Viernes de la 31ª semana del Tiempo Ordinario

Paso la palabra. Para meditar cada día
Viernes de la 31ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Un hombre rico tenía un administrador y le llegó la denuncia de que derrochaba sus bienes. Entonces lo llamó y le dijo: "¿Qué es eso que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido." El administrador se puso a echar sus cálculos: "¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa." Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo dijo al primero: "¿Cuánto debes a mi amo?" Éste respondió: "Cien barriles de aceite." Él le dijo: "Aquí está tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta." Luego dijo a otro: "Y tú, ¿cuánto debes?" Él contestó: "Cien fanegas de trigo." Le dijo: "Aquí está tu recibo, escribe ochenta." El amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz." (Lucas 16, 1-8).

1. En verdad que el administrador de la parábola, a primera vista, no parece modelo de nada. Y sin embargo, Jesús lo pone como ejemplo, claro que no, por ser un administrador corrupto y derrochador de los bienes de su amo, sino por ser diligente y sagaz, para buscar solución a la situación de desempleo que se le viene encima. Así, apenas se entera que su amo lo va despedir, no pierde ni un minuto, no deja las cosas para mañana, sino que se pone enseguida en movimiento, para, en el poco tiempo de que dispone, asegurarse amigos agradecidos que le puedan ayudar cuando se quede sin trabajo. Efectivamente, fue llamando a los deudores de su amo y, hombre sin escrúpulos como era y para quien sólo contaba el interés material, fue rebajando la cantidad de lo que cada uno debía a su amo. Y dice Jesús: “El amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido.” Porque injusto y sinvergüenza era un rato, pero listo y diligente, también. No se durmió ni dio largas a la decisión.

2. Esta era la lección que Jesús quería transmitirle a los discípulos. Ellos saben que el Señor ha de venir y ha de pedir a cada uno cuentas de lo que ha hecho; han de ser, pues, diligentes y aceptar el Reino de Dios que está llamando a sus puerta y vivir sus valores, sin dar más largas, pensando que ya lo harán mañana. Si no aprovechan el hoy, pueden pasarlo mal mañana, el día del juicio. Hay que acogerlo, aunque cueste renuncias… Esto nos lo dice también el Señor a nosotros. Cada día el Reino de Dios llama a nuestras puertas, ¿le abrimos prestamente, o damos largas? El evangelio nos lo advierte muchas veces: hemos de aprovechar el “ahora”, el momento presente, para preparar el futuro, abriéndonos a la gracia, respondiendo a las llamadas a la conversión que nos hace el Señor. Nuestro mañana, nuestro final, nos lo jugamos en el aquí y ahora. El criado deshonesto de la parábola aprovechó su “hoy”. Y yo, Señor, ¿estoy aprovechando el mío? Que hoy te abra la puerta y no te dé más largas.

3. La parábola concluye con el lamento del Señor porque los malos ponen más empeño en conseguir sus objetivos que los buenos para conseguir los suyos: “Los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz...” ¿Nosotros entre quiénes estamos? Para las cosas del mundo, ¡qué empeño ponemos, cuántos sacrificios somos capaces de afrontar! Pero para las del Reino, para asegurarnos el “porvenir decisivo”, todo sacrificio nos parece demasiado. Si, al menos, pusiéramos el mismo empeño como para las cosas del mundo... Hoy el Señor nos invita a ser hijos de la luz, diligentes, sagaces y decididos: sabiendo perder para ganar; sabiendo renunciar a “ganancias” vanas y pasajeras, para obtener en el futuro otras perdurables y más satisfactorias. Señor, despiértame de la modorra de mi vida cristiana. Que aproveche el tiempo y los dones que me concedes. Séneca decía que «la vida a nadie se le da en propiedad, sino a todos en administración». Que yo administre acertadamente lo que me queda de esta vida que me has dado, para asegurarme, Señor, el futuro definitivo, cuando acabe mi peregrinación por este mundo.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

07/11/2008


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