Martes de la 3ª semana de Adviento
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
Así dice el Señor «¡Ay de la ciudad rebelde, manchada y opresora! No obedeció ni escarmentó, no aceptaba la instrucción, no confiaba en el Señor, no se acercaba a su Dios. Entonces daré a los pueblos labios puros, para que invoquen todos el nombre del Señor, para que le sirvan unánimes. Dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde, que confiará en el nombre del Señor. El resto de Israel no cometerá maldades, ni dirá mentiras, ni se hallará en su boca una lengua embustera; pastarán y se tenderán sin sobresaltos.» (Sofonías 3,1.9 -13). En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: "¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: "Hijo, ve hoy a trabajar en la viña." Él le contestó: "No quiero." Pero después recapacitó y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: "Voy, señor." Pero no fue. ¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?" Contestaron: "El primero." Jesús les dijo: "Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis. (Mateo 21: 28-32) El evangelio habla de dos hijos a los que el padre hace el mismo encargo de ir a trabajar a la viña. Ellos responden de modo distinto: uno dice sí, pero no va; mientras que el otro que dice no, y sí va. Era lo que Jesús veía que hacían los fariseos y escribas: “aparentaban que sí”, pero “eran que no”. Cara a la galería, muy religiosos, pero en su interior, egoístas, injustos, orgullos, condenando fácilmente a los demás. Hoy me pregunto, Señor, dónde estoy yo. Y veo que demasiadas veces soy como ellos: externamente digo sí, pero ¿interiormente…? Buenas palabras no me faltan, pero no obro según hablo. ¡Cuántos “síes” te digo, Señor, que después, en la vida, son “noes”! Con la “boca chiquita” mucho hablar de entrega, de oración, de solidaridad, etc., pero con la “boca grande” de la vida… Señor, ayúdame para que acabe con esta farsa.
La liturgia de hoy nos presenta la denuncia de Sofonías: -¡Ay de la ciudad rebelde, manchada, opresora! No obedecía a la voz, no aceptaba la corrección, no confiaba en el Señor, no se acercaba a su Dios…” La historia de Israel ha sido una larga cadena de infidelidades: idolatrías, injusticias sociales, hipocresía religiosa… y oídos sordos a las llamadas de Yahvé a la conversión. Pero Dios no se rendirá: “Dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde, que confiará en el nombre del Señor. El resto de Israel no cometerá maldades, ni dirá mentiras, ni se hallará en su boca una lengua embustera. ” Será el “resto de Israel” que sí acogerá las ofertas de salvación del Señor. Y en el evangelio, a los sacerdotes y ancianos les dice Jesús: “Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron." Para los ancianos y sacerdotes , los publicanos y las prostitutas eran personas pecadoras que no hacían lo que Dios mandaba. Eran los que, de entrada, decían “no quiero”, como el hijo de la parábola, pero después hicieron la voluntad de Dios: escucharon la llamada a la conversión del Bautista, y ahora están acogiendo el mensaje salvador de Jesús. Mientras que ellos, que oficialmente dicen “¡Sí, voy!”, estaban rechazando la voluntad del Padre, pues ni escucharon a Juan ni quieren escuchar a Jesús.
Y nosotros, ante la reiterada oferta de salvación que nos está haciendo el Señor en este Adviento, ¿qué respuesta estamos dando?, ¿entre quiénes estamos? ¿Entre los aparentemente buenos, autosuficientes, que no necesitan convertirse, o entre los que se saben pobres y pecadores, necesitados de salvación, y acogemos sus llamadas a la conversión, como los del resto de Israel de Sofonías y los publicanos y prostitutas de que habla el evangelio? Hoy una vez más el Señor nos dice: « ve a trabajar a mi viña.» Es decir, comienza a tomarte en serio tu vida de cristiano: deja esa vida apoltronada y tramposa que llevas, tan llena de “síes” que pronto se convierten en “noes”... y trabaja seriamente en tu santificación personal y en la entrega sin reservas a los demás. Señor, que, hoy, por fin, digamos un “voy, Señor” sincero, sin mentira.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
15/12/2009
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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