Sábado de la 15ª semana del Tiempo Ordinario

Paso la palabra. Para meditar cada día
Sábado de la 15ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, los fariseos planearon el modo de acabar con Jesús. Pero Jesús se enteró, se marchó de allí y muchos le siguieron. Él los curó a todos, mandándoles que no lo descubrieran. Así se cumplió lo que dijo el profeta Isaías: "Mirad a mi siervo, mi elegido, mi amado, mi predilecto. Sobre él he puesto mi espíritu para que anuncie el derecho a las naciones. No porfiará, no gritará, no voceará por las calles. La caña resquebrajada no la quebrará, el pabilo vacilante no lo apagará, hasta que haga triunfar la justicia; en su nombre esperarán las naciones." ( Mateo 12:14-21).

  1. A los fariseos no les gusta cómo piensa y actúa Jesús; no piensa como ellos sobre la manera de guardar el sábado y otros aspectos. Ahora ya no pretenden desautorizarle sólo; planean acabar con él: “…los fariseos planearon el modo de acabar con Jesús.” Señor, cada vez que medito sobre esta actitud de los fariseos, experimento como un escalofrío ante su comportamiento contigo y me rebelo. Pero, enseguida, en mi corazón escucho que me preguntas: “¿no eres tú tan cerrado de corazón, tan seguro de tus prácticas religiosas, tan resistente a cambiar algo, como ellos?” Y entonces tengo que agachar la cabeza y pedirte perdón y rogarte que cures este corazón tan farisaico.
     
  2. Al enterarse de las intenciones de los fariseos, Jesús se marcha de allí: “Pero Jesús se enteró, se marchó de allí y muchos le siguieron. Él los curó a todos, mandándoles que no lo descubrieran.” Pero hay gente que, a pesar de las intrigas de los fariseos, y de saber que las autoridades religiosas quieren acabar con Jesús, no se arredran y continúan siguiéndole. Eran especialmente enfermos y marginados. Jesús los acoge y los cura. Diríamos que no puede dejar de hacer el bien, de amar a la gente necesitada, aunque con ello se exponga a que arrecie la persecución de sus enemigos. Señor, en estos tiempos en los que no está de moda ser cristiano y menos manifestarlo, yo quiero ser de los que te siguen, sin temor a lo que digan y piensen de mí. Porque, Señor, a pesar de que he sido duro de corazón y te he fallado muchas veces, quiero estar contigo. Porque sé que sólo tú puedes llenar mi vida de sentido. Sólo en ti puedo encontrar descanso.
     
  3. Así se cumplió lo que dijo el profeta Isaías: "Mirad a mi siervo, mi elegido, mi amado, mi predilecto. Sobre él he puesto mi espíritu para que anuncie el derecho a las naciones. No porfiará, no gritará, no voceará por las calles. La caña resquebrajada no la quebrará, el pabilo vacilante no lo apagará, hasta que haga triunfar la justicia; en su nombre esperarán las naciones." A la hora de seguir a Jesús y ser de los suyos, descubrimos en estas palabras de Isaías sobre el Siervo de Yahvé cuál ha de ser nuestra misión y cómo desempeñarla: anunciar el derecho de Dios e invitar a reconocer su soberanía. Y hacerlo al estilo y modo de Jesús: con comprensión, paciencia, humildad y amor, no imponiendo la Buena Nueva a la fuerza, como los poderosos, sino proponiéndola, y no apagando la débil llama de la fe que aletea aún en algunos, sino avivándola con amor, siendo compresivo con sus dificultes y dudas, y ayudándoles a descubrir que Dios les ama y les espera. Esto fue lo que hiciste tú, Señor, con Zaqueo, con la Magdalena, con la mujer adúltera, con Pedro… Y es tu comportamiento conmigo. ¿Cómo obrar yo de otra manera con los demás, sobre todo, con los más débiles? Señor, enséñame a acercarme a la gente con tanto amor, humildad, sencillez y comprensión como lo hacías tú.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

17/07/2010


  • Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
  •