Martes de la 10ª semana del Tiempo Ordinario

Paso la palabra. Para meditar cada día
Martes de la 10ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para arrojarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para colocarla debajo de un cajón, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y por ello den gloria al Padre de ustedes que está en los Cielos." ( Mateo 5:13-16).

1. Después de proclamar las Bienaventuranzas, Jesús declara para qué ha escogido a los suyos, y qué va a ocurrir, si ellos viven o no las Bienaventuranzas. Les dice: "Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? Los ha escogido para que sean “la sal de la tierra”. La misión de la comunidad de Jesús será ser para la humanidad lo que la sal es para los alimentos. La sal les da sabor y hace que duren, evitando que se corrompan. Así, viviendo el espíritu de las Bienaventuranzas, es decir, siendo pobres y misericordiosos y mansos y limpios de corazón y pacíficos y alegrándose en las contrariedades, los discípulos darán a la humanidad sabor de Evangelio, la harán agradable a Dios y evitarán que se corrompa y que se aleje del reino de Cristo. Pero “si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán”. Dice I. Gomá: "La tierra sin la "sal" -sin gente que viva el espíritu de las bienaventuranzas- será insípida, ajena y repugnante al gusto de Dios, indefensa ante la corrupción.” Señor, ¿por qué el mundo vive tan alejado de tu amor? ¿Por qué hay tanto egoísmo, desamor e injusticia, y tanta corrupción moral en nuestra sociedad? ¿No es que estamos fracasando los cristianos en la misión que nos has confiado? ¿No seremos los cristianos sal que se ha “vuelto sosa”?

2. Añade Jesús: “Vosotros sois la luz del mundo.” La luz ilumina, orienta, da seguridad al caminar… Así -dice el Señor- la comunidad cristiana, los que creen en Jesús y viven el espíritu de las Bienaventuranzas, son la luz del mundo, personas tan entregadas y llenas de Cristo que es la Luz, que se convierten en personas “luminosas”, portadoras de la luz de la verdad de Cristo para la humanidad. Ahora bien, “no se enciende una lámpara para colocarla debajo de un cajón, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa .” Si nuestra sociedad anda tan "desorientado", ¿no es, Señor, porque los cristianos, que tenemos que ser "luz" para mostrar el Reino y sus valores, no iluminamos lo suficiente? ¿O es que escondemos la luz debajo del “cajón” de la cobardía y el miedo a la crítica o al desprecio, en vez de ponerla en el “candelero” de la vida para que alumbre a todos?

3. Para ser sal y ser luz, necesitamos dejarnos salar e iluminar por el Señor, que es la Sal y la Luz. Sólo entonces podremos cumplir el encargo que nos ha hecho Jesús. Necesitamos, pues, Señor, acercarnos más a ti. Dejarnos poseer por ti, dejar que vivas en nosotros. Porque no se trata de sólo proclamaciones de fe, de que nos oigan, sino de que nos vean vivir: "Alumbre así vuestra luz a los hombres para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo." Señor, danos tu Espíritu, que nos cambie y nos ayude a hacer las buenas obras del Reino: las obras del amor, del perdón, de la generosidad, de la comprensión, de la entrega, de la justicia...Sólo así los que nos vean darán gloria al Padre.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

10/06/2008


  • Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
  •