Jueves de la 20ª semana del Tiempo Ordinario

Paso la palabra. Para meditar cada día
Jueves de la 20ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

"En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: -«El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda. Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: "La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda." Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: "Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?" El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: "Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes." Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.» ( Mt 22, 1-14).

1. Nueva parábola en la que insiste el Señor en hablarnos de la gratuidad del amor de Dios. Dios ofrece gratuitamente su salvación a todos. Pero ocurre que el hombre es libre para aceptarla o rechazarla. Es lo que veía Jesús que estaba pasando y lo que resalta en la parábola: los primeros invitados–el pueblo de Israel- con diversas excusas, rechazan la invitación a creer en Jesús y entrar en su comunidad, en el nuevo Israel... Nosotros ¿no hemos desoído y rechazado muchas llamadas del Señor? Ocupados en nuestros “quehaceres”, a veces ni nos enteramos… ¿Por qué esto? ¿No será que tememos el cambio que se produciría en nuestras vidas, si tomáramos en serio las llamadas del Señor?.. Pienso que por aquí andan las cosas, Señor: me da miedo tomar en serio tus invitaciones, porque sé que, si lo hago, no podré seguir con la vida vulgar, rutinaria, cómoda y sin tensión que llevo. ¿Cuándo perderé ese miedo, Señor?

2. Ante el rechazo de los primeros invitados, el rey comenta: “La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían.” Y envía a los criados a todos los caminos para invitar a todos los que encuentren, sean buenos o malos. Lo hacen, y la sala se llenó… Lo de siempre: la gente sencilla, los marginados, los pobres, los pecadores, etc., escuchan y acogen la oferta de salvación de Dios más prontamente que los oficialmente buenos. ¿Entre quienes estoy yo? Señor, ciertamente yo soy pobre y pecador; pero no estoy entre los que te abren la puerta y acogen tu mensaje prontamente y con entusiasmo. ¡Cuántos inconvenientes pongo para acudir a la fiesta, al “banquete” de tu amor! Y me pierdo así la dicha de saborear una mayor intimidad contigo y el gozo de la entrega generosa a mis hermanos. ¿Hasta cuándo, Señor, seguiré con esta cerrazón estúpida?

3. En el banquete hay uno que no lleva el vestido de fiesta y es echado fuera por ello. Y es que han sido invitados todos sin distinción, “buenos” y “malos”; pero no basta entrar al banquete: el que quiere pertenecer a la comunidad y participar del banquete de bodas, no puede seguir en su condición de “malo”, sino que ha de aceptar las condiciones del discípulo. Así, nosotros: no nos basta estar dentro de la Iglesia, estar bautizados, pertenecer a esta o aquella comunidad cristiana, ser religioso o sacerdote… Es necesario estar vestidos con el “traje de fiesta”, es decir, “vestidos de Cristo”, adoptar el estilo de vida de amor y entrega y servicio de la comunidad de Jesús. Señor, que me deje transformar por ti, que vaya revistiéndome de ti, de tu estilo de vida, de tus sentimientos, hasta poder decir: es Cristo quien vive en mí. Así no seré echado fuera, a las tinieblas, sino que participaré del gozo del banquete del Reino.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

21/08/2008


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