Domingo 14º del Tiempo Ordinario (A)

Paso la palabra. Para meditar cada día
Domingo 14º del Tiempo Ordinario (A)
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, Jesús exclamó: Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera. ( Mateo 11,25-30).

1. Hoy vemos a Jesús que ora alabando y dando gracias al Padre. Y da gracias al Padre porque ha complacido en "la gente sencilla": Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a la gente sencilla” Es la gente sencilla, los hombres y mujeres del pueblo, los que son a veces despreciados, los que están escuchando y acogiendo y siguiendo su Evangelio, su palabra de vida. Ellos están más abiertos al mensaje de Jesús que los que pasaban por "sabios y entendidos" en las cosas de la religión y de la moral -los escribas y fariseos-, que se están cerrando a cal y canto a las llamadas de Jesús. La “gente sencilla” no tenían puesta su seguridad ni en su posición social, ni en su sabiduría, ni en su "buena conducta". Ellos -desde su experiencia vital de pecadores y marginados- sentían necesidad de liberación, de perdón y de misericordia. Por eso acogen con gozo y sin reservas el mensaje de misericordia, de perdón y amor de Jesús. ¿En qué bando estoy yo: entre “la gente sencilla” o entre “los sabios y entendidos”?

2. Sólo el que tiene el corazón vacío de intereses bastardos y no teme perder nada, es capaz de acoger a Jesús y su evangelio. Cuando tenemos el corazón lleno de intereses creados, nos dedicamos a defendernos del evangelio, a buscarle explicaciones, a darle la vuelta, a medir hasta dónde obliga... Porque lo escuchamos como normas pesadas, que intentan amargarnos la vida. No lo escucharon así los santos. Ellos lo aceptaron como anuncio de liberación. Diríamos que "se tragaron" el Evangelio entero”, sin defenderse ni medir hasta dónde obliga o no. San Francisco de Asís decía: " el evangelio no se justifica, se vive...." Y cuando, buscando qué camino quería Dios que siguiera, se encontró con el evangelio que habla de desprenderse de todo, si uno quiere seguir a Jesús, estalló en alegría y exclamó: “esto es lo que busco, esto es lo que quiero.” Generalmente, nosotros ¡con qué disposición tan distinta escuchamos la Palabra de Dios! Escuchamos, por ejemplo: "bienaventurados los pobres; ay de vosotros los ricos... Perdonad al que os ofende... Amad a los enemigos…. Lo que hiciereis a uno de estos... y pensamos que es carga demasiado pesada, en vez de escucharlo como un mensaje que quiere liberarnos de nuestros egoísmos, de nuestros deseos de venganza, de nuestros rencores, de la esclavitud del materialismo, etc. Y por eso, no nos atrevemos a abrirle el corazón y, menos, a ponerlo en práctica.

3. Hoy nos invita Jesús: “ Cargad con mi yugo… Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.” Sólo los que viven del Espíritu, y escuchan sin temores ni prejuicios la palabra de Dios, pueden "cargar con el yugo de Jesús” . Esta expresión de "cargar el yugo" era una frase que usaban los rabinos para referirse a la aceptación y reconocimiento de la doctrina de un maestro. “Cargar con el yugo de Jesús”, pues, es aceptar su mensaje, no como un fardo pesado de leyes, sino como llamada a sentirnos amados por Dios y a vivir en la libertad del amor. Entonces el yugo de Jesús se hará llevadero, y su carga ligera. A nosotros, cada domingo, -y aun cada día- se nos entrega el evangelio, ¿lo acogemos con gozo y alegría? ¿Lo aceptamos con sencillez y humildad de corazón? Jesús nos dice: Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mi que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso ". Señor, ¡cuánto más gozosa y en paz sería nuestra vida, si atendiéramos tu invitación! Que escuchemos y guardemos en el corazón esta palabra tuya de hoy. Y cuando lleguen momentos de dificultad, esos momentos en los que no sabemos a quién acudir, que resuenen en nuestro corazón estas palabras tuyas, las únicas que nos pueden salvar.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

06/07/2008


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