Martes 12ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "No deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; las pisotearán y luego se volverán para destrozaros. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten; en esto consiste la Ley y los profetas. Entrad por la puerta estrecha. Ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ello." (Mateo 7:6; 12-14). 1. ¿Qué nos quiso decir el Señor con eso de “no deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; las pisotearán y luego se volverán para destrozaros”? Parece que se trata de una llamada a la prudencia, a la hora de predicar su mensaje. Los perros y los cerdos serían aquellos que, frente a la Palabra de Dios, reaccionan como dichos animales ante las perlas: las perlas no son valoradas ni por los perros ni por los cerdos, sino que las desprecian y rechazan. Así obran algunos ante la Palabra de Dios. Hay que tener, pues, tacto y delicadeza a la hora de proponer el evangelio, sobre todo, en ambientes anticristianos. A veces, el celo inoportuno, torpe y fanático lo que provoca es un mayor rechazo. Señor, que comprendamos que, en ocasiones, el único apostolado posible es nuestro testimonio de vida cristiana: vivir el evangelio más que predicarlo. ¡Qué bien lo expresóp Herder Cámara, cuando decía a sus catequistas: "Hermanas y hermanos, cuídense de la forma cómo viven! Sus vidas pueden ser los únicos Evangelios que leerán aquellos que os escuchen." Y orar, Señor: hablarte mucho de ellos, antes de poder hablarles a ellos de ti. 2. Después, Jesús nos entrega la llamada “regla de oro”: “Tratad a los demás como queréis que ellos os traten; en esto consiste la Ley y los profetas”. Todo lo que el Señor nos ha enseñado sobre el amor al prójimo, el perdón, el servicio, la comprensión, etc., lo viene a resumir en esta sentencia. Si tratáramos a los demás como deseamos ser tratados, ¡cómo cambiarían nuestras relaciones con los demás, y cuánta más concordia y paz habría en nuestras familias, comunidades y grupos! A nosotros nos gusta que se interesen por nosotros, que nos reconozcan lo positivo que hacemos, que sean tolerantes con nosotros, que nos traten con respeto, incluso cuando nos corrigen algún defecto o fallo, etc. Son cosas sencillas de la vida cotidiana, pero que hacen agradable la vida. ¿Por qué, pues, no hacerlo nosotros con los demás? Señor, que en mi relación con los hermanos, en cada circunstancia me pregunte cómo me gustaría que me trataran a mí y qué me alegraría que hicieran conmigo. 3. Nos habla, finalmente, el Señor de dos caminos: uno que lleva a la perdición y otro a la vida. Y dice que son muchos los que transitan por el camino cómodo que lleva a la perdición: es el del egoísmo, la mediocridad, el consumismo materialista, el vicio y el pecado: “Ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos”. Y se lamenta que sean pocos los que se arriesgan a caminar por el angosto camino que lleva a la vida: el del amor, la renuncia a la vida mediocre, la entrega generosa y sacrificada a los demás, hacer el bien a todos: “¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos.” Hoy, Señor, nos animas a “entrar por la puerta estrecha”. No es fácil. Los aires de esta “sociedad del mínimo esfuerzo” empujan fuertemente a seguir el camino ancho. Y hacer lo contrario es tildado “cosa de tontos y poco inteligentes”. Pero, con tu ayuda, Señor, yo quiero seguir caminando por tu camino estrecho. Dame tu gracia, para que, a pesar de las dificultades, mirándote a ti, siga y siga.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
23/06/2009
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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