Lunes de la semana 14ª del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, se acercó un personaje que se arrodilló ante él y le dijo: "Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, ponle la mano en la cabeza, y vivirá." Jesús lo siguió con sus discípulos. Entretanto, una mujer que sufría flujos de sangre desde hacía doce años se le acercó por detrás y le tocó el borde del manto, pensando que con sólo tocarle el manto se curaría. Jesús se volvió y, al verla, le dijo: "¡Ánimo, hija! Tu fe te ha curado." Y en aquel momento quedó curada la mujer. Jesús llegó a casa del personaje y, al ver a los flautistas y el alboroto de la gente, dijo: "¡Fuera! La niña no está muerta, está dormida." Se reían de él. Cuando echaron a la gente, entró él, cogió a la niña de la mano, y ella se puso en pie. La noticia se divulgó por toda aquella comarca. (Mateo 9:18-26). 1. Jesús, en su lucha contra el mal, la enfermedad, el sufrimiento y el pecado, sigue dando vida, con su presencia y su palabra. Hoy sana a dos mujeres. La primera es una mujer considerada impura, por los flujos de sangre que sufría desde hacía doce años. La impureza la excluía de la vida de la comunidad, y tenía prohibido tocar a ninguna persona para no comunicarle su impureza. La segunda es una muchacha que acaba de fallecer, cuyo padre se acerca a Jesús y, de rodillas, le pide que se la devuelva viva: "Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, ponle la mano en la cabeza, y vivirá." ¡Gran fe en Jesús la que expresa el padre de la muchacha fallecida! El cree que Jesús tiene el poder sobre la muerte y puede devolver la vida a su hija. Jesús se fue con él: “lo siguió con sus discípulos”… Señor, emociona ver lo “vulnerable” que es tu corazón a la oración cuando ésta brota de una fe firme y confiada. A veces nosotros pensamos que no nos escuchas. Pero no eres tú, Señor, el que no escuchas; somos nosotros los que oramos mal. Si orásemos con la fe y confianza de aquel hombre, tu corazón siempre respondería. Señor, enséñanos a orar como oró aquel padre del evangelio de hoy. 2. Mientras caminaban hacia la casa de la niña muerta, otra mujer que “sufría flujos de sangre desde hacía doce años se le acercó por detrás y le tocó el borde del manto, pensando que con sólo tocarle el manto se curaría. Jesús se volvió y, al verla, le dijo: "¡Ánimo, hija! Tu fe te ha curado." Doce años llevaba aquella pobre mujer sufriendo la exclusión de la comunidad. Había buscado la salud, pero nadie se la ha podido dar. Hoy se ha encontrado con Jesús. Y su fe es tan grande que piensa que bastará tocar su manto para curar. Y bien que le bastó. Jesús se volvió y no le reprochó que, siendo impura, le haya tocado, sino que la animó: “¡Ánimo, hija! Tu fe te ha curado." Para Jesús está antes la vida y la felicidad de la mujer que el precepto de la impureza. Y curándola, la reincorporó a la comunidad de la que estaba excluida por impura… Señor, hoy, contemplando la fe de esta mujer, pienso en las veces que te he tocado y comido en la eucaristía. Señor, que te “toque” con la fe, la confianza y el amor de aquella mujer del pueblo, y me sienta curado de todo lo malo que hay en mi corazón. 3. Jesús continúa caminando hacia la casa de la muchacha muerta. Cuando llega, viendo el alboroto de los que lloraban por la muerte de la muchacha, Jesús manda que salgan todos de la casa: “¡Fuera! La niña no está muerta, está dormida." Se reían de él.” Y se ríen porque no creían que Jesús era el Señor de la vida y era más fuerte que la muerte. Pero él, a sus risas escépticas, no responde dando explicaciones, simplemente actúa: arranca a la niña del poder de la muerte y le devuelve la vida: “cogió a la niña de la mano, y ella se puso en pie”. La noticia se esparció por toda la región. Señor, yo sí creo que eres el Señor de la vida, capaz de vencer la muerte. Por eso te ruego: Acércate a mí hoy, tómame de la mano y levántame de esta vida cristiana enfermiza, lánguida, medio muerta que llevo; levántame, Señor, y dame una vida nueva, llena de confianza e ilusión.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
04/07/2011
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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