Jueves de la 13ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquel tiempo, subió Jesús a una barca, cruzó a la otra orilla y fue a su ciudad. Le presentaron un paralítico, acostado en una camilla. Viendo la fe que tenían, dijo al paralítico: "¡Ánimo, hijo!, tus pecados están perdonados." Algunos de los escribas se dijeron: "Éste blasfema." Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo: "¿Por qué pensáis mal? ¿Qué es más fácil decir: "Tus pecados están perdonados", o decir: "Levántate y anda"? Pues, para que veáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados - dijo dirigiéndose al paralítico-: "Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa."" Se puso en pie, y se fue a su casa. Al ver esto, la gente quedó sobrecogida y alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad . ( Mateo 9:1-8). Continúa Jesús en su tarea de dar vida, de salvar. Hoy le llevan a un paralítico en su camilla y, antes de que le pidan nada, el Señor, viendo su fe, se adelanta y le dice: "Animo, hijo, tus pecados están perdonados." Se diría que a Jesús se le notan las ganas de poner paz en el corazón del hombre. ¡Cuánta comprensión y bondad en estas palabras! Era como decirle a aquel enfermo: “no te apures, cuentas con el amor y la comprensión de Dios”. No era lo que buscaban los que lo habían traído; pero Jesús ve que era lo que más necesitaba... ¡Cómo necesitamos, Señor, escuchar estas consoladoras palabras tuyas! Nosotros vamos, a veces, tan cargados de egoísmo, de pecado, de desánimo, de desamor, que nos sentimos como paralizados para ir a ti... Señor, dinos entonces:"¡Ánimo, hijo!, tus pecados están perdonados." ¡Necesitamos tanto escucharlo!
Al oír las palabras de Jesús, los escribas se escandalizan: "Éste blasfema." Piensan que Jesús está yendo demasiado lejos, pues lo del perdón de los pecados es cosa exclusiva de Dios. Jesús, adivinando sus pensamientos, sale al paso de su escándalo: "¿Por qué pensáis mal? ¿Qué es más fácil decir: "Tus pecados están perdonados", o decir: "Levántate y anda"? Pues, para que veáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados - dijo dirigiéndose al paralítico-: "Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa. Se puso en pie, y se fue a su casa." Era la prueba incontrovertible de que él es el Enviado del Padre y puede, por tanto, perdonar los pecados…Si libra de la enfermedad (que para los judíos era consecuencia del pecado personal o de sus padres), quiere decir que también puede perdonar los pecados que la han causado… Señor, ¡cuántas veces nos vemos paralizados por el miedo a comprometernos contigo y seguirte sin reservas y ponernos a tu servicio y al de nuestros hermanos! Cuando esto ocurra, Señor, dinos tu palabra de sanación: "Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa”. Que si la dices, nos pondremos en pie y comenzaremos a caminar con alegría por los caminos del servicio y del amor, por los que antes no podíamos.
“Al ver esto, la gente quedó sobrecogida y alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad”. También yo, Señor, alabo al Padre, que te ha dado el poder de salvarnos, de arrancarnos del pecado y de toda esclavitud. Y pienso, Señor, en tantos que no tienen la suerte de creer en tu amor y tu perdón. Y que, cuando oyen hablar de ello, sonríen escépticos. ¡Qué pena, Señor! Concédeles encontrarse contigo y gustar el consuelo y el gozo de sentirse amados y perdonados gratuitamente por ti… Y a nosotros que creemos, si alguna vez nos alejamos de ti, haz que no dudemos volver a ti, que nos esperas con los brazos abiertos para darnos tu abrazo de perdón.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
02/07/2009
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
|