Domingo 19º del Tiempo Ordinario (C)

Paso la palabra. Para meditar cada día
Domingo 19º del Tiempo Ordinario (C)
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: - «No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino. Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro allí estará también vuestro corazón. Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete. Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.» Pedro le preguntó: - «Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?» El Señor le respondió: - «¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si el empleado piensa: "Mi amo tarda en llegar", y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles. El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá.» (Lucas 12, 32-48).

1.      El evangelio de hoy comienza insistiendo en el recto uso de los bienes materiales, del que nos habló el domingo pasado. Jesus habla de dos modos de almacenar “atesorar”. Uno es acumular cada vez más riquezas, sin pensar en los necesitados y ni compartir con nadie: se vive sólo para acaparar y acaparar. Éstos son “tesoros”  caducos, inseguros y siempre amenazados: cuando menos lo esperas, el manotazo de la muerte o de cualquier desgracia te los arrebata.  El otro modo de  “atesorar” es muy distinto: aquí no se  piensa en acumular, sino en compartir con los pobres y así conseguir un tesoro duradero en el cielo, ante Dios. Es un tesoro bien seguro, pues está guardado en el corazón de Dios, donde ni los ladrones pueden robarlo ni la polilla roerlo: son los bienes compartidos con los necesitados: “Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla.” Estos son, Señor,  los bienes que nos enriquecen cada vez más ante ti. ¿Dónde estamos nosotros: entre los que acumulan o entre los que comparten?

2.      Después el Señor nos alecciona sobre el uso correcto de esa otra  riqueza tan valiosa que  es el tiempo. Nos invita a estar vigilantes, preparados, como el criado que espera la vuelta de su amo con la túnica recogida y la lámpara encendida,  para así abrirle prontamente cuando llegue: “Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame”. Así ha de estar el discípulo. Espiritualmente, ha de tenerlo todo en regla -obrando el bien, amando a Dios y a los demás como él nos ama- para acoger al Señor Jesús cuando venga: “Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo”.  Si vinieras, Señor, en este momento, ¿yo estaría entre los “dichosos” a los que sentarás a la mesa e irás sirviendo? Se cuenta de san Luis Gonzaga que, estando jugando con sus compañeros, alguien le preguntó: «¿Qué harías si supieras que dentro de poco vas a morir?». Y el joven Luis respondió con total serenidad: «¡Seguiría jugando!». ¡Qué estupendo, Señor, tener mi vida tan “arreglada” que pueda  responder lo mismo!... Ayúdame para que así sea.

3.      Pedro pregunta a Jesús: «Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?» Jesús responde que por todos, pero de distinta manera. Todo depende de lo que haya recibido cada uno: “Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá”. Al fin y al cabo, todo lo recibido es un capital que se nos ha confiado para que trabajemos por el Reino. Me estremece, Señor,  escuchar que al que mucho se le dio, mucho se le va a exigir. A mí, Señor, me has dado mucho: ¿estoy rindiendo según esperas tú? Hazme, Señor, un «administra dor fiel y solícito» de tantos dones inmerecidos que me has regalado. Que lo aproveche todo, Señor, para construir una vida llena de frutos del Reino, una vida de servicio y entrega a los demás, una vida de amor y alabanza y gratitud a Dios. Que así sea, Señor.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

08/08/2010


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