Viernes 28 semana T. O. –p-
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquel tiempo, se habían reunido miles y miles de personas, hasta el punto que se aplastaban unos a otros. Jesús empezó a hablar, dirigiéndose primero a sus discípulos: "Cuidado con la levadura de los fariseos, o sea, con su hipocresía. Nada hay cubierto que no llegue a descubrirse, nada hay escondido que no llegue a saberse. Por eso, lo que digáis de noche se repetirá a pleno día, y lo que digáis al oído en el sótano se pregonará desde la azotea. A vosotros os digo, amigos míos: no tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden hacer más. Os voy a decir a quién tenéis que temer: temed al que tiene poder para matar y después echar al infierno. A éste tenéis que temer, os lo digo yo. ¿No se venden cinco gorriones por dos cuartos? Pues ni de uno solo se olvida Dios. Hasta los pelos de vuestra cabeza están contados. Por lo tanto, no tengáis miedo: no hay comparación entre vosotros y los gorriones." ( Lucas 12:1-7). · Son muchos los que se han reunido en torno a Jesús, porque quieren escucharle. Él habla primero a los discípulos, y les advierte que tengan cuidado con la levadura de los fariseos, la hipocresía. Ese parecer y no ser. Ese mostrarse al exterior de una manera “ordenadita”, muy limpia y aseada, pero estando por dentro muy desarreglados, sucios y podridos. Exteriormente, estupendas personas, muy cumplidores de todo; pero el corazón, lleno de intenciones torcidas, doblez, orgullo y autocomplacencia, ¡sin una pizca de amor sincero! Los de Jesús hemos de ser sinceros: ser como parecemos, y vivir lo que decimos, enseñamos y proclamamos exteriormente. Lo externo que no está asentado en la verdad del amor, la misericordia y el respeto a los demás, ¿de qué sirve? Señor, he escuchado muchas veces esta advertencia tuya, pero sigo con la misma actitud farisea. ¡Qué necio soy, Señor, obrando así! Porque, aunque ahora logre engañar a la gente, a Dios no lo engaño, y un día todo aparecerá, y la verdad de mi vida será conocida: “ nada hay escondido que no llegue a saberse.” Los discípulos saben que van a Jerusalén, y allí les espera, a Jesús y a ellos, la persecución y el sufrimiento. Por eso, los anima: “... amigos míos : no tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden hacer más..; temed al que tiene poder para matar y después echar al infierno ”. Los suyos son sus “amigos”. Y el amigo lo único que debe temer es traicionar al Amigo, alejarse de él por el pecado... Éste es el temor que ha de haber en nuestro corazón: porque amamos al Señor, porque él es el gozo más profundo de nuestro corazón, ¿cómo no temer ofenderle y perderle? Señor, ten misericordia de mí. Que ningún otro temor pueda conmigo. Que esté siempre entre los que hoy llamas “amigos míos”. Has confiado en mí, Señor, que nunca te decepcione.
¡Con qué palabras tan consoladoras termina el evangelio de hoy! El Señor nos recuerda que estamos en manos del Padre. Un Padre que cuida hasta de los gorrioncillos, que apenas si valen nada. “¿No se venden cinco gorriones por dos cuartos? Pues ni de uno solo se olvida Dios ... Por lo tanto, no tengáis miedo: no hay comparación entre vosotros y los gorriones." Efectivamente, Señor, si el Padre se ocupa de ellos, ¿cómo no va a cuidar de nosotros que somos sus hijos? Por eso, Señor, ¿cómo no confiaré? Sé que nunca, ni en los fracasos, ni en la enfermedad, ni en la muerte estaré solo. ¡El amor del Padre estará siempre conmigo! Y ¿hay algo más fuerte que ese amor? Gracias, Señor Jesús, porque nos has dado a conocer esta noticia tan consoladora.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
17/10/2008
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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