Martes de la 19ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquel momento, se acercaron los discípulos de Jesús y le preguntaron: ¿Quien es el más importante en el reino de los cielos? Él llamó a un niño, lo puso en medio y dijo: Os aseguro que, si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el reino de los cielos. El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí. Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial. ¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en el monte y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, os aseguro que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado. Lo mismo vuestro Padre del cielo: no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños ." ( Mateo 18, 1-5. 10. 12-14 ). 1. A los pobres discípulos, contaminados de los sueños de grandeza de su ambiente, les cuesta entender a Jesús y su camino de humillación y abajamiento. Hoy vemos que, después de haberles hablado varias veces de su muerte y resurrección, a ellos sólo les preocupa quién es el más importante, no sólo entre ellos –en la comunidad- , sino ante Dios: ¿Quién es el más importante en el reino de los cielos?, preguntan. Al meditar éste pasaje, me imagino al bueno de Jesús mirando a sus discípulos con mirada de pena y decepción. Él está empeñado en que comprendan –y acepten- su camino mesiánico de humillación y muerte, y ellos siguen con sus delirios de grandeza y las ambiciones de sobresalir, sin apenas entender el mensaje de Jesús. Bien escribió L. Evely que no hay ninguna enseñanza de Cristo a la que los apóstoles hayan resistido con mayor obstinación que la de su rebajamiento, su humillación, su cruz. Y a nosotros, ¿no nos ocurre lo mismo? Cambia, Señor, esta mentalidad nuestra tan mundana, y que no temamos aceptar la tuya. 2. Jesús quiere hacerles entender que, entre sus seguidores, lo que debe reinar es el espíritu de servicio, entrega, perdón y amor gratuito, sin buscar su propio interés y sobresalir. Para ello realiza el gesto profético de poner a un niño en medio de ellos. “Y dijo: Os aseguro que, si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos.” Ahí está, en el grupo de los discípulos, el centro y modelo es el niño, el pequeño, el débil, el que -según la mentalidad de entonces- menos cuenta. Y este es el criterio con el que deben medir la importancia de las personas en su comunidad: al revés que en el mundo, en el reino de los cielos, el menor es el mayor, el más importante es el que más sirve. Así de sencillo: Para ser importante, he de hacerme niño, pequeño. Niño ante Dios, necesitado, débil, pero con una inmensa confianza en su amor, sintiéndome llevado de la mano por el Abbá. Y niño para con los hermanos, el servidor humilde de ellos. Así se es grande e importante ante Dios en tu comunidad, Señor. Es lo que hiciste tú: eras el Señor y Maestro y te hiciste el servidor. Y si tú obraste así, ¿cómo obrar yo de otra manera? 3. El evangelio concluye hablándonos de la oveja que se separa del rebaño y se descarría y deja de ir tras el pastor. Pero el pastor la ama como si fuera única. Por eso, deja las noventa y nueve restantes y va a buscarla. “ Y si la encuentra, os aseguro que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado. Lo mismo vuestro Padre del cielo: no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños." ¡Qué palabras tan consoladoras, Señor, para los que somos débiles y pecadores! Te seguimos, hemos escogido ser de los “pequeños”, de los que sirven en tu comunidad; pero podemos separarnos de ti, renunciar a ser de los “pequeños” y descarriarnos, buscando otros caminos de grandeza. Pero, Señor, hoy nos dices que, si algo hemos de tener seguro, es que tú nos amas y nos buscarás, porque no quieres “que se pierda ni uno de tus pequeños.” Y por habernos encontrado, organizarás una fiesta. Gracias, Señor Jesús, por ese amor tan inmenso. Que yo te ame como tú me amas.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
11/08/2009
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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