Viernes de la 6ª semana de Pascua

Paso la palabra. Para meditar cada día
Viernes de la 6ª semana de Pascua
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

“En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: “Os aseguro que llorareis y os lamentaréis vosotros, mientras el mundo  estará alegre y vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría. La mujer cuando va a dar a luz, siente tristeza, porque ha llegado su hora; pero en cuanto da a luz al niño, ni se acuerda del apuro que pasó, por la alegría de que al mundo le ha nacido un hombre. También vosotros ahora sentís tristeza; pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría. Ese día no me preguntaréis nada. En verdad os digo que todo lo que pidáis al Padre en mi Nombre, se lo concederá”. (Juan 16, 20-23).

1. “Os aseguro que llorareis y os lamentaréis vosotros, mientras el mundo  estará alegre y vosotros estaréis tristes…” Insiste Jesús en prevenir a sus discípulos sobre  lo que va a ocurrir. Ante el horrendo drama de su condena y muerte en cruz, los discípulos estarán de luto y llorarán, mientras el mundo –es decir, los enemigos de Jesús que no han querido aceptarle y han rechazado su mensaje- se alegrará. Frente al dolor y la tristeza de los discípulos, se levantará la alegría de muchos, que, triunfantes, se frotarán las manos pensando: “¡por fin podemos descansar tranquilos!”...  Así ha pasado, pasa y pasará a los creyentes en todos los tiempos: los incrédulos muchas veces nos despreciarán y pensarán que somos pobre gente, unos ingenuos no muy sobrados de luces, y celebrarán, contentos, nuestros sufrimientos, dificultades y fracasos como un triunfo.  ¿No hemos tenido, a veces, esa sensación, ante el rechazo  de muchos ante el cristianismo y la Iglesia? Pero, Señor, cuando escogimos ser discípulos tuyos, sabíamos que teníamos que contar con esto, y que no íbamos a obtener facilidades ni aplausos de los incrédulos. Pero también sabemos que en los momentos difíciles siempre contaremos con la fuerza del Espíritu Santo que nos sostendrá.

2.  “…Pero vuestra tristeza se convertirá en alegría.” A sus seguidores Jesús les promete que la tristeza que experimentarán por su muerte se convertirá pronto en ale-gría. En los momentos duros y de oscuridad, los cristianos tenemos que recordar y creer firmemente en esta promesa de Jesús. Los discípulos lo pasaron muy mal. Pero ¡qué contento y gozo el suyo después de la Resurrección! Lo cuentan los evangelistas, cuando nos narran las apariciones: “Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor”. (Jn 20,20). Y todos los grandes creyentes, ¿no han pasado por la misma experiencia pascual de muerte y resurrección, de tiniebla y luz, de pérdida y reencuentro, de tristeza y gozo?  Señor Jesús, que, cuando lleguen los momentos difíciles y de oscuridad, tu Espíritu nos certifique en el corazón esta promesa tuya: “vuestra tristeza se convertirá en alegría”, en tu alegría, no la alegría efímera del mundo.

3. “La mujer cuando va a dar a luz, siente tristeza...; pero en cuanto da a luz al niño, ni se acuerda del apuro que pasó, por la alegría de que al mundo le ha nacido un hombre. También vosotros ahora sentís tristeza; pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría”. Doloroso es el parto para la madre, pero la alegría de ver en sus brazos una nueva criatura hace que olvide el apuro por el que ha pasado. Es verdad, la vida a veces se parece al parto. Todos tenemos experiencia de la fatiga y el esfuerzo y hasta el dolor de muchos trabajos, como preparar un examen o realizar una labor dificultosa en cualquier ámbito de la vida. Se pasa mal, hay que renunciar a muchos disfrutes inmediatos; pero cuando llega el triunfo, la alegría es grande. “¡Ha valido la pena!”, decimos. Así, en la vida cristiana: no hay vida nueva, sin muerte, ni criatura nueva, sin parto doloroso… Señor, las renuncias que exige vivir el evangelio, sé que se tornarán en alegría. Esto explica el ánimo gozoso que manifiestan siempre los creyentes que viven a tope su entrega a Dios y a los demás. Señor, afirma en nuestros corazones la certeza de que vivir en el amor y la entrega no terminará en el fracaso de la muerte, sino en la casa del Padre, participando contigo de la alegría eterna y sin límites, donde  ya “nadie nos quitará nuestra alegría.”  

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

18/05/2012


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