Domingo 29º del Tiempo Ordinario (A)
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mi, no hay dios. Te pongo la insignia, aunque no me conoces, para que sepan de Oriente a Occidente que no hay otro fuera de mi. Yo soy el Señor, y no hay otro.» (Isaías 45, 4-6) En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes, y le dijeron: -«Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no miras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas: ¿es licito pagar impuesto al César o no?» Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús: -«Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto. » Le presentaron un denario. Él les preguntó: -«¿De quién son esta cara y esta inscripción?» Le respondieron: -«Del César.» Entonces les replicó: -«Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.» ( Mateo 22, 15-21). 1. Los fariseos andan buscando cómo atrapar a Jesús en alguna declaración que les sirva para acusarlo ante las tropas romanas y que le prendan. Ahora le envían una delegación que le dicen: “-«Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no miras lo que la gente sea…¿es licito pagar impuesto al César o no?» Y Jesús, que acoge a todos con bondad y contesta a los que se le preguntan buscando sinceramente la verdad, a estos de hoy les responde con dureza, porque conoce su juego sucio: “Hipócritas, ¿por qué me tentáis?” Han empezado alabando a Jesús y presentándose como unos israelitas piadosos que buscan que les aclare una duda de conciencia, ¡y lo que buscan es perderle! Jesús les pide que le muestren una moneda, y pregunta: “¿De quién son esta cara y esta inscripción?” Le responden: -“Del César.” Y aquí la respuesta de Jesús echa por tierra su trampa: “Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Es decir, dejaos de jugar sucio y cumplid con el César dándole lo que es suyo, pero no olvidéis que vosotros mismos pertenecéis a Dios. 2. Los cristianos debemos cumplir nuestras obligaciones de ciudadanos de esta tierra. Y, aun mejor que los demás, puesto que es una manera de servir a los hombres, nuestros hermanos. Pero nunca hemos olvidar que, como dice J. A. Pagola: "Para Jesús, el César y Dios no son dos autoridades de rango semejante que se han de repartir 1a sumisión de los hombres. Dios está por encima de cualquier César y éste no puede nunca exigir lo que pertenece a Dios.” Por medio de Isaías nos lo recuerda el Señor: “ Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mi, no hay dios” (1ª lectura). San Jerónimo tiene una frase muy iluminadora a este respecto: “Tenéis que dar al César la moneda que lleva impresa su imagen; pero entregad con más gusto todo vuestro ser a Dios, porque en vosotros está impresa la imagen de Dios y no la del César”. Al César -al orden social y político- hemos de darle lo que le pertenece, pero un cristiano nunca debe olvidar que lleva impresa en él la imagen de Dios, y sólo a Dios pertenece enteramente. Hoy preguntémonos: ¿Para quién vivimos nosotros? ¿Nos absorben tanto las cosas de este mundo que para Dios casi no nos queda tiempo ni atención? En caso de conflicto entre lo que nos pide el evangelio y lo que pide la sociedad, ¿qué escogemos?, ¿nos dejamos dirigir por algún poder contra las exigencias de nuestra fe? 3. Jesús nos dice: “Dad a Dios lo que es de Dios.” Pero esta tarea jamás quedará satisfecha en plenitud. De Dios lo hemos recibido todo y lo seguimos recibiendo: la vida humana y espiritual, la familia, la creación, la Palabra que nos salva, la Eucaristía, etc. A Dios nunca le daremos bastante… Además, lo comenta J uan J. Bartolomé: “Precisamente porque nos hemos comprometido a dar a Dios todo lo que es suyo, tenemos que dar a los demás algo de cuanto Dios nos ha dado: el testimonio de su primacía en nuestras vidas sobre toda otra cosa y el esfuerzo diario por ser útiles a nuestra sociedad.” Pues bien dice Fernando Torres Pérez: “ El Dios de que habla Jesús, ¿no es el Padre de todos, el Padre amante y misericordioso que se desvela por sus hijos e hijas y que ama de una manera especial a los que más sufren, a los más abandonados? Todo lo que afecta a sus hijos e hijas, preocupa inmensamente a Dios, es de Dios en el mejor de los sentidos.” En fin, que porque “somos de Dios”, tenemos también que “ser de los demás”, que son amados de Dios. Señor, que no lo olvidemos nunca.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
19/10/2008
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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