Domingo 28º del Tiempo Ordinario – (A)

Paso la palabra. Para meditar cada día
Domingo 28º del Tiempo Ordinario – (A)
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

Aquel día, el Señor de los ejércitos preparará para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares enjundiosos, vinos generosos…. El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros, y el oprobio de su pueblo lo alejará de todo el país. -Lo ha dicho el Señor-. Aquel día se dirá: «Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara; celebremos y gocemos con su salvación. La mano del Señor se posará sobre este monte.» (Isaías 25, 6-10ª)

"En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: -«El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda. Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: "La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda." Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: "Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?" El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: "Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes." Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.» ( Mateo 22, 1-14).

1. Hoy la Palabra de Dios nos habla del Reino de Dios, bajo la imagen -muy frecuente en la Biblia- de un convite de bodas que Dios prepara y ofrece a todos. Es un banquete gozoso, donde no hay lugar para la tristeza ni para nada que haga sufrir al hombre. Anuncia Isaías: “El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros, y el oprobio de su pueblo lo alejará de todo el país.” (1ª lect.). Y el Evangelio, mediante una parábola, nos habla también de cómo el Señor invita a todos –a buenos y malos- al banquete de la salvación. Pero los primeros invitados rechazan la invitación. Tenían cosas más importantes que hacer: cuidar sus tierras y atender sus negocios. Incluso algunos se sienten molestos porque se les invita y “echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos” ¡Qué ingratitud y qué absurda respuesta, Señor! Era la actitud que observabas en los dirigentes judíos, que están rechazando las llamadas a acoger la Buena Nueva de la salvación que les hacías y que, y al final, tan insoportable se les hace tu mensaje que te matarán.

2. La salvación es una oferta que Dios hace gratuitamente a todos, y que el hombre tiene que aceptar libremente. Pero desde su libertad el hombre puede rechazarla, como bien resalta la parábola: a algunos no les interesa la invitación al banquete de bodas que se les hace y la rechazan. ¿Cuál es nuestra respuesta a las llamadas que nos hace el Señor? ¿Las acogemos con gozo, o las rechazamos? ¿Vivimos tan metidos en nuestros intereses materiales que ni siquiera nos percatamos de ellas? ¿Qué nos impide acoger las invitaciones del Señor? ¿Qué excusas ponemos? Juan Antº Pagola, escribe: "Cuando uno vive buscando sólo un bienestar material cada vez mayor, interesado únicamente en "tener dinero" y "adquirir símbolos de prestigio", preocupado en ser "algo" y no por ser "alguien", la persona pierde capacidad para escuchar las llamadas más profundas que se encierran en el hombre.” Y es porque se hace incapaz de ver y de oír nada que esté fuera de su mundo de intereses materiales. ¿Estamos nosotros entre los sordos y ciegos para las cosas de Dios, para las cosas del espíritu? Señor, defiéndeme de este peligro, que no caiga en él.

3. Ante el rechazo de los primeros invitados, el rey no suspende el banquete, cambia de plan. Dice a los criados: “Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda. “ Así lo hacen, y se llenó la sala. Pero los nuevos invitados han de ir con cuidado, no basta con estar en la sala del banquete. En la parábola al ver el rey a uno sin el vestido de fiesta, ordena a los camareros: “Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.” Y es que a la sala han entrada “buenos y malos”, pero para pertenecer a la comunidad de Jesús y participar en el banquete de la salvación, nadie puede seguir en su condición de “malo”, ha de vestirse del “traje de fiesta”, es decir, ha de convertirse y vivir las actitudes del discípulo, ha de dejar la vida vieja para vivir el nuevo estilo de vida de amor y entrega y servicio en la comunidad de Jesús. Y para ello, el Señor, con la llamada, nos da las gracias necesarias para este cambio. Señor, que no rechace esas gracias, que me deje transformar por ti, que me vaya vistiendo de tu misma vida, hasta poder decir: es Cristo quien vive en mí. Así no experimentaré "el llanto y el rechinar de dientes", sino que viviré el gozo de tu fiesta ya desde ahora.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

12/10/2008


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