con el deseo de que este memorial se convierta en una tradición que mantenga viva la memoria de Simón año tras año, edición tras edición.
Lejos de ser un cierre, la jornada dejó la sensación de un comienzo: el de un recuerdo que seguirá creciendo en cada torneo, en cada chapa que ruede por un paletero, en cada mirada al cielo desde una pista de pádel.
Entre la emoción y el agradecimiento, el I Torneo de Pádel Memorial Simón Heredia ha dejado una certeza: Simón permanece en la vida de todos los que tuvieron la suerte de coincidir con él, como un “pequeño gran hombre” cuya huella resulta imborrable.




