Lunes de la semana 19ª del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquel tiempo, mientras Jesús y los discípulos recorrían juntos Galilea, les dijo Jesús: -«Al Hijo del hombre lo van a entregar en manos de los hombres, lo matarán, pero resucitará al tercer día.» Ellos se pusieron muy tristes. Cuando llegaron a Cafarnaún, los que cobraban el impuesto de las dos dracmas se acercaron a Pedro y le preguntaron: -«¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas?» Contestó: -«Sí.» Cuando llegó a casa, Jesús se adelantó a preguntarle: -«¿Qué te parece, Simón? Los reyes del mundo, ¿a quién le cobran impuestos y tasas, a sus hijos o a los extraños?» Contestó: -«A los extraños.» Jesús le dijo: -«Entonces, los hijos están exentos. Sin embargo, para no escandalizarlos, ve al lago, echa el anzuelo, coge el primer pez que pique, ábrele la boca y encontrarás una moneda de plata. Cógela y págales por mí y por ti.» ( Mateo 17, 21-26). Dos temas distintos aparecen en este evangelio. En primer lugar, por segunda vez habla Jesús a sus discípulos de que va a ser entregado en manos de los hombres, es decir, de los que se negaban a acdeptar su mensaje, y será juguete de su injusticia y su violencia arbitraria. Jesús, que pertenece a Dios, será destrozado por los hombres. Pero la muerte no será lo definitivo: resucitará y en él se manifestará la vida. Esto lo tenía muy presente Jesús y quería que los suyos lo tuvieran también. Pero los discípulos no lo entienden, y la tristeza se apodera de ellos… Ellos quieren a su Maestro; lo han dejado todo para irse con él, y ahora les dice que lo van a matar. Y el fracaso del que pierde no es el final que ellos sueñan para el Mesías, sino la gloria del que triunfa. Por eso se resisten a aceptar lo que les dice de que “lo van a entregar en manos de los hombres, y lo matarán… ” Y es que, Señor, ¡cuesta tanto aceptar que la Cruz es el camino de la Resurrección, que la muerte es la puerta de la Vida!...
El otro tema es el del impuesto de dos dracmas que todo israelita varón adulto tenía que pagar para mantener el templo. Era un impuesto que nada tenía que ver con el que se pagaba a Roma y recaudaban los publicanos. Preguntan a Pedro si Jesús lo paga, y él les dice que sí. Aunque, como le aclara después el mismo Jesús, como Hijo de Dios que es, no tendría por qué pagar ese impuesto para la casa del Padre, pues “los hijos están exentos.” Con todo, en atención a que algunos podían escandalizarse, (pues los que le rodeaban no conocían esta condición suya de Hijo de Dios) lo pagará. Para los cristianos hoy este impuesto religioso equivaldría a la ayuda económica voluntaria que los cristianos tenemos obligación de prestar a la Iglesia. Es signo de que nos sentimos y nos hacemos corresponsables de sus necesidades y de sus obras de misericordia. Señor, que, como miembros de tu Iglesia, seamos generosos. Pero también, como miembros de la comunidad civil, nos sintamos corresponsables de las necesidades de la misma y contribuyamos al bien común, cumpliendo las leyes que cuidan de él y pagando los impuestos. Que no olvidemos, Señor, que los cristianos debemos ser también los mejores ciudadanos, algo que a veces olvidamos. Ayúdanos para que lo seamos.
Y por otra parte, pienso Señor, que, cuando te abajaste y te hiciste uno más entre los hombres, lo hiciste de verdad, no fingiendo. Por eso te sometiste a normas que en realidad no te obligaban, como esta de pagar el impuesto al templo. Hoy, Señor, te pido que mi orgullo, al que tanto gustan los privilegios y las excepciones, aprenda esta lección tuya: que, por amor a los demás, para dar buen ejemplo, como signo de humildad y para evitar malos entendidos, etc., sepa renunciar a ciertos privilegios y me someta a ciertas normas aunque no me obliguen.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
10/08/2009
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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