Jueves de la semana 17ª del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
“En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: "El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Entendéis bien todo esto?" Ellos le contestaron: "Sí." Él les dijo: "Ya veis, un escriba que entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo." Cuando Jesús acabó estas parábolas, partió de allí.” ( Mateo 13,47-53 ). Jesús insiste en esta última parábola en que a su comunidad entra buenos y malos, generosos en la respuesta y cicateros. Ahora todos conviven en ella igual que los peces aprovechables y los sin valor están juntos en la red. Ya llegará el momento de la selección y aparecerá claramente qué es auténtico y qué falso: "El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran”. La mezcla de ahora no debe escandalizarnos. Hemos de ser comprensivos y tener paciencia, como la tiene el Señor. El nos aguanta pacientemente y nos da tiempo a todos para que nos convirtamos, y para que hagamos cuanto podamos para que se convierta el hermano descarriado. Señor, yo quiero aprovechar este tiempo. Quiero buscarte con todas mis fuerzas. Ayúdame para que vaya rompiendo las amarras que impiden que te siga sin reservas y viva tu vida de amor y entrega. Desátame, Señor, para que corra tras de ti.
“Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.” El Señor nos ama y no quiere que nos perdamos, por eso nos recuerda el final que podemos tener. Mientras estemos en el mundo habrá buenos y malos. Pero cuando llegue el final, los malos serán separados de los buenos y echados al “horno encendido”, es decir, experimentarán el sabor amargo del fracaso total de quienes estaban llamados a vivir la plenitud del amor y del gozo con Dios. Llamada fuerte a la conversión la que nos hace hoy el Señor. No podemos hacernos los sordos y seguir dormidos. Este es el tiempo de la opción: o decirle sí y escoger ser de los suyos de verdad, o continuar por este camino que llevo de “ni sí, ni no”, de llamarme cristiano pero no vivir como tal. Se muere como se vive. Si sigo así, no viviendo de verdad el amor y la entrega, ¿cómo acabaré? El que vive egoístamente se está autocondenando a no vivir eternamente la alegría y el gozo del amor en Dios. Señor, ten misericordia de mí. Que no espere a cambiar en el último momento. Y no tanto, Señor, para evitar la condena, sino para no perderme ni un día más el inmenso gozo de sentirme amado por ti y de amarte y alabarte en todo momento.
“¿Entendéis bien todo esto? Ellos le contestaron: "Sí." Los discípulos dijeron que sí habían entendido. Y yo hoy ¿qué respondo al Señor? ¿Tengo claro que no puede andar jugando, que o estoy con él decididamente o estoy contra él? Puedo intentar engañarme a mí mismo y engañar a los demás, pero a Dios sé que no. Su mirada penetra hondamente en el corazón; sabe lo que hay de verdad en él. Y sé que el Señor me espera pacientemente; pero el tiempo de la espera se acaba, y es preciso aprovechar el tiempo que me da. San Jerónimo decía: «Puesto que no estamos seguros de cuándo vendrá nuestro Juez, debemos vivir cada día como si nos hubiera de juzgar al día siguiente». Señor, concédeme vivir cada día así: como si al día siguiente hubiera de ser juzgado por ti.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
31/07/2008
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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