Jueves de la Octava de Pascua
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquel tiempo, contaban los discípulos lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice: - Paz a vosotros. Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma. Él les dijo: - ¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo. Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: -¿Tenéis ahí algo de comer? Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo: - Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse. Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y añadió: - Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto . ( Lucas 24,35-48). Los de Emaús estaban contando a la comunidad lo que les ha pasado y cómo han recocido al Señor, al partir el pan. Y de pronto Jesús se hace presente en medio de ellos y les dice: “Paz a vosotros.” La Paz es lo que Jesús da a los suyos, que están turbados, desconcertados aún por lo sucedido el viernes. No les desea prosperidades materiales, sino el gozo profundo de la paz. San Gregorio Nacianceno dice: “La paz es un nombre y una cosa sabrosa, que sabemos proviene de Dios, según dice el Apóstol a los filipenses: La paz de Dios ; y que es de Dios lo muestra también cuando dice a os efesios: “él os dé su paz.”. Nosotros, Señor, con frecuencia andamos demasiado inquietos, desasosegados turbados y miedosos por muchas cosas. Dinos en esos momentos, como a los apóstoles: “Paz a vosotros “. Danos tu paz, la paz de Dios, y conviértenos en personas pacificadas y pacificadoras.
Los discípulos no terminaban de creer que el Maestro había resucitado, que “lo suyo” no había acabado en el sepulcro. Por eso, al dejarse ver en medio de ellos, creen ver un fantasma. De ahí su inquietud y miedo. Jesús les dice: “¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior?” ¿No es lo que nos ocurre a nosotros muchas veces? No terminamos de creer en el triunfo del Señor sobre el pecado, sobre el mal, sobre la muerte. Por eso, ante la dificultad, la tentación, el pecado, la enfermedad, la muerte..., nos creemos solos y nos alarmamos y surgen dudas en nosotros. Señor, en esos momentos hazte presente en medio de nosotros. Que te experimentemos vivo y vencedor de la muerte. Habla a nuestro corazón y danos tu paz. Abre nuestro entendimiento, para que entendamos el sentido de las escrituras para nuestra vida, y se disiparán nuestras desconfianzas y miedos.
Jesús les dice que lo que están viendo no es más que lo que les anunció mientras estaba con ellos: “Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto”. Los discípulos han de ser, pues, testigos de la Resurrección. Comenta el P. Raniero Cantalamessa: “no se trata sólo de creer que Cristo resucitó de entre los muertos, sino que tenemos que conocer y experimentar el poder de la resurrección del Señor.” Sentirnos liberados del pecado, perdonados, salvados, de eso se trata Y L. Evely también dice: “Pascua significa que podemos resucitar, que existe también para nosotros una resurrección y que cada uno de nosotros es capaz de experimentarlo y de ser testigo de ello...” Señor, haznos experimentar tu poder salvador. Que vivamos como quienes están ya “en estado de resurrección”, viviendo la nueva vida de liberados del mal. Sólo entonces, Señor, seremos testigos de tu resurrección en nuestros ambientes.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
27/03/2008
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