Viernes de la 10ª semana del Tiempo Ordinario

Paso la palabra. Para meditar cada día
Viernes de la 10ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído el mandamiento "no cometerás adulterio". Pues yo os digo: El que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su interior. Si tu ojo derecho te hace caer, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en el infierno. Si tu mano derecha te hace caer, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero al infierno. Está mandado: "El que se divorcie de su mujer, que le dé acta de repudio." Pues yo os digo: El que se divorcie de su mujer, excepto en caso de impureza, la induce al adulterio, y el que se case con la divorciada comete adulterio.» (Mt 5,27-32).

1. Ayer Jesús hacía una lectura nueva del “No matarás”, y nos decía que no basta no hacer daño al hermano externamente, sino que hay que evitar todo acto de desamor al hermano, incluso los internos: pensamientos y deseos. Y es que, según Jesús, en la vivencia de la nueva ley, los suyos hemos de ir a la raíz, al espíritu de los mandamientos, al amor, y no quedarnos en el legalismo del cumplimiento de la letra. Hoy nos dice lo mismo sobre el adulterio: “Habéis oído el mandamiento "no cometerás adulterio". Pues yo os digo: El que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su interior”. No basta que no se consume el adulterio. Eso es cumplir la “letra” del mandamiento. Jesús va más allá de la letra; la fidelidad mutua entre esposo y esposa ha de llegar hasta los pensamientos y deseos. De modo que quien mira a la mujer de otro deseándola en el corazón, ya ha adulterado. Y lo mismo se diga de la mujer. Cuántos adulterios -e incluso separaciones- han comenzado por aquí. Señor, concede a todos los matrimonios ser fieles no sólo en actos, sino también en pensamientos y deseos.

2. La fuente de lo bueno y de lo malo está en el corazón. Por eso, cuando examinamos nuestra conciencia –y nos confesamos-, no basta ver los actos externos; hemos de mirar también qué hay en nuestro corazón. Jesús afirmó: “De la abundancia del corazón habla la boca”. Habla la boca y –podríamos decir- hablan también los comportamientos. Si en el corazón hay orgullo, egoísmo, rencores y odios, codicias, envidias, lujuria, deseos de venganza, incomprensiones y críticas, etc., ¿cómo no se van a manifestar en actos de desamor, en palabras hirientes, en gestos de desprecio al hermano? Y al revés: si se dan esos actos externos, es porque ya habitan en nuestro corazón. Dijo Jesús: “Del corazón provienen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las bonificaciones, los robos, los falsos testimonios, las blasfemias”. Por eso, Señor, hoy te pido que cambies mi corazón, que lo purifiques y limpies; vacíalo de todo lo malo que hay en él, porque sólo entonces cambiarán mis palabras y mis acciones: serán más amables y compresivas con mis hermanos.

3. La fidelidad tanto en el matrimonio como en lo que a otros mandamientos respecta, supone renuncias, rompimientos. Por eso, dice Jesús: “Si tu ojo derecho te hace caer, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en el infierno. Si tu mano derecha te hace caer, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero al infierno.” Son palabras tan duras, que casi nos escandaliza escucharlas de labios del bueno y comprensivo Jesús. Pero es una manera, si se quiere, exagerada de expresar lo seriamente que hemos de tomarnos sus enseñanzas. Frente a su mensaje y su Reino todo lo demás debe quedar atrás y hay que tener la valentía de renunciar a rodo lo que puede estorbar. ¿No es lo que hace el que ama con un amor total y auténtico? Y el amor a Dios y al Reino, ¿no vale más que cualquier renuncia? Señor, que nunca dude ante ninguna renuncia. Porque ¿de qué me servirá conservar ambas manos y ambos ojos y cualquier otros tesoros, si pierdo lo mejor: el gozar de la plenitud de tu amor en el Reino de los cielos?

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

13/06/2008


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