Martes de la 20ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
«Jesús dijo entonces a sus discípulos: En verdad os digo: difícilmente entrará un rico en el Reino de los Cielos. Es mas, os digo que es más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios: “os digo que es más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios". Cuando oyeron esto sus discípulos, quedaron muy asombrados y decían: Entonces, ¿quién podrá salvarse? Jesús, fijando su mirada en ellos, les dijo: Para el hombre esto es imposible, para Dios, sin embargo, todo es posible. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo: Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido, ¿qué recompensa tendremos? Jesús respondió: En verdad os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en su trono de gloria, vosotros, los que me habéis seguido, también os sentaréis en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. Y todo el que haya dejado casa, hermanos o hermanas, padre o madre, o hijos, o campos, por causa de mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará la vida eterna. Porque muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán primeros.» ( Mateo 19, 23-30). 1. Ante la retirada del joven rico, sobre la que meditábamos ayer, Jesús instruye a los discípulos sobre el inconveniente de la riqueza para seguirle y entrar en la comunidad mesiánica: “ os digo que es más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios”. Al oírlo, los discípulos se sienten desconcertados y se dicen que, si son las cosas así, “quién podrá salvarse”. Con estas palabras tan duras del evangelio de hoy Jesús pretende sacudir nuestra conciencia y advertirnos que estemos ojo avizor. No es que las riquezas sean malas en sí; lo malo sería que nos ocurriera lo que al joven rico de ayer: que las riquezas se posesionen de nuestro corazón y nos impidan seguir de verdad al Señor. El tener el corazón “poseído” por las riquezas hizo que los buenos propósitos que mostró aquel joven se rompieran y quedaran en nada. Nosotros posiblemente no poseamos muchos bienes; pero ¿muchos no somos “ricos frustrados”? No somos “ricos de hecho”, pero ¿no somos “ricos de espíritu”? ¿No tenemos el corazón “poseído” por el ansia de dinero y la aspiración de tener? Si no, ¿por qué nuestra envidia al que tiene, y nuestro miedo a compartir? 2. Al ver Jesús a los discípulos angustiados por las palabras que les ha dicho, les anima: “para el hombre esto es imposible, para Dios, sin embargo, todo es posible”. Por nosotros mismos, con nuestras solas fuerzas, ¡qué corto es el camino que podemos hacer siguiendo a Jesús pobre! Pero no hemos de desanimarnos. Somos débiles e incapaces de renunciar a muchas “riquezas” que aún tienen “poseído” nuestro corazón, pero sabemos que el Señor está con nosotros, y para él todo es posible. En él y con él todo lo podemos. Hasta desprendernos de los nuestros bienes. Señor, mi destino está en tus manos. Lucha conmigo; libérame de lo que yo no soy capaz de “desposeerme”. Dame un corazón de pobre, como el del Pobrecillo de Asís, un corazón vacío de todo y capacitado para acogerte a ti y a tu Reino. 3. Lo dicho por Jesús hace que Pedro piense en él y en sus compañeros: ¿Qué será de ellos? Y dice a Jesús: “Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido, ¿qué recompensa tendremos?” Efectivamente, cuando Jesús los llamó, no se acobardaron como el joven rico, sino que dejaron lo poco o mucho que tenían y se fueron con él. Y ahí siguen caminando con Jesús, contentos, gozando de su amor, siendo sus amigos… A la pregunta de Pedro sobre la recompensa que tendrán responde Jesús que los que le siguen, en la vida eterna se sentarán con él para juzgar a las doce tribus de Israel, y los que lo han dejado todo por él, recibirán aquí el ciento por uno y después la vida eterna... Yo, Señor, reconozco que ha sido muy poco lo que he dejado para seguirte. Pero, a cambio de ese poco, ¡cuánto he recibido ya! El gozo de estar contigo, de ser de los tuyos, de sentirme hijo de Dios y hermano de los demás, esos momentos de alegría y paz profunda que, a veces, me has dado gozar aun en momentos difíciles, ¿no son el ciento por uno que prometiste a los que te siguieran, y anticipo de lo que me darás después? Gracias, Señor, porque a mi mezquina respuesta has respondido con generosidad tan grande. Señor, he comprobado que tú nunca defraudas ni quitas felicidad, sino que la das toda. Gracias, Señor.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
19/08/2008
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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