Viernes de la 5ª semana del Tiempo Ordinario

Paso la palabra. Para meditar cada día
Viernes de la 5ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, dejando Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos. Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: "Effetá", esto es: "Ábrete". Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: "Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos ." ( Marcos 7,31-37)

  1. Sigue Jesús recorriendo caminos y aldeas, ahora por tierras paganas. Las gentes - como en tierras de Israel- le salen al encuentro, trayéndole los enfermos que están hundidos en el sufrimiento. Y él les va entregando su Palabra y su acción salvadora, en cumplimento de lo de Isaías sobre la era mesiánica: “Entonces se despegarán los ojos del ciego y los oídos del sordo se abrirán....” Jesús se toma muy en serio la miseria humana. Como la del sordomudo de hoy. Se lo presentan y le piden que le imponga las manos. Jesús se lo lleva consigo y realiza un ritual que debió ser común entre aquellos pueblos: mete los dedos en los oídos y toca con la saliva su lengua. Y dice su palabra de poder, que sana: “Effetá”, ábrete. Y los oídos del enfermo se abren y la lengua se destraba. Y aquel hombre marginado, condenado al silencio y al aislamiento por su mudez y sordera, se siente reintegrado a la sociedad.
  1. ¿Nosotros no estamos a veces sordos y mudos? Sordos para su Palabra: oímos, pero apenas la escuchamos y acogemos. El mensaje de Jesús nos resbala, apenas roza nuestros corazones. Y sordos también para escuchar el grito de los que sufren. Ni siquiera escuchamos el grito de los de cerca: familia, compañeros, amigos… Y además, mudos. No sabemos hablar al Señor, orar, alabarle, darle gracias. Pero tampoco, hablar a los hermanos. ¡Cuántos esperan una palabra de cariño, de comprensión, de ánimo, de simpatía…, y nosotros pasamos de largo, ensimismados, ocupados sólo en lo nuestro! Dinos, Señor, tu “effetá” poderoso. Ábrenos el oído, que te escuchemos a ti, que acojamos tu Palabra que nos salva, y que escuchemos a los demás, que nos acerquemos a ellos, como tú, y que “curemos”, sino su enfermedad, sí su soledad y su necesidad de comprensión y cariño. Desátanos también la lengua para que podamos alabarte a ti y decir a los demás la palabra que esperan de nosotros.
  1. La gente, en el colmo del asombro decían: "Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos." Y es que quien se tiene experiencia de Jesús y se siente sanado por él, no puede callarlo, siente la necesidad de contarlo a los demás. “Todo lo ha hecho bien”, proclamaba aquella gente. Esta expresión recuerda aquella del Génesis cuando Dios mira complacido su creación: …”y vio Dios que todo era bueno”, que todo estaba bien hecho. Así Jesús. Anda por la vida haciéndolo todo bien, “re-creando” -diríamos- lo que Dios hizo bien en el origen, pero el pecado había estropeado. Señor, ven hoy a nuestras vidas, en las que hay tanto estropeado por el pecado, y recréalo, hazlo nuevo: que todo vuelva estar bien hecho, que todo sea bueno, agradable a tus ojos y al de los hombres.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

13/02/2009


  • Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
  •