Viernes de la 17ª semana del Tiempo Ordinario

Paso la palabra. Para meditar cada día
Viernes de la 17ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo fue Jesús a su ciudad y se puso a enseñar en la sinagoga. La gente decía admirada: "¿De dónde saca éste esa sabiduría y esos milagros? ¿No es el hijo del carpintero? ¿No es su madre María, y sus hermanos, Santiago, José, Simón y Judas? ¿No viven aquí todas sus hermanas? Entonces, ¿de dónde saca todo eso?" Y aquello les resultaba escandaloso. Jesús les dijo: "Sólo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta". Y no hizo allí muchos milagros, porque les faltaba fe. (Mateo 13: 54-58).

1. El Señor va a su pueblo y comienza a enseñar en la sinagoga, como hacía en todas partes. Pero en Nazaret no tuvo mucho éxito. La gente se sorprende de lo que enseña y hace. Pero es una sorpresa indignada: "¿De dónde saca éste esa sabiduría y esos milagros? ¿No es el hijo del carpintero? ¿No es su madre María…?” Y porque saben que es el hijo del carpintero y conocen a sus parientes, dudan de su sabiduría y de las obras que hace. ¿Cómo uno más del pueblo pretende darles lecciones? Es decir, de Jesús saben lo que sabían. No han descubierto en él nada más. Han escuchado y han visto, pero no han entendido nada... A nosotros, los cristianos de toda la vida, a los “piadosos” nos puede pasar lo mismo. Conocemos a Jesús desde siempre y, por ello, corremos el peligro de no sentir necesidad de conocerle mejor. No permitas, Señor, que caigamos en esa tentación. Sí, Señor, yo te conozco, pero siento necesidad de profundizar más y más en la experiencia de tu amistad. Necesito escucharte y frecuentar tu trato, para no seguir instalado en la rutina y mediocridad de mi vida cristiana. Habla, Señor, que tu siervo escucha.

2. A los de Nazaret lo que dice Jesús no les edifica ni les llama a la conversión, sino más bien les escandaliza y hace que lo rechacen. “Jesús les dijo: "Sólo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta". A veces nos pasa a nosotros algo parecido a los paisanos de Jesús. Nos cuesta horrores aceptar un buen ejemplo, un consejo, una orientación, de los que nos son conocidos y cercanos: un compañero, un amigo, un vecino, un miembro de la comunidad… ¿Qué orgullo, soberbia, envidia o qué sé yo, nos lleva a rechazar y hasta sentirnos molestos con cualquier “lección” de los cercanos? Señor, dame un corazón humilde, abierto, presto a aceptar “lecciones de vida cristiana” de todos, hasta de los más humildes y sencillos.

3. La falta de fe de aquellas gentes hizo imposible que Jesús hiciera entre ellos los signos de salvación que hacía en otras partes: “Y no hizo allí muchos milagros, porque les faltaba fe”. Como ni creían ni confiaban que Jesús podía darles nada, nada recibieron. Dice Trilling: “Sólo se da por añadidura todo lo demás a quien ha dado el primer paso, y ha cumplido la condición fundamental de escuchar con el ánimo dispuesto.” Señor, que yo dé el primer paso, que te escuche con el corazón abierto, dispuesto a aprender siempre algo nuevo. Que confíe cada vez más en tu amor, pues tú puedes darme la Vida que nadie me puede dar.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

01/08/2008


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