Lunes de la 6ª semana del Tiempo Ordinario

Paso la palabra. Para meditar cada día
Lunes de la 6ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, se presentaron los fariseos y se pusieron a discutir con Jesús; para ponerlo a prueba, le pidieron un signo del cielo. Jesús dio un profundo suspiro y dijo: "¿Por qué esta generación reclama un signo? Os aseguro que no se le dará un signo a esta generación." Los dejó, se embarcó de nuevo y se fue a la otra orilla . ( Marcos 8,11-13).

  1. Jesús ha mostrado signos evidentes de que el Reino de Dios está presente, que Dios está obrando la liberación del hombre: ha curado, expulsado demonios, perdonado, dado de comer a muchos con sólo unos pocos panes y peces... Muchos, entre la gente sencilla, han creído y han dado gloria a Dios por lo que han visto. Pero los fariseos se resisten a creer en Jesús. Han visto lo que Jesús está haciendo para liberar a los hombres de los males que sufren; pero para ellos no basta. Ellos esperan acciones que liberen “políticamente” a Israel del poder de los romanos. Y exigen un signo del cielo, es decir, una señal de la que no haya duda que viene de Dios, que acredite que de verdad Jesús es el Mesías liberador de Israel… Y es que, cuando no queremos creer y aceptar las exigencias del mensaje de Jesús, nada nos convence: ¡exigimos “signos”! Y signos “a la carta”, no los que Dios quiera mostrarnos. Porque, en el fondo, Señor, queremos creer en ti pero siempre que te dejes manejar, que te pliegues a nuestras exigencias; que nos des lo que nosotros queremos, no lo que tú quieres darnos: ¡ser cristianos, pero a nuestro modo!… Perdona tan osadía, Señor.
  1. Hoy preguntémonos por qué nuestra resistencia a creer en Jesús y cambiar de vida. ¿Es que esperamos también algún signo extraordinario para terminar de creer, para decir sí al Señor? ¿No nos bastan los signos de amor que nos ha dado? ¿No nos basta una vida totalmente entregada a la voluntad del Padre y a los que sufren, y morir en la cruz por amor a nosotros, y que nos haya levantado del fango y perdonado tantas veces, y el pan de la eucaristía y su Palabra que nos dan vida y nos mantienen en el camino? Señor, somos como el del cuento aquel: se dice que uno pidió un signo a Dios. Y un día y otro día el sol salió de color de oro y se tornaba de color fuego cuando se ponía; cada noche el cielo se pobló de miles de estrellas que parpadeaban por doquier; cada mañana los secos pastizales recibieron la bendición del rocío, y no falló la cosecha del maíz ni la de las viñas. Y así y todo, aquel hombre ¡no vio ningún signo!... Señor, que yo no sea tan ciego y que vea tantos signos que me hablan de ti y de tu amor y de tu bondad. Y que me basten para creer que me amas.
  1. Jesús, ante la incredulidad de los fariseos aquellos, dolido, suspiró de pena y de ira. Pena por su obstinación, que les llevará a la ruina; ira por el daño que están haciendo al pueblo sencillo. Y dijo: “Os aseguro que no se le dará un signo a esta generación.” Porque Dios nunca se doblegará a sus exigencias y no les dará el signo que piden. Y añade el evangelista que los dejó y se fue a la otra orilla . Estremecedor este alejamiento del Señor. ¿No temblamos al pensar que, ante nuestra dureza de corazón, y ante los regateos para no dejar nuestros caminos y aceptar los suyos, el Señor nos pueda dejar y marcharse a la otra orilla? Señor, ten misericordia: sigue teniendo paciencia conmigo; sigue esperando y dándome tu gracia, hasta que vea claro y te diga que sí. María, Madre, ruega por mí. Que me fíe del amor de Dios como tú te fiaste.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

12/05/2008


  • Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
  •