Domingo 28º del Tiempo Ordinario (C)
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: - «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros.» Al verlos, les dijo: - «ld a presentaros a los sacerdotes.» Y, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Éste era un samaritano. Jesús tomó la palabra y dijo: - «¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?» Y le dijo: - «Levántate, vete; tu fe te ha salvado.» (Lucas 17, 11-19). 1. Los samaritanos, para los judíos, no eran precisamente modelo de nada bueno, puesto que los tenían como herejes. Y curiosamente Jesús, en varias ocasiones, los pone como ejemplo de personas que acogen la salvación. El otro día fue un samaritano el que obró compasivamente y atendió al judío malherido que está a la vera del camino. En otra ocasión será una mujer samaritana la que aparecerá como modelo de creyente en Jesús y apóstol. Y en el evangelio de hoy un samaritano aparece como modelo de corazón agradecido abierto a la salvación. Para los judíos eran despreciables herejes. Pero Jesús buscó, entre ellos, los modelos de los comportamientos que quería inculcar a sus discípulos. El P. José Cto. Rey Paredes comenta que algo extraño ocurre en una comunidad, o en una familia, cuando los ejemplos de buena conducta hay que buscarlos fuera de ella. Es lo que ocurría en el pueblo judío en tiempos de Jesús: su resistencia a Jesús y a su mensaje, hizo que Jesús tuviera que buscar a gente de Samaria como ejemplo de fe, de compasión y de agradecimiento. ¿Somos nosotros modelos de respuesta al Señor en nuestra comunidad, familia, grupo, etc., o los que nos ven tienen que buscarlos fuera? ¡Qué triste que fuera así! 2. Jesús sube a Jerusalén, y, en el camino va liberando del mal a los sufren y se le acercan. Hoy vemos que, al entrar en una aldea, un grupo de leprosos le salen al encuentro. Los leprosos eran tenidos como gente maldita de Dios y de los hombres. Eran impuros. Ni podían acercarse a los sanos, ni los sanos acercarse ellos. Su presencia la anunciaban con el grito: `¡Impuro, impuro!´ De ahí que sea desde la distancia desde donde gritan: “Jesús, maestro, ten compasión de nosotros.” Señor, tú sigues pasando por donde estamos nosotros con nuestra “lepra”: nuestro pecado, nuestras injusticias, nuestra insolidaridad y egoísmo, nuestro corazón duro para con Dios y para con los hermanos... Que no me canse de gritar y pedirte con la esperanza firmen de aquellos leprosos: “Jesús, maestro, ten compasión de nosotros.” 3. Jesús responde a los leprosos que vayan y se presenten al sacerdote, para que certifique su curación. Ellos –aun antes de ser curados- se ponen en camino, para cumplir lo que Jesús les ha dicho. Y su fe y obediencia son premiadas: quedan curados mientras van de camino. Entre los diez, hay un samaritano, -un proscrito para los judíos- que, al verse curado “se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias.” Pero los judíos, los oficialmente buenos, no. Ellos piensan que merecen ese favor de Dios y no tienen nada que agradecer. El samaritano, en cambio, en la curación ve un don gratuito de Dios, por eso lo alaba y bendice. Y el resultado es: los otros nueve reciben sólo la sanación corporal, y el samaritano recibe también la sanación espiritual, como atestigua Jesús: “Levántate, vete; tu fe te ha salvado.” ¿Nosotros estamos entre los nueve que nada agradecen, o somos como el samaritano que sabe ver el don gratuito de Dios y lo agradece? ¿Vamos a Dios sólo a pedir, o también “volvemos” para alabarle y darle gracias? Chesterton, con amarga ironía, decía que “nosotros una vez al año agradecemos a los Reyes magos los regalos que nos encontramos en los zapatos que hemos puesto en el balcón. Pero nos olvidamos de dar las gracias a aquel que todas las mañanas nos da dos pies para meterlos en los zapatos.” Señor, dame un corazón agradecido. Que te pida, pero que también te alabe y te dé gracias. ¡Qué estupendo si, por ello, mereciera escuchar lo que dijiste al samaritano agradecido: “Levántate, vete; tu fe te ha salvado”! Entonces, sí me levantaría y me iría... para amar y entregarme gratuitamente, dando gratis lo que gratis me das tú.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
10/10/2010
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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