Viernes de la 25ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó: "¿Quién dice la gente que soy yo?" Ellos contestaron: "Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha vuelto a la vida uno de los antiguos profetas." Él les preguntó: "Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?" Pedro tomó la palabra y dijo: "El Mesías de Dios." Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y añadió: "El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día." ( Lucas 9:18-22). 1. En diversas ocasiones, antes de tomar las decisiones importantes, el evangelio nos presenta a Jesús orando. Es como si quisiera enseñar a los apóstoles que hay momentos en los que hemos de contar más con Dios. Orando lo vimos cuando la elección de los apóstoles. Y hoy, antes de iniciarles en el misterio de su misión y anunciarles su pasión y muerte y resurrección, lo volvemos a ver “ orando solo, en presencia de sus discípulos ”. Si Jesús daba mucha importancia a la oración, ¿por qué los cristianos la valoramos tan poco y no oramos casi? Hay cristianos que, si no vivieran, de vez en cuando, algún momento difícil, no orarían nunca. A una persona amiga que me dijo que oraba muy poco, le dije: “Eso es que las cosas te van bien”. Ella comprendió la intención de mi respuesta, me miró y dijo: “Tienes razón. Sólo me acuerdo de santa Bárbara cuando truena.” Nosotros ¿oramos? ¿Es la oración una necesidad, como lo es la comunicación con el amigo? Señor, que busque, como tú, cada día algún momento de soledad para, en diálogo con el Padre, alimentar mi fe y mi amor a Dios y a los hermanos. 2. Ayer Herodes se preguntaba quién era Jesús. Hoy es el mismo Jesús el que pregunta a los discípulos: "¿Quién dice la gente que soy yo?" Le responden que la opinión que la gente se ha formado de él no es unánime: unos dicen que es Juan Bautista; otros, que Elías o algún profeta que ha vuelto a la vida. Entonces Jesús les pregunta directamente qué piensan ellos: "Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?" Jesús espera de los discípulos una opinión distinta a la del pueblo, puesto que a ellos se les ha dado a conocer los secretos del reino de Dios. Pedro se hace portavoz de todos y contesta: “El Mesías de Dios.” Es decir, tú eres el Ungido de Dios, el que esperamos… Esta pregunta nos la hace Jesús a cada uno de nosotros. Nos pregunta: “Tú ¿quién dices que soy yo?” ¡Qué estupendo, Señor, si pudiera contestarte como muchos han respondido: “Tú eres mi Señor, el que ha cambiado mi vida, el que le da sentido y colma todos mis anhelos y esperanzas.” Señor, ¿cuándo podré decirlo yo sin que sea una fórmula aprendida? 3. Después de confesar Pedro que él es el Mesías, el Ungido de Dios, Jesús les dice cuál va a ser el camino que va a recorrer: "El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día." El camino de Jesús, de quien Pedro ha dicho que es el Mesías, no será un camino de poder temporal y triunfos y aplausos, como pensaba la gente –y también los discípulos- que sería el del Mesías, sino un camino de humillación, de dolor, de reprobación y de muerte; y así llegar a la resurrección, a la Vida glorificada. Este será también el camino de los suyos, los que seguimos a Jesús. En la “Lectio Divina” de la Web de los Carmelitas se escribe: “ El camino del seguimiento es el camino de la entrega, del abandono, del servicio, de la disponibilidad, de la aceptación del conflicto, sabiendo que habrá resurrección. La cruz no es un accidente del camino, sino que forma parte del camino. ¡Pues en un mundo organizado desde el egoísmo, el amor y el servicio sólo pueden existir crucificados! Quien hace de su vida un servicio a los demás, incomoda a los que viven agarrados a los privilegios, y sufre.” Un camino, Señor, que repugna a nuestro egoísmo y orgullo y a nuestra tendencia a la vida cómoda y sin complicaciones. Pero tú, Señor, lo has recorrido antes y nos lo has hecho transitable, porque tú caminas con nosotros.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
26/09/2008
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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