Miércoles 22ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, entró en casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le pidieron que hiciera algo por ella. Él, de pie a su lado, increpó a la fiebre, y se le pasó; ella, levantándose en seguida, se puso a servirles. Al ponerse el sol, los que tenían enfermos con el mal que fuera se los llevaban; y él, poniendo las manos sobre cada uno, los iba curando. De muchos de ellos salían también demonios, que gritaban: -«Tú eres el Hijo de Dios.» Los increpaba y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Mesías. Al hacerse de día, salió a un lugar solitario. La gente lo andaba buscando; dieron con él e intentaban retenerlo para que no se les fuese. Pero él les dijo: -«También a los otros pueblos tengo que anunciarles el reino de Dios, para eso me han enviado.» Y predicaba en las sinagogas de Judea . ( Lucas 4, 38-44). 1. Jesús, en la sinagoga de Nazaret, se había presentado como el Ungido para liberar a los que sufrían atrapados por el mal. Ayer veíamos que comenzaba a realizar esa misión, librando a uno de la posesión de “un demonio inmundo”. En el evangelio de hoy vemos que libra de la fiebre a la suegra de Pedro. Ella, libre de la enfermedad, se levanta enseguida y se pone a servirles. Jesús cura para que la persona se ponga al servicio de la vida; el servicio es signo de liberación. A mí, Señor, ¿qué “fiebres” me hacen vivir encerrado en mí mismo y me paralizan e impiden ponerme al servicio de los demás? Ayúdame, Señor. Acércate a mí e increpa a esas “fiebres” para que, libre, pueda levantarme y ponerme a servirte a ti y a mis hermanos. 2. Después, sana a los enfermos y libra de los malos espíritus a los que le presentan. Los enfermos y posesos eran los más marginados de aquella sociedad. Dependían de la caridad pública, y hasta religiosamente eran considerados impuros, y no podían participar en la vida de la comunidad. Jesús no los rechaza, sino que los acoge y les impone las manos y quedan curados de la enfermedad, y los demonios salen de ellos. Con esta autoridad sobre el mal muestra Jesús que, por él, Dios está actuando en el mundo y está venciendo el mal - físico y moral- que atenaza a los hombres y les hace sufrir… Señor, también nosotros nos sentimos a veces atrapados por fuerzas del mal, por los “demonios” del egoísmo, la codicia, la intransigencia, la insolidaridad, la acepción de personas. Líbranos, Señor; pon tu mano sobre nosotros y líbranos de ellos, para que seamos tolerantes con todos y los aceptemos como son. 3. Al amanecer, Jesús se retiró a orar. En el evangelio con frecuencia vemos a Jesús buscar la unión con el Padre en la oración. Para ello busca el ambiente apropiado en el retiro y el silencio. ¿Busco yo tener tiempo para orar, o el activismo loco no me deja?... Pero “la gente lo andaba buscando; dieron con él e intentaban retenerlo para que no se les fuese.” Han visto el bien que hace e intentan retenerlo. Podríamos decir que quieren monopolizar a Jesús y su obra. Siempre el egoísmo. Aparece hasta cuando se trata del bien que el Señor realiza. Como si el bien, para que nos resulte satisfactorio, deba ser sólo para nosotros. A aquella gente les dice: «También a los otros pueblos tengo que anunciarles el reino de Dios, para eso me han enviado.» Jesús ha venido para todos, y a todos se ha de entregar… Los que creemos en Jesús estamos llamados a continuar su misión de anunciar el Reino a todos y hacerlo presente en nuestros ambientes con nuestras obras de amor y servicio. ¿Lo hacemos? ¿Qué “enfermedades” y “demonios” están oprimiendo a la gente que nos rodea? ¿Qué podemos hacer para ayudarles a librarse de ellos? ¿Por qué no lo hacemos? Arráncame, Señor, de las comodidades y egoísmos que me impiden cumplir mi misión de continuador de tu obra.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
03/09/2008
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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