Miércoles 4ª semana del Tiempo Ordinario

Paso la palabra. Para meditar cada día
Miércoles 4ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: "¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?" Y esto les resultaba escandaloso. Jesús les decía: "No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa." No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando . ( Marcos 6, 1-6).

1. Jesús vuelve a su pueblo, a los suyos. El sábado va a la sinagoga y empieza a enseñar. Sus paisanos y parientes, al oírle se asombran de lo que dice y hace: "¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos?” Pero a la vez, se escandalizan. Le conocen bien y conocen a su familia. El origen de su sabiduría y su actividad no creen que sea Dios. Por eso se niegan a aceptar su mensaje. Se repite lo de San Juan: “Vino a los suyos y los suyos no le recibieron.”¿Por qué esa barrera de prejuicios contra Jesús?; ¿les asustó el mensaje nuevo que proclamaba?; ¿estaban “satisfechos” de ser “buenos judíos”, y su mensaje les resultaba demasiado exigente, y temían que desestabilizara su rutina y mediocridad religiosa? Martín Descalzo escribe: “Es la vieja tentación de siempre: el hombre soporta a Dios siempre que se mantenga lejos. Está dispuesto, incluso, a amarle, pero a condición de que no intervenga demasiado en su vida, que no ponga trabas a su egoísmo, que no vaya a meterse en su propia familia.” ¿Estoy yo entre éstos?

2. Tal vez nos sorprenden los prejuicios de los paisanos de Jesús que les impedían creer en él, y no pensamos que, a veces, nosotros reaccionamos movidos por los mismos prejuicios. ¡Con qué facilidad nos negamos a aceptar el testimonio y la palabra de personas débiles y pecadoras como nosotros -un compañero, un amigo, un miembro de la comunidad o del grupo, una persona sencilla- por el simple hecho de conocerlos! “A mí me va a enseñar éste…”, pensamos. Y sin más rechazamos la llamada a la conversión o a un compromiso más fuerte, que nos hace el Señor a través de ellos. Y es que, Señor, para rechazar los mensajes incómodos, que molestan, siempre encontramos argumentos. Líbrame de mis prejuicios, de mi orgullo. Que esté abierto a escuchar tus llamadas, lleguen a través de quien lleguen.

3. La falta de fe de aquellas gentes podríamos decir que le ató las manos a Jesús: “No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe”. Por todas partes, Señor, vas repartiendo la salvación, pero aquí no hay quien la acepte. Sólo algunos enfermos creyeron, y ellos sí experimentaron tu fuerza liberadora. Y es que nos has hecho libres, Señor, y, porque respetas nuestra libertad, podemos llegar a desarmarte y no dejarte liberarnos. Señor, perdona mis incredulidades. Aumenta mi fe. Que te acepte a ti y acepte tu mensaje. Que mi fe te deje las manos libres para actuar en mí.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

04/02/2009


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