Sábado de la 6ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: - Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. Estaban asustados, y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: - Éste es mi Hijo amado; escuchadlo. De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: - No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos. Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos». Le preguntaron: - ¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías? Les contestó él: - Elías vendrá primero y lo restablecerá todo. Ahora, ¿por qué está escrito que el Hijo del hombre tiene que padecer mucho y ser despreciado? Os digo que Elías ya ha venido, y han hecho con él lo que han querido, como estaba escrito . ( Marcos 9,2-13). 1. Los discípulos habían seguido a Jesús con entusiasmo. Y el entusiasmo ha ido creciendo con sus enseñanzas y con los signos que le han visto hacer . Pero ahora las cosas empiezan a complicarse: les ha dicho abiertamente que él tendrá un final humillante, muriendo en cruz. Y esto les hace entrar en crisis: la cruz era demasiado para sus mentalidades judías. Ya vimos cómo Pedro se rebeló y se negaba aceptar ese camino de humillación. Es entonces cuando Jesús sube al monte -con Pedro, Santiago y Juan- para orar. Allí , junto al Maestro, viven la experiencia de la transfiguración y escuchan la voz del Padre: “ Este es mi Hijo amado; escuchadlo”. Con ello Dios les concede pregustar –en anticipo- el triunfo y glorificación de Jesús, para levantarles el ánimo, y para que comprendan que él es realmente el Mesías glorioso que ellos desean, pero que a la gloria se llega pasando por el desprecio y la cruz. Vale la pena, pues, seguir escuchando a Jesús y seguir caminando con él. Porque el final no será la humillación, sino la glorificación. 2. También nosotros hemos seguido a Jesús. Y a veces experimentamos también el desánimo y nos resulta difícil seguir caminando con él. Por eso necesitamos retirarnos a la “montaña para orar”, para tener momentos de intimidad con el Señor, y agarrarnos a él y empaparnos de su amor y escuchar en nuestro corazón la invitación del Padre: Escuchadle. Sí, Señor, necesitamos escucharte como a nuestro único Maestro, y seguirte por el camino de la cruz, viviendo tu evangelio sin rebajarlo ni abaratarlo, y dando la vida por los demás como la entregaste tú. Porque, Señor, sabemos que el final será la alegría de una vida transfigurada. 3. Hoy pregúntennos si buscamos esos encuentros con el Señor. Ojalá comprendamos que muchos cansancios nuestros desaparecerían si fuésemos fieles a ese rato de oración de cada día, en el que podemos experimentar la presencia cálida de un Dios que nos habla al corazón y aviva nuestra fe. Una experiencia de fe que nos va transformando poco a poco y va cambiando nuestra visión de las cosas y nos hace vivir la vida de manera diferente… Señor, ten misericordia de mí, hazme persona de oración.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
21/02/2009
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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