Domingo 6º del Tiempo Ordinario (C)
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquel tiempo, bajó Jesús del monte con los Doce y se paró en un llano, con un grupo grande de discípulos y de pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón. Él, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo: - «Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis. Dichosos vosotros, cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten, y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas. Pero, ¡ay de vosotros, los ricos!, porque ya tenéis vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados!, porque tendréis hambre. ¡Ay de los que ahora reís!, porque haréis duelo y lloraréis. ¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas.» ( Lucas 6, 17. 20-26). 1. Ser dichosos, felices, lo deseamos y buscamos todos. Hoy, en el evangelio, Jesús nos habla de dicha y de infelicidad: “Dichosos los que ahora tenéis hambre... los que ahora lloráis... Pero ¡ay de vosotros, los ricos!..., los que ahora estáis saciados!...” Entonces ¿es que la pobreza es buena en sí misma, y todos los pobres son dichosos?; ¿no hay que luchar contra la pobreza? Jesús no canoniza, sin más, toda pobreza ni dice que todos los pobres sin más sean dichosos. El habla de algo más profundo: de dos caminos para buscar la dicha y la felicidad, de dos modos de construir y apoyar la propia vida: sobre Dios y su Reino de amor, o sobre el propio ego y las cosas materiales. Y según sea la opción habrá dicha o desdicha. Nosotros ¿sobre qué la construimos?; ¿en quién ponemos nuestra confianza?; ¿por qué caminos buscamos la felicidad: viviendo el amor y compartiendo con los pobres lo que tenemos, o buscando acaparar para tener más? 2. Jesús viene proclamando el Reino de Dios. Y constata que los pobres, los humildes, los enfermos, los desamparados, los que tienen hambre, los que sufren, etc., son los que acogen con gozo su mensaje y se ponen a disposición del Reino de amor y justicia que proclama y realiza. Las bienaventuranzas no son mera promesa: Jesús constata su dicha y se la proclama. Los destinatarios –los pobres y explotados- son ya felices y dichosos, porque en Jesús ha llegado la liberación… Los ricos, en cambio, los satisfechos, los que todo lo tienen, los triunfadores de este mundo rechazan su mensaje, no lo necesitan, les bastan sus riquezas. Aceptar el Reino supondría ponerse a disposición del amor, de la justicia, de la solidaridad... Y esto les asusta. Por eso, prefieren quedarse en la dicha engañosa y pasajera de sus riquezas. Nosotros ¿entre quiénes estamos: entre los de corazón libre, abierto al mensaje liberador de Jesús, o entre los satisfechos, los del corazón tan lleno de cosas que no cabe nada más en el? Pero Jesús no habla sólo de bienaventuranzas. En el evangelio de hoy escuchamos unos estremecedores “¡Ay!”, que son maldiciones contra los que rechazan la llamada al amor y a la fraternidad, y asientan su seguridad y dicha en sus riquezas. Porque un día descubrirán que para ellos no hay otra dicha que la que ya han gozado y han perdido. Señor, de esos “¡Ay!” que pronuncias, ¿cuáles diriges hoy contra mí? Cuando ando desasosegado, sin encontrar la dicha, la paz, ¿no será que la busco por caminos equivocados y la pido a quien no me la puede dar? 3. Las Bienaventuranzas son el programa de Jesús para los suyos, que es el programa que él realizó. Porque Jesús anunciaba y realizaba el reino de Dios. El es el primer bienaventurado. Nosotros pidamos la gracia del Señor para ser capaces de vivir el espíritu de las bienaventuranzas, como las vivió él, y lo han vivido tantos que han creído en él. Como Francisco de Asís, el “ Poverello” (=pobrecillo), como se le llama. Un hombre, que renunció a todo, que no se reservó nada, que pasó por situaciones muy amargas y dolorosas; pero uno de los hombres más dichosos que ha pisado esta tierra. Señor, dame un corazón sencillo, humilde y pobre como el de Francisco, en el que tú lo seas todo y seas en verdad mi Señor.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
14/02/2010
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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