Domingo 12º del Tiempo Ordinario (A)

Paso la palabra. Para meditar cada día
Domingo 12º del Tiempo Ordinario (A)
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: "No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse. Lo que os digo de noche decidlo en pleno día, y lo que os digo al oído pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; no hay comparación entre vosotros y los gorriones. Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo." (Mateo 10: 26-33).

1. Jesús ha enviado a los Apóstoles a predicar el Reino. Lo que él les ha anunciado en la intimidad –“en la oscuridad” y “al oído”- no puede quedar oculto, para ellos solos; ellos deben proclamarlo a plena luz del día. Han de alzar la voz desde las azoteas de las casa para que a todos llegue el mensaje. Pero –como ya les ha anunciado también- no todos los van a recibir con los brazos abiertos, diríamos, sino que serán perseguidos: les rechazarán a ellos y rechazarán el mensaje. Sin embargo, no deben tener miedo a los hombres, porque no podrán ahogar la semilla del Reino, que, a pesar de la oposición, se irá abriendo camino: "No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse. ” Tampoco el mensaje que Jesús nos ha entregado a nosotros puede quedar en la “oscuridad”. Hoy somos nosotros lo que, sin miedo, hemos de pregonarlo a la luz del día para que llegue a todos: a la familia, al barrio, al lugar de trabajo, a los de aquí, a los extranjeros, etc. ¿Lo entregamos o nos quedamos con él? Mirando a nuestro mundo, ¡qué inmensa tarea tenemos por delante, Señor! Pero no estamos solos; con nosotros estás tú. Y en tu fuerza confiamos

2. Jesús se preocupa de los suyos y les anima cariñosamente a tener confianza, en las dificultades y persecuciones: “ No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo”. Por tres veces repite, como un estribillo: “No tengáis miedo….” Porque los hombres ni ahogarán la semilla del reino, ni podrán acabar con ellos. Podrán acabar con la vida física, con el cuerpo, pero no acabarán con lo más noble de nosotros, el alma. De temer, sólo tiene sentido temer a Dios, al Creador, que sí puede destruir cuerpo y alma, y privarnos del gozo y la alegría del “más allá”. Y no quiere decir esto que Dios esté pendiente de nuestros fallos para castigarnos; Dios, ante todo, es Padre solícito y bueno que lo que quiere es que no nos apartemos de su amor, que es nuestra mejor riqueza. Esto es lo que debemos temer: apartarnos del amor de Dios aquí, y vivir sin su amor en la otra vida. Señor, que me acompañe siempre este “santo temor” de ofenderte y perder tu amor.

3. En la vida encontramos muchos motivos de miedo y angustia. Pero los cristianos sabemos que Dios es nuestro Padre, y está siempre con nosotros y nos cuida: “¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre... Por eso, no tengáis miedo; no hay comparación entre vosotros y los gorriones.” Si Dios cuida de los gorrioncillos que apenas si tienen valor, ¿cómo no va a cuidar de nosotros, a quienes el Padre valora tanto que nos ha comprado con la sangre de su Hijo amado? Jesús concluye advirtiéndonos que de la postura que tomemos nosotros ante los hombres dependerá nuestra suerte final: "Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre en el cielo". Señor, que en este mundo incrédulo, en el que lo que se lleva es confesarse ateo o agnóstico, y expulsar a Dios de la vida, no tema dar la cara por ti. Porque, Señor, si doy testimonio de ti ante los hombres, tú me defenderás delante del Padre. Y con tan buen abogado, ¿qué temeré?

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

22/06/2008


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