Martes de la 25ª semana del Tiempo Ordinario

Paso la palabra. Para meditar cada día
Martes de la 25ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, vinieron a ver a Jesús su madre y sus hermanos, pero con el gentío no lograban llegar hasta él. Entonces lo avisaron: "Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte." Él les contestó: "Mi madre y mis hermanos son éstos: los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen." (Lucas 8:19-21).

1.      Continuamos meditando las consecuencias benéficas de acoger la Palabra de Dios. En este breve episodio vemos que María y otros parientes de Jesús acuden a escucharle y ver sus obras maravillosas. Le avisan: "Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte."  Y Jesús da una respuesta que suena a despectiva: "Mi madre y mis hermanos son éstos: los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen." Con estas palabras no pretendió Jesús rebajar a su madre, sino decirnos que su nueva familia es diferente,  no nace de los lazos de sangre, sino de la adhesión incondicional a Jesús,  de la escucha y la vivencia de la palabra de Dios. A su nueva familia –la familia del Reino- nos incorporamos acogiendo y cumpliendo la Palabra de Dios.  Y ¿quién mejor que María ha escuchado y puesto en práctica la Palabra de Dios? Ella es la mejor discípula de Jesús. De modo que la dicha y dignidad de María no radica tanto en haber concebido corporalmente a Jesús, cuanto en que lo concibió en su corazón. Según san Agustín, de nada le hubiera servido su maternidad corporal, si no hubiera acogido y vivido la Palabra de Dios… María, Madre,  ruega por mí, que yo acoja y viva la Palabra de Dios como tú.

 

2.      El que escucha y pone en práctica la palabra de Dios ése es madre y hermano de Jesús. A nosotros el bautismo nos incorporó oficialmente a la familia de Dios, a la Iglesia, y nos hizo hijos de Dios. Pero no podemos creer que eso basta. Como a los judíos no les servía de nada proclamar que eran hijos de Abraham si no hacían las obras de Abrahán, así a nosotros, de poco nos sirve estar bautizados y aparecer en un libro de Bautismos, si no escuchamos la Palabra de Dios y la acogemos y la vivimos.  Acoger la Palabra y vivirla son los lazos que nos hacen entrar en comunión con Cristo. Señor Jesús, que yo escuche tu Palabra y la ponga en práctica para así se en verdad “madre y hermano tuyo.”

 

3.      A veces soñamos con ser grandes, importantes. ¿Y qué grandeza mayor que ser hermano de Jesús, que pertenecer a la familia de Dios, al nuevo pueblo de Dios, a la Iglesia? Para  ello no se nos  exige ser de este linaje o aquél,  estar dotado de una inteligencia especial o unas cualidades extraordinarias… La familia de Dios está abierta a todos. ¡Y qué fácil es ser miembro de ella! Sólo es necesaria una condición: Basta escuchar la Palabra y ponerla en práctica, para que Jesús nos acoja y nos haga participar de la misma intimidad que tenía con su Madre María. Así de fácil nos lo pone el Señor. Gracias, Señor, por tu amor. Gracias por tu familia, la Iglesia. Gracias porque en ella nos acoges a todos y nos hermanas y nos sientas en tu mesa, con tal de que escuchemos y vivamos tu Palabra. Señor, que todos en tu Iglesia seamos lámpara alzada en medio de este mundo tan necesitado de Luz.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

23/09/2008


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