Domingo 7º del Tiempo Ordinario (B)
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
Así dice el Señor: «No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis? Abriré un camino por el desierto, ríos en el yermo, para apagar la sed del pueblo que yo formé, para que proclamara mi alabanza. Pero tú no me invocabas, Jacob, ni te esforzabas por mí, Israel; me avasallabas con tus pecados y me cansabas con tus culpas. Yo, yo era quien por mi cuenta borraba tus crímenes y no me acordaba de tus pecados.» ( Isaías 43,18-19.21-22.24b-25) Cuando a los pocos días volvió Jesús a Cafarnaún, se supo que estaba en casa. Acudieron tantos que no quedaba sitio ni a la puerta. Él les proponía la palabra. Llegaron cuatro llevando un paralítico y, como no podían meterlo, por el gentío, levantaron unas tejas encima de donde estaba Jesús, abrieron un boquete y descolgaron la camilla con el paralítico. Viendo Jesús la fe que tenían, le dijo al paralítico: - «Hijo, tus pecados quedan perdonados.» Unos escribas, que estaban allí sentados, pensaban para sus adentros: - «¿Por qué habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados, fuera de Dios?» Jesús se dio cuenta de lo que pensaban y les dijo: «¿Por qué pensáis eso? ¿Qué es más fácil: decirle al paralítico "tus pecados quedan perdonados" o decirle "levántate, coge la camilla y echa a andar"? Pues, para- que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados ... » Entonces le dijo al paralítico: - «Contigo hablo: Levántate, coge -tu camilla y vete a tu casa.» Se levantó inmediatamente, cogió la camilla y salió a la vista de todos. Se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo: - «Nunca hemos visto una cosa igual.» ( Marcos 2, 1-12). 1. Para muchos mirar atrás y ver su vida tan empecatada es motivo de tristeza y desánimo. Al pueblo de Israel abatido por su pasado trata de levantarle el ánimo Isaías, diciéndole que para Dios lo importante no es el pasado, sino el futuro que tiene delante: “ No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis?” Esas palabras nos las dice hoy la Liturgia a nosotros. Somos pecadores. Muchas veces el pecado nos ha hecho y nos hace morder el polvo. Pero siempre podemos ponernos en pie y echar a andar de nuevo. El Señor siempre puede abrir caminos en el desierto de nuestra vida y hacer brotar ríos en el yermo de nuestro corazón. Pero sobre todo, siempre podemos contar con su perdón generoso: “Yo, yo era quien por mi cuenta borraba tus crímenes y no me acordaba de tus pecados.” Gracias, Señor, por tu gran bondad. ¡Cómo levanta mi ánimo tu Palabra! Y si tú no te acuerdas de mis pecados, ¿cómo puedo yo ir por la vida, recordando y echando en cara al hermano sus pecados de ayer? Que te mire a ti borrando y olvidando los míos, y aprenda a hacer lo mismo con el pecado de mi hermano. 2. El evangelio de hoy nos presenta a Jesús –el Mesías de Dios- perdonando los pecados. Ha vuelto a Cafarnaúm, y, apenas se entera la gente, acuden en tropel para escucharle. Acuden también cuatro hombres con un paralítico. Pero no es fácil llegar hasta Jesús. Es tanta la gente que no hay manera de entrar en la casa. Entonces abren un boquete en el tejado y descuelgan la camilla con el paralítico. Y “viendo Jesús la fe que tenían, le dijo al paralítico: `Hijo, tus pecados quedan perdonados.” ¡Qué decepción! Ellos buscan la salud. Parece que lo lógico hubiera sido que Jesús dijera: “Hijo, quedas curado.” Pero no. Jesús dice al paralítico que quedan perdonados sus pecados. Estas palabras decepcionan al enfermo y a sus amigos, y escandalizan a los escribas, que piensan que Jesús es un impostor blasfemo, pues se atribuye poderes que son exclusivos de Dios: “¿Quién puede perdonar pecados, fuera de Dios?”, piensan. ¡Qué ruin corazón el de aquéllos, Señor! Dios ofrece su perdón por medio de tu persona, y ellos no se alegran, se escandalizan. Hubieran aceptado más fácilmente que curaras al enfermo. ¿A veces nosotros no sentimos también defraudados porque las acciones de Dios no son las que esperamos? 3. ¿Por qué obró así Jesús? La enfermedad y los defectos físicos eran tenidos por los judíos como castigos de Dios por algún pecado. Por eso, la persona enferma era impura, y no podía acercarse a Dios. De ahí que los enfermos, los pobres, los paralíticos, etc. se sintieran rechazados por Dios: Dios no los amaba –pensaban-. Jesús piensa de otra manera: ellos era los preferidos de Dios. Por eso, Jesús los acoge y los ama y los cura. Y, al decir al paralítico “tus pecado quedan perdonados”, Jesús le dice que Dios no lo rechaza, que Dios no lo ha castigado, que su parálisis no es un castigo de Dios por sus pecados. Y a los escribas que se han escandalizado y no creen, les dice: ¿Qué es más fácil: decirle al paralítico "tus pecados quedan perdonados" o decirle "levántate, toma la camilla y echa a andar.” Y dirigiéndose al paralítico le dice: “Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.” El enfermo así lo hizo. Y si Jesús ha sido capaz de librar de la enfermedad, - algo imposible para el hombre, según pensaban los escribas-, ¿cómo pueden negarle el poder de perdonar los pecados? Jesús, tú no eres un embaucador, tú haces hace lo que dices. ¡Qué consolador mensaje nos entregas hoy con este evangelio! Tú, Señor, no sólo puedes librarme de la enfermedad y de otros males físicos, sino también de ese otro mal más profundo y radical que es el pecado, que es el que de verdad me esclaviza y me destruye. Gracias, Señor.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
22/02/2009
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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