Domingo 12º del Tiempo Ordinario (B)

Paso la palabra. Para meditar cada día
Domingo 12º del Tiempo Ordinario (B)
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

Un día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos: "Vamos a la otra orilla." Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó un fuerte huracán, y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba a popa, dormido sobre un almohadón. Lo despertaron, diciéndole: "Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?" Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago: "¡Silencio, cállate!" El viento cesó y vino una gran calma. Él les dijo: "¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?" Se quedaron espantados y se decían unos a otros: "¿Pero quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen! " ( Marcos 4,35-41)

1. Jesús ha pedido a los suyos que le lleven a la otra orilla. Y cuando se adentran en el lago, se levanta una gran tormenta. Jesus duerme. Los discípulos, asustados, le despiertan y se quejan: "Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?" Y Jesús, después de calmar la tempestad, les advierte cariñosamente: “¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?” Y es que ellos han experimentado su amor y su fuerza en otras ocasiones, pero no terminan de creer en él. ¡Cuántas veces he dudado yo del amor Seño! Cuando las cosas me van bien, pienso: “¡Qué bueno es el Señor, cómo me quiere y cuida!” Pero cuando llega la dificultad, la enfermedad, la desgracia, entonces me quejo: “¿Dónde está Dios? ¿Dónde está su amor? ¿Es que me ha abandonado?” Señor, ¿cuándo terminaré de creer en ti, que tú estás siempre conmigo, que me amas y te preocupas de mí, aunque a veces parezcas dormido? Mete, Señor, esta certeza en mi corazón y que nunca dude de tu amor.

2. “Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago: «¡Silencio, cállate!» El viento cesó y vino una gran calma” . La buena noticia que nos dejó Jesús es precisamente ésta: Que él está siempre con nosotros. Por eso sabemos que, en los momentos difíciles de la vida, él siempre escuchará nuestra llamada y hará callar el viento de la dificultad, y se hará la calma. Pero nuestra oración no ha brotar sólo del peligro o del agobio, sino de la certeza de sabernos amados por el Señor. Que no oremos sólo para que Dios nos saque de apuros, sino porque nos resulta placentero y gustoso estar y hablar con él, como ocurre cuando hablamos con quien tenemos amistad y queremos. Sta. Teresa dice: “Oración no es otra cosa que tratar de amistad, estando muchas veces tratando con quien sabemos que nos ama.” Señor Jesús, concédenos pensar así, danos el gusto por la oración; entonces no nos resultará pesada, sino que esponjará nuestro corazón y sentiremos la necesidad de acudir a ella en todo momento, no sólo en los momentos de apuro.

3. “…se decían unos a otros: "¿Pero quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!" Lo que nos ocurre a muchos: una gran admiración en el primer momento. Pero ¿cuánto dura? Cristo es el Señor. Es el Amor y la Fuerza salvadora de Dios. Los que le seguían lo habían visto, habían visto sus obras. Pero no habían comprendido aún. Por eso, no terminaban de fiarse de él. Señor, yo también he visto muchas veces tu amor , he experimentado muchas veces tu fuerza salvadora en mi vida, pero ya ves lo fácilmente que lo olvido. Señor, revélame quién eres Tú. Envía el Espíritu Santo, que ilumine mi corazón para que pueda descubrir definitivamente que tú eres el Señor, mi Señor, el que me amas y siempre estás conmigo.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

21/06/2009


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