Cada 17 de enero, Totana celebra la festividad de San Antonio Abad, conocido popularmente como San Antón, una de las tradiciones más arraigadas de nuestro calendario festivo. Una celebración que hunde sus raíces en el mundo rural y en la protección de los animales, y que, a lo largo del tiempo, ha sabido adaptarse a los cambios sociales sin perder su esencia, convirtiéndose hoy en un valioso patrimonio cultural y popular.
1.- San Antonio Abad: vida y espiritualidad de un santo del desierto.
San Antonio Abad nació en Egipto en el año 251 d.C., en el seno de una familia cristiana acomodada. Tras quedar huérfano siendo aún joven, tomó una decisión que marcaría el resto de su vida: vender todos sus bienes, repartir su herencia entre los pobres y retirarse al desierto para vivir en soledad, oración y austeridad, siguiendo las palabras del Evangelio.
Su vida se organizó en torno a la oración, el silencio, el ayuno y el trabajo manual, convencido de que el esfuerzo dignifica al ser humano y lo acerca a Dios. Solía decir que el demonio temía “el ayuno, la oración, la humildad y las buenas obras”, y que quedaba reducido a la impotencia ante la señal de la cruz. Esta espiritualidad equilibrada lo llevó a exhortar a sus discípulos a no confundir la perfección cristiana con una mortificación excesiva del cuerpo, recordándoles que el amor a Dios debía ser el centro de toda vida espiritual.
Durante sus primeros años como ermitaño vivió cerca de un cementerio y más tarde en lugares cada vez más apartados del desierto egipcio. La tradición relata que durante estos retiros sufrió intensas tentaciones, descritas como ataques de demonios y visiones en forma de bestias salvajes, símbolo de la lucha interior del ser humano.
Con el tiempo, su fama atrajo a numerosos seguidores que buscaban orientación espiritual. San Antonio comenzó entonces a organizar pequeñas comunidades de ermitaños, formadas por celdas aisladas, en las que cada monje llevaba una vida de oración y trabajo bajo la guía de un padre espiritual. Por este motivo es considerado el padre del monacato cristiano.
A pesar de su deseo de retiro, San Antonio no permaneció ajeno a los problemas de su tiempo. Hacia el año 355 viajó a Alejandría para apoyar a los obispos en la defensa de la fe cristiana frente al arrianismo, una doctrina que negaba la divinidad de Jesucristo. Tras este episodio, regresó de nuevo al desierto.
Murió en el año 356, a la edad de 105 años, tras una larga vida dedicada a la oración, el trabajo humilde y la ayuda espiritual. Siglos después, sus reliquias fueron trasladadas a Europa, lo que favoreció la rápida difusión de su culto.
2.- San Antón y los animales: origen de su patronazgo.
La relación entre San Antonio Abad y los animales surge de manera natural, a partir de su experiencia vital. El santo encontró en la naturaleza una fuente de sabiduría espiritual y convivencia, y se le atribuyen numerosos gestos de compasión hacia los animales, a los que consideraba parte de la creación divina.
Diversas leyendas refuerzan este vínculo. Una de ellas relata cómo San Antonio curó a una jabalina cuyas crías habían nacido ciegas, y cómo el animal, agradecido, lo acompañó fielmente durante el resto de su vida. Otra tradición cuenta que, tras la muerte de San Pablo el Ermitaño, varios animales salvajes ayudaron a San Antonio a cavar su sepultura en el desierto.
Desde el punto de vista histórico, el patronazgo de los animales se consolidó en la Edad Media. Los monjes antonianos, seguidores del santo, criaban cerdos y otros animales domésticos donados por los campesinos. Estos animales se utilizaban para alimentar a los pobres y para elaborar ungüentos medicinales con los que se trataban diversas enfermedades de la piel, conocidas popularmente como el “fuego de San Antonio”.
Para identificar a estos animales protegidos, se les colocaba una campanilla al cuello, lo que permitía que vagaran libremente sin ser molestados. De aquí procede la iconografía tradicional de San Antón acompañado de un cerdo y una campana.
Por esta razón, San Antonio Abad es considerado patrón de los animales domésticos y de establo, así como protector de ganaderos y veterinarios, profesiones estrechamente ligadas al cuidado y bienestar animal.
3.- El cerdo, el fuego y la campanilla: símbolos de San Antón.
La iconografía de San Antonio Abad se apoya en varios símbolos fácilmente reconocibles:
- El cerdo, que representa la protección de los animales y la labor asistencial de los monjes antonianos.
- El fuego, vinculado tanto al “fuego de San Antonio” como a antiguas tradiciones de purificación y renovación. En muchas localidades se encienden hogueras la víspera de su festividad para simbolizar el abandono de lo negativo y el comienzo de un nuevo ciclo.
- La campanilla, distintivo de los animales protegidos por el santo y emblema de los antonianos.
Estos elementos han dado lugar a una rica tradición cultural y festiva que ha llegado hasta nuestros días.
4.- La tradición de San Antón en Totana.
Durante siglos, Totana fue una localidad estrechamente ligada a la agricultura y la ganadería. Hasta no hace muchas décadas, era habitual que las familias criaran en los patios de sus casas gallinas, pavos, conejos o cerdos, animales fundamentales para la economía doméstica. La protección de San Antón era invocada para garantizar su salud y prosperidad.
Con el crecimiento de nuestra ciudad y los cambios en los modos de vida, estas prácticas fueron desapareciendo del núcleo urbano y trasladándose a zonas rurales. Sin embargo, la devoción al santo no se perdió, sino que evolucionó. Hoy, las antiguas bendiciones de animales de corral han dado paso a la bendición de mascotas, reflejo del continuo vínculo afectivo entre personas y animales.
5.- La bendición de los animales y las celebraciones populares.
El acto central del día de San Antón es la bendición de los animales, una tradición muy extendida en España. Vecinos de todas las edades acuden con sus animales domésticos para pedir salud, protección y bienestar, en un gesto que simboliza el respeto por la vida animal y la responsabilidad humana en su cuidado.
Junto a la bendición, son habituales otros elementos festivos como las hogueras, los panes bendecidos (como tenemos en Totana), los dulces tradicionales…, que refuerzan el carácter comunitario de la celebración.
En distintas ciudades españolas se celebran también las conocidas “Vueltas de San Antón”, una tradición de origen medieval que hoy adopta la forma de romería urbana, en la que los animales recorren las calles acompañados de sus dueños.
6.- Creencias, leyendas y curiosidades…
- Se dice que la noche del 17 de enero los animales adquieren la capacidad de hablar, creencia que llevó antiguamente a muchos campesinos a evitar los establos durante esa noche.
- San Antón fue invocado durante siglos como protector frente a epidemias y enfermedades.
- Ha sido representado por grandes artistas de la historia del arte, especialmente en las célebres escenas de las “Tentaciones de San Antonio”.
- Además de patrón de los animales, también se le considera patrono de oficios tradicionales como tejedores de cestos y carniceros.
Para concluir:
La celebración de San Antón en Totana es mucho más que una festividad religiosa. Es un reflejo de la relación histórica entre el ser humano, los animales y la naturaleza; una tradición que une pasado y presente, mundo rural y vida urbana, fe y cultura popular.
Cada 17 de enero, aunque en Totana no se encienden hogueras populares, la tradición mantiene vivo el simbolismo del fuego. La tarde en que tiene lugar la bendición de los animales en la Glorieta del Convento, el ritual litúrgico comienza con la bendición del fuego, presente en un brasero preparado previamente, recordando así el valor purificador y protector asociado históricamente a San Antón. Junto a este gesto, la bendición de los animales y la convivencia vecinal mantienen viva una herencia cultural que forma parte esencial de la identidad colectiva de Totana.
Como recordaba el propio San Antonio Abad: “cada día piensa que comienzas tu vida”, una invitación permanente a la renovación interior que da pleno sentido a esta celebración, en la que tradición, fe y respeto por la vida continúan transmitiéndose de generación en generación.





