Domingo 4º del Tiempo Ordinario (B)
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
Moisés habló al pueblo, diciendo: «Un profeta, de entre los tuyos, de entre tus hermanos, como yo, te suscitará el Señor, tu Dios. A él lo escucharéis… Pondré mis palabras en su boca, y les dirá lo que yo le mande. A quien no escuche las palabras que pronuncie en mi nombre, yo le pediré cuentas”. (Deuteronomio, 18,15.18b-19). En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos entraron en Cafarnaúm, y cuando el sábado siguiente fue a la sinagoga a enseñar, se quedaron asombrados de su doctrina, porque no enseñaba como los escribas, sino con autoridad. Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar: «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios.» Jesús lo increpó: «Cállate y sal de él.» El espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió. Todos se preguntaron estupefactos: «¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen.» Su fama se extendió en seguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea. (Marcos 1,21-28) 1. Moisés –de parte de Dios- promete al Pueblo que, cuando falte él, la Palabra de Dios seguirá proclamándose en Israel: “ Un profeta, de entre los tuyos, de entre tus hermanos, como yo, te suscitará el Señor, tu Dios. A él lo escucharéis.” Dios no dejará al pueblo sin su Palabra orientadora: suscitará un profeta en medio del Pueblo. Y en el evangelio Jesús aparece como el auténtico profeta. El es la Palabra de Dios encarnada. Y a este Profeta lo presenta hoy san Marcos hablando “como quien tiene autoridad”. Normalmente los letrados de Israel se limitaban a repetir lo que habían oído, lo ensañado por los grandes maestros. Diríamos que eran meros repetidores. Jesús, no. En Jesús la palabra brota de dentro, como de una fuente auténtica: “Se os ha dicho… pero yo os digo”, dirá en el Sermón del monte. Pero sobre todo, en Jesús la palabra brota acompañada de Fuerza y Poder salvador: domina el mal que atormenta al hombre. Hoy lo vemos librar a un hombre de un espíritu inmundo que lo tenía poseído. Y la gente dirá: “Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen.” 2. Y es que Jesús no se limitaba -como hacía los escribas- a exponer unas sentencias bonitas, sin comprometer su vida en ellas. Jesús sí la compromete. El no es un mero repetidora de ideas, como ellos, sino un realizador de acciones. El enseña y obra. En él palabra y obra van unidas. Jesús proclama: “Se ha cumplido el plaza, está cerca el Reino de Dios.” O: “El Reino de Dios están en medio de vosotros”… Y efectivamente, lo veremos luchar contra los enemigos del Reino. Jesús enseña y vive lo ensañado. El habla de amor, y le vemos entregarse, preocuparse de los demás, curar a los enfermos y aliviar el dolor de los que sufren. Habla de perdón y le vemos perdonar, etc. Es decir: Jesús prueba con sus obras sus palabras. A nosotros, cuando nos escuchan los demás, ¿qué perciben: sólo un mensaje maravilloso, que hemos aprendido, o ven también unas vidas que encarnan lo que decimos? Señor, que “digamos” y “hagamos”, que aprendamos tu mensaje, pero también tu estilo de vivir. 3. La Buena Noticia de Dios tiene que seguir proclamándose. Y los cristianos somos los escogidos por el Señor para proclamarla hoy. Por el bautismo participamos de la misión profética de Cristo: fuimos ungidos profetas de Dios para hablar a las gentes en nombre de Dios... Pero para proclamar la Buena Noticia, hay que escucharla. ¿Cómo hablar en nombre de Dios, si no escuchamos a Dios? Y sobre todo, dejarnos poseer, transformar por la Palabra. Y después, obrar como “poseídos” por esa Palabra. Como en Jesús, que a las palabras acompañen las obras: Si hablamos de perdón, perdonemos; si de amor, amemos; si de paz y justicia, seamos pacíficos y justos. En definitiva, que actuemos como quienes viven el amor y la justicia y están comprometidos en la construcción de un mundo de paz, de justicia y de amor. Señor, a esto nos invitas, esto esperas de nosotros. Danos tu gracia para que no te defraudemos.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
01/02/2009
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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