La tertulia aborda la rectificación del patronato respecto a la romería del 7 de enero

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La decisión del patronato de la Fundación La Santa de rectificar y mantener la fecha tradicional del 7 de enero para la romería de subida de Santa Eulalia a su santuario, tras haber anunciado previamente su traslado al sábado posterior a Reyes, ha generado un intenso debate en la actualidad municipal. Más allá de la cuestión del calendario, la tertulia puso sobre la mesa asuntos de mayor calado: la gestión de las tradiciones, los límites de las instituciones, el papel de la política y el deterioro del clima social, especialmente en el ámbito digital.

Tradición, identidad y adaptación a los tiempos

Una parte relevante del debate defendió que la rectificación fue un acto de prudencia ante la ausencia de consenso social, subrayando que las tradiciones profundamente arraigadas forman parte de la identidad colectiva y no pueden modificarse sin contar de manera clara con el sentir mayoritario del pueblo. Se insistió en que trasladar la romería al sábado supondría, en la práctica, “acabar con el 7 de enero”, ya que la fecha original solo se mantendría de forma excepcional, aproximadamente uno de cada cinco años.

Frente a esta postura, otros tertulianos señalaron que la devoción religiosa no depende de una fecha concreta, sino del vínculo espiritual con la patrona. Se recordó que a lo largo del tiempo muchas celebraciones religiosas y civiles han adaptado sus fechas sin que ello haya supuesto una pérdida de fe ni de significado. Desde esta óptica, se llegó a plantear que un domingo podría haber sido una alternativa intermedia para compatibilizar tradición, vida laboral y convivencia social.

Errores, legitimidad y responsabilidades compartidas

El papel del patronato fue uno de los puntos más controvertidos. Hubo voces que afirmaron de forma clara que el órgano se equivocó al reabrir un debate que históricamente ya había generado fuertes conflictos en el municipio, y que esa falta de sensibilidad hacia el contexto social fue el origen de la tensión posterior. Se recordó que no era la primera vez que se planteaba un cambio de fecha y que experiencias anteriores ya habían evidenciado la fractura que podía provocar.

Al mismo tiempo, se defendió la legitimidad del patronato, recordando que está compuesto por representantes del Ayuntamiento y de la Iglesia y que, desde hace décadas, numerosas personas han trabajado de manera altruista en la conservación, difusión y promoción del patrimonio vinculado a La Santa. Quitarle capacidad de decisión, se advirtió, supondría cuestionar el funcionamiento de muchos otros órganos representativos de la vida social y cultural del municipio.

En este punto también se introdujo un matiz relevante: aunque el patronato pueda organizar y proponer, las decisiones sobre festivos y cierres comerciales corresponden al Ayuntamiento, lo que añade una responsabilidad institucional más amplia al conflicto y refuerza la idea de que la coordinación y la forma en que se toman las decisiones son tan importantes como el fondo de las mismas.

Política, fe y uso partidista

La tertulia reflejó una clara división sobre si este asunto debía considerarse político. Mientras algunos defendieron que la presencia de representantes públicos en el patronato hace inevitable esa dimensión, otros insistieron en que esos cargos deben actuar como representantes del interés general y no como actores partidistas. En cualquier caso, hubo coincidencia en que la fe y las tradiciones no deberían utilizarse como herramienta de confrontación ni de rédito electoral.

Rechazo unánime a la crispación y a los insultos en redes

El mayor consenso del debate se produjo en la condena firme de los insultos, descalificaciones y amenazas vertidas en redes sociales. Se describió este comportamiento como una forma de cobardía que se ampara en el anonimato y que daña gravemente la convivencia, señalando que muchas de las personas atacadas actúan desde el compromiso y la buena fe, aunque puedan equivocarse.

Se subrayó que defender una tradición no puede justificar la pérdida del respeto ni la deshumanización del discrepante, y que la radicalización digital está erosionando la capacidad del diálogo sereno incluso en asuntos profundamente arraigados en la identidad local.

Una oportunidad para rebajar tensiones y repensar el futuro

Como conclusión, la rectificación del patronato fue interpretada mayoritariamente como una vía para desescalar el conflicto, recuperar la calma y abrir, sin prisas ni imposiciones, un debate más amplio y participativo sobre el futuro de las celebraciones. Se planteó incluso la posibilidad de revisar los estatutos de la Fundación para reforzar la sensación de representatividad y evitar que decisiones similares vuelvan a generar fracturas sociales.

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