Miércoles 5ª semana de cuaresma

Paso la palabra. Para meditar cada día
Miércoles 5ª semana de cuaresma
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos que habían creído en él: -Si os mantenéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Le replicaron: -Somos linaje de Abrahán y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: «Seréis libres»? Jesús les contestó: - Os aseguro que quien comete pecado es esclavo. El esclavo no se queda en la casa para siempre, el hijo se queda para siempre. Y si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres. Ya sé que sois linaje de Abrahán; sin embargo, tratáis de matarme, porque no dais cabida a mis palabras. Yo hablo de lo que he visto junto a mi Padre, pero vosotros hacéis lo que le habéis oído a vuestro padre. Ellos replicaron: Nuestro padre es Abrahán. Jesús les dijo: - Si fuerais hijos de Abrahán, haríais lo que hizo Abrahán. Sin embargo, tratáis de matarme a mí, que os he hablado de la verdad que le escuché a Dios, y eso no lo hizo Abrahán. Vosotros hacéis lo que hace vuestro padre. Le replicaron: -Nosotros no somos hijos de prostitutas; tenemos un solo padre: Dios. Jesús les contestó: - Si Dios fuera vuestro padre, me amaríais, porque yo salí de Dios, y aquí estoy. Pues no he venido por mi cuenta, sino que él me envió . ( Juan 8,31-42).

1. “Si os mantenéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos míos...” Mantenernos en su palabra, que es palabra de Dios, abrirnos a ella, ser fieles, no volvernos atrás. Vivir en la Palabra, como Francisco de Asís, del que dice su biógrafo Celano: “Francisco había hecho de la Palabra de Dios la tienda de su intimidad con El." Vivir en la Palabra y vivir la Palabra, hacerla vida. Eso es ser discípulo de Cristo. Nosotros nos decimos cristianos, discípulos suyos. Pero ¿lo somos en verdad? Leemos el evangelio, conocemos sus enseñanzas, pero ¿lo hacemos vida? La palabra del evangelio no es sólo para llenar la cabeza, sino el corazón. No es sólo para conocerla, es para vivirla, gustarla, experimentarla. ¿Cuándo, Señor, podré decir en verdad lo de san Pablo: «Vivo yo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí»? (Gal 2,20) Eso, Señor, es ser verdadero discípulo tuyo: Transparentarte a ti, obrar como tú en cada una de las circunstancias de la vida en la que Dios me ponga.

2. “Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres .” Acoger la palabra y mantenernos en ella nos lleva a conocer la verdad, a conocer quién es Jesús y cómo es el Padre, a descubrir el verdadero sentido de la vida. Y la verdad nos lleva al amor, y en el amor encontramos la verdadera libertad. De la libertad ¡cuánto se habla en la sociedad de hoy! Libres. Hay que ser libres. Soy libre… Pero los que proclamamos eso ¿somos libres de verdad? Los judíos creían que lo eran, porque descendían de Abraham: “Somos linaje de Abrahán y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: «Seréis libres»? Y Jesús les dice: “Os aseguro que quien comete pecado es esclavo”. Esta es la verdadera esclavitud: la esclavitud del pecado. Y la libertad que les promete Jesús es la liberad del pecado... ¿Y nosotros? Hacemos muchas proclamas de libertad, pero ¿no estamos esclavizados por el pecado: el egoísmo, la injusticia, la envidia, la soberbia, la insolidaridad, la ambición de tener y consumir…! San Agustín dice: “Que Dios te fascine y entonces serás libre”. Como Francisco de Asís, Teresa de Calcuta, Juan XXIII y todos los que se dejaron fascinar por ti, Señor, y fueron libres de verdad, y te amaron y amaron a los demás.

3. Nos reconocemos esclavos, Señor. ¿Quién nos libertará? ¿Quién romperá tanta cadena que nos ata? “Si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres”. Sólo tú, Señor, el Hijo, que has vencido el pecado y nos has ganado para la libertad. Tú que eres y te mostraste plenamente libre: libre para anunciar tu mensaje de amor y para denunciar la hipocresía y el pecado de los dirigentes judíos; libre para seguir tu camino, siendo fiel al Padre, con alegría, con libertad interior; libre para afrontar la muerte por ser fiel a tu misión. Señor, líbranos de todas nuestras ataduras, rompe nuestras cadenas. Llévanos a la libertad. San Agustín dice: «Eres, al mismo tiempo, siervo y libre: siervo porque fuiste creado, libre porque eres amado por aquél que te hizo, y también porque amas a tu Hacedor.” Señor, que nosotros te amemos, que escojamos ser siervos tuyos, para ser contigo señores.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

01/04/2009


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