Lunes de la 29ª semana del Tiempo Ordinario

Paso la palabra. Para meditar cada día
Lunes de la 29ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, uno del público dijo a Jesús: "Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia." Él le contestó: "Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?" Y dijo a la gente: "Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes." Y les propuso una parábola: "Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos: "¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha." Y se dijo: "Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años; túmbate, come, bebe y date buena vida." Pero Dios le dijo: "Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será?" Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios." (Lucas 12:13-21)..

  1. Uno pide a Jesús que medie en una cuestión de herencia familiar. Jesús se niega a meterse en ese asunto. Pero aprovecha la ocasión, para ponerles sobre aviso sobre el peligro del apego a la riqueza: “Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes." Una advertencia que necesitamos escuchar nosotros. Porque el hecho de seguir a Jesús, no nos libra de la tentación de la codicia de bienes materiales. La codicia en la distribución de la herencia y de los beneficios en los negocios ¿no sigue siendo la causa de muchas rencillas y divisiones entre amigos y familiares? Muchos de los males de nuestra sociedad tienen origen en la ambición de la riqueza, en el ansia de tener y aumentar los bienes materiales. Por conseguir unos euros más se engaña, se explota y se aplasta al que sea preciso, y si hay que hacer trizas la paz y la unidad de las familias y la solidaridad de los pueblos, se rompe. ¡Qué triste, Señor, poner por encima de las personas y de la unión entre ellas el tener un poco más! Señor, líbranos -y libra a este mundo- de la codicia y del consumismo. Que nos importe más el “ser” que el “tener”. Porque si buscamos sólo “tener” y olvidamos el “ser”, a la hora de la muerte ¿qué nos quedará?
  1. Para ilustrar su enseñanza y hacerles pensar en el sentido de la vida, Jesús les pone una parábola: un terrateniente tiene una gran cosecha y, para poder almacenarla, construye graneros más grandes y se hace sus planes de futuro: “hombre, tienes bienes acumulados para muchos años; túmbate, come, bebe y date buena vida." Observemos que el labrador habla consigo mismo y los planes los hace sólo para sí: “haré”, “construiré”, “me diré a mí mismo”... Los demás no cuentan. Por otra parte, toda su confianza la pone en la riqueza: los bienes materiales lo eran todo para él, eran el sentido de su vida. Con los graneros bien colmados creía tener asegura la vida…Nosotros, en alguna manera, ¿no participamos de esta actitud? Hacemos nuestros planes pensando sólo en nosotros, prescindiendo de los demás y hasta de Dios. Y olvidamos la advertencia de Jesús: “aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes.” Para verlo, ahí tenemos el labrador de la parábola, al que –en un momento- todos sus planes se le vienen abajo: "Necio, esta noche te van a exigir la vida.” ¡Qué necedad, Señor, asentar la seguridad de nuestra vida en los bienes de este mundo y reducir la felicidad al goce de los placeres y vanaglorias que ellos nos pueden proporcionar! Señor, no nos dejes caer en tanta necedad.
  1. Al de la parábola Dios le llama “necio”. Descansar, comer y pasarlo bien, no es que sea malo. Ni es malo guardar, razonablemente, pensando en el fututo. Lo malo es quedarse en los bienes caducos, que podemos perder en un momento, y pensar sólo en uno mismo y almacenar sólo para sí. Porque… “necio, lo que has acumulado, ¿de quién será? Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios." La sensatez está en procurar ser “ricos ante Dios”. Y ante Dios sólo cuenta lo compartido con los necesitados, de modo que, al final, sólo tendremos lo que a ellos les hayamos dado. O como dice un refrán indio: “en tus manos muertas tendrás lo que diste con tus manos vivas.” ¡Qué pena, Señor, llegar hasta ti con los “graneros bien llenos”, pero con las manos vacías de obras de solidaridad, de caridad, de amor! Que no nos suceda esto, Señor.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

19/10/2009


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