Miércoles de la 26ª semana del Tiempo Ordinario

Paso la palabra. Para meditar cada día
Miércoles de la 26ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, mientras iban de camino Jesús y sus discípulos, le dijo uno: "Te seguiré adonde vayas." Jesús le respondió: "Las zorras tienen madriguera, y los pájaros nido, pero el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza." A otro le dijo: "Sígueme." Él respondió: "Déjame primero ir a enterrar a mi padre." Le contestó: "Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios." Otro le dijo: "Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de mi familia." Jesús le contestó: "El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios." ( Lucas 9:57-62.)

1. Hoy el Evangelio nos habla del seguimiento. En este breve pasaje de Lucas vemos a tres personas que responden de distinta manera a la llamada del Señor. Uno quiere seguirle sin condiciones: “Te seguiré adondequiera que vayas.” Es decir, dispuesto a correr la misma suerte que el Maestro. Y Jesús camino hacia la muerte violenta. Buena definición de la vocación: irse con Jesús adonde quiera que vaya. Así, sin condiciones. Lo único que importa es estar con él, ser su amigo, estar a su total disposición. ¡Qué estupendo decirlo de verdad! Pero al del evangelio el Señor le advierte que no se haga falsas ilusiones: “El Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.” De modo que irse con Jesús es quedar a la intemperie, ponerse en camino sin posibilidad de instalarse en ninguna comodidad, dispuesto a correr la misma suerte que el Maestro. Como Francisco de Asís, que renuncia a todo, para ser pobre con Cristo pobre y vivir según la forma del santo evangelio. Señor, ¿cuándo me arriesgaré yo a seguirte así, “adondequiera que vayas”, sin condiciones?

2. Los otros dos quieren seguirle, pero con condiciones: lo harán cuando acaben lo que llevan entre manos. Uno, cuando entierre a su padre. El otro, cuando se despida de los suyos. El Señor les advierte que el seguimiento no se puede dilatar: "Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios", dice al primero. Y al segundo: "El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios." Suena a exigencias inhumanas en el que ” fue tan humano, como sólo Dios puede ser humano”, como dice san León Magno . Pero lo que pretende Jesús con estas expresiones duras es subrayar con trazo fuerte la radicalidad y prontitud en su seguimiento. Enterrar al padre era un buen acto de misericordia, y despedirse de la familia era un acto loable. Pero ahora lo urgente es anunciar el reino de Dios, y esto está por encima de todo y no admite excusas ni demora. San Agustín comenta: «El Señor, cuando prepara a los hombres para el Evangelio, no quiere que interpongan ninguna excusa de piedad temporal o terrena, y por eso dice: Sígueme y deja a los muertos que entierren a sus muertos» ¿No soy a veces, Señor, como éstos: indeciso, pensándome las cosas, dando largas a la respuesta a tus llamada, y hasta mirando atrás, añorando lo que he dejado? Señor, que no demore más la respuesta. Y nada de mirar atrás: que camine siempre mirando al frente, mirándote a ti, que vas delante.

3. Hoy pienso, Señor, en las muchas veces que te he dicho “sí” y he comenzado a caminar contigo con decisión y entusiasmo. Pero con los años ¡cómo se ha ido apagando aquel entusiasmo! Y me he apoltronado hasta instalarme en el cómodo ir tirando. Escucho, una y otra vez, tus llamadas a la conversión, a cambiar de vida, a entregarme con más generosidad al servicio de Dios y de los hermanos, pero ahí sigo. Señor, que cada día haga un alto en el camino, para, en la oración, ponerme a la escucha atenta y reposada de tu llamada. ¿Si no me pongo a la escucha, cómo te escucharé?... Despiértame, Señor, sácame del sueño de la tibieza en la que vivo instalado.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

01/10/2008


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