Viernes de la 4ª semana de Pascua

Paso la palabra. Para meditar cada día
Viernes de la 4ª semana de Pascua
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: - Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino. Tomás le dice: - Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino? Jesús le responde: - Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. ( Juan 14,1-6.)

  1. Jesús ha anunciado a los discípulos su marcha, que los va a dejar. Esto les entristece. ¿Qué harán ellos sin el Maestro? Jesús les tranquiliza y anima a perseverar en la adhesión al Padre y a él, pase lo que pase: “Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí… “Y les habla de su vuelta: “Volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros…” Escuchemos esta promesa consoladora y guardémosla en el corazón para los momentos en los que nos sintamos angustiados por nuestros problemas y tropiezos. Un día el Señor vendrá para llevarnos con él, porque su deseo es que los suyos estemos con él para siempre. Y él está en la paz y el gozo, en la plena comunión de amor con el Padre. Ahí quiere llevarnos y quiere que estemos. Y eso ya en esta vida, porque unidos a Jesús, él nos hace crecer en la participación de la comunión con Dios, que es la paz y el amor. Más tarde, alcanzaremos la plenitud de esa comunión y de ese gozo, en el cielo.
  1. “Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.” Los discípulos se desconciertan ante estas palabras, y Tomás, que no entiende cómo la muerte puede ser paso para la plenitud de la Vida, le dice: “Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?” ¿No nos encontramos nosotros en muchas ocasiones sin saber el camino de la paz y la felicidad? Andamos desorientados. Caminamos por caminos que no conducen a ninguna parte o que son un callejón sin salida. No nos valen los caminos del poder, del orgullo, del consumismo, del placer, del vivir para uno mismo. Después de correr por ellos nos encontramos en la insatisfacción, en el vacío, sin paz. Y ensayamos otros caminos, y lo mismo. Señor, ya ves nuestro desconcierto, enséñanos el camino, porque solos no acertamos.
  1. Jesús no ofrece a los suyos como camino una doctrina, ni una moral. Se nos ofrece él mismo. A Tomás –y a nosotros- dijo: - “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí”. Para llegar a la meta -a la propia autorrealización, a la paz, a la felicidad, a la vida llena de sentido-, no tenemos más que recorrer el camino que él recorrió, que le llevó a través de la muerte junto al Padre. Es decir, un camino que fue entrega confiada y obediente al Padre y entrega a los hombres. Éste es, pues, nuestro camino. Entrega al Padre: que en nosotros vean los demás el rostro y las obras del Padre. Y entrega a los hombres: que los demás y sus problemas nos interesen hasta desinstalarnos de nuestra comodidad y egoísmo. ¿Seguimos nosotros este camino? Señor, yo quiero seguirlo, pero soy débil. Agárrame tú de la mano y llévame, que no me desvíe nunca, porque sólo yendo por ese camino llegaré a vivir contigo en la casa del Padre.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

30/04/2010


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