Miércoles 21ª semana del Tiempo Ordinario

Paso la palabra. Para meditar cada día
Miércoles 21ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, habló Jesús diciendo: -« ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que os parecéis a los sepulcros encalados! Por fuera tienen buena apariencia, pero por dentro están llenos de huesos y podredumbre; lo mismo vosotros: por fuera parecéis justos, pero por dentro estáis repletos de hipocresía y crímenes. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que edificáis sepulcros a los profetas y ornamentáis los mausoleos de los justos, diciendo: "Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, no habríamos sido cómplices suyos en el asesinato de los profetas"! Con esto atestiguáis en contra vuestra, que sois hijos de los que asesinaron a los profetas. ¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres!» ( Mateo 23, 27-32).

  1. Dos últimos ¡Ay!“contra los escriba y fariseos, que estremecen. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que os parecéis a los sepulcros encalados!” Los judíos de Jerusalén, cuando se acercaba la Pascua, solían blanquear los sepulcros, para hacerlos más visibles, de modo que los llegados de fuera los identificaran fácilmente y evitaran tocarlos, y no caer en una impureza legal que duraba siete días. Pero la blancura de fuera no evitaba la podredumbre de dentro del sepulcro. Así dice Jesús que son los escribas y fariseos: aparentemente muy buenos, con todo limpio y en orden; pero por dentro, podridos: llenos de hipocresía, mentira, orgullo, presunción y pecado… Y en nosotros ¿qué ve el Señor? Las apariencias procuramos guardarlas bastante bien; pero por dentro ¿cómo estamos? Señor, en mi vida, ¡cuánta mentira ha habido y sigue habiendo! Los demás, a lo mejor, no la descubrirán nunca, pero tú y yo sí la conocemos. ¿Cuándo pondré tanto interés en “mantener limpio, hermoseado y ordenado el interior” como el exterior? ¿Cuándo habrá coherencia entre lo que aparento y lo que soy? Cámbiame, Señor, cámbiame.
  1. “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que edificáis sepulcros a los profetas y ornamentáis los mausoleos de los justos, diciendo: "Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, no habríamos sido cómplices suyos en el asesinato de los profetas"! Es otra mentira de la vida de los escribas y fariseos: honran y levantan mausoleos a los profetas que sus padres rechazaron y mataron, y dicen que ellos no hubieran obrado así. Sin embargo, ellos no son mejores que sus padres, sino más ciegos y duros de corazón: no sólo rechazan a Jesús, el Enviado del Padre, el Mesías de Dios, sino que están tramando cómo matarlo, cosa que lograrán al final, y harán así algo peor que sus propios padres. Señor, ¡qué fácil es y qué bien queda, mirar hacia atrás y condenar los defectos de la Iglesia en otros momentos, pensando presuntuosamente que nosotros hubiéramos hecho mejor las cosas que nuestros mayores; y mirar alrededor y, al ver al hermano que ha pecado, pensar y decir : “yo nunca hubiera hecho eso”! Cuando, a lo mejor, Señor, estamos obrando peor, y en nuestro corazón anidan intenciones mucho más torcidas. Y es que, como hay pecados que se pueden ocultar y las malas intenciones no se ven, ¡pues a fingir que somos buenos condenando al que ha pecado!
  1. Estas duras denuncias y condenas de Jesús eran, en realidad, urgentes y doloridas llamadas a la conversión de aquellas gentes. Pero ellos desoyeron esas llamadas y siguieron en su cerrazón e hipocresía. Y nosotros ¿ cuántas veces las hemos escuchado también y meditado? Nos estremecemos momentáneamente y pensamos que tenemos que cambiar; pero pronto volvemos a las andadas. Hoy, Señor, quiero escucharlas como dirigidas a mí y dejar que calen hondamente en mi corazón. A ver si, por fin, dejo de solamente parecer discípulo tuyo, para serlo de verdad. Dame tu gracia, Señor. Bien sabes lo débil que soy; ayúdame para que no me quede, como tantas veces, en buenos propósitos.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

27/08/2008


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