Lunes 27ª semana de Tiempo Ordinario (S. Francisco)

Paso la palabra. Para meditar cada día
Lunes 27ª semana de Tiempo Ordinario (S. Francisco)
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, se presentó un maestro de la Ley y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: "Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?" Él le dijo: "¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?" Él contestó: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo." Él le dijo: "Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida." Pero el maestro de la Ley queriendo justificarse, preguntó a Jesús: "¿Y quién es mi prójimo?" Jesús le dijo: "Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje llegó a donde estaba él y al verlo, le dio lástima y se le acercó, le vendó las heridas echándoles aceite y vino, y montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos denarios y dándoselos al posadero, le dijo: "Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta." ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?" Él contestó: "El que practicó la misericordia con él." Díjole Jesús: "Anda, haz tú lo mismo." (Lucas 10:25-37).

1.      Un maestro de la Ley pregunta a Jesús para ponerlo a prueba: ¿Qué debo hacer para heredar la vida eterna? Tal vez este  maestro esperaba algo nuevo de Jesús. Y Jesús le dice sólo que recuerde lo que ha aprendido desde de niño, y lo haga. ¿No nos preguntamos nosotros a veces algo parecido? Queremos ser buenos cristianos, queremos mejorar en nuestra vida, pero… ¿qué debemos hacer para serlo? Y el Señor siempre nos responde lo mismo: ¿Qué lees en el evangelio, qué has aprendiste en el catecismo? Y, como el maestro tenemos que responderle  lo mismo: amar a Dios y amar al prójimo como a nosotros mismos... Porque saber sabemos muy bien lo que tenemos que hacer. Lo que ocurre es que, como aquel maestro de la Ley, no nos queremos enterar. Queremos justificar ante el Señor nuestra vida cristiana vulgar, fingiendo que no sabemos qué debemos hacer, como si el Señor nos pidiera cosas raras para ser buenos cristianos, para ser santos. Y no, Señor,  lo tú que nos pides es algo tan sencillo, que desde niños lo sabemos: Amar a Dios y amar a nuestro prójimo.

2.      “El maestro de la Ley queriendo justificarse, preguntó a Jesús: "¿Y quién es mi prójimo?". A esto le responde Jesús hablándole de un herido por los bandidos, que está a la orilla de la carretera y del comportamiento de tres personas que pasan por allí. Dos de ellas –un sacerdote y un levita- eran oficialmente buenas personas,  dedicadas al templo-, cuando ven al herido, no quieren complicarse la vida y siguen adelante sin atenderle.  Es decir, no se “aproximan” al herido, no lo miran como prójimo, no lo aman. Y una tercera persona –un samaritano- era oficialmente un marginado por los judíos celosos, por hereje. Este sí se acerca, -se “aproxima” al herido- y hace todo lo posible por sacarlo de la situación de sufrimiento en la que está. Es decir, le ama... Jesús pregunta al Maestro de la Ley: “¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?" El respondió: “El que practicó la misericordia con él." Y Jesús le dijo: Anda y haz tú lo mismo”. ¡Cómo cambiaría nuestro mundo, Señor, si todos hiciéramos los mismo. Ayúdame para yo lo haga. Que, cuando encuentre a alguno que sufre, no pase de largo, sino que me aproxime a él y haga cuanto pueda para sacarlo  de la situación de sufrimiento en que está.  Se llame como se llame, sea de la nación o raza que sea, me sea simpático o antipático... Que sólo mire que está necesitado.

3.      Dice San Juan Crisóstomo: “Has de saber que cuando encuentras a tu hermano herido, has encontrado algo más que un tesoro: el poder cuidarle.” Hoy es la fiesta de san Francisco. Y de él cuentan sus biógrafos que, al comienzo de su conversión, un día iba montado en su caballo cuando se encontró  con un leproso. La reacción primera fue huir. Pero pronto vuelve sobre sus pasos, bajó del caballo, y no sólo le dio limosa y de comer, sino que lo abrazó y lo  besó. Después subió a su caballo  y continuó su camino con el corazón rebosante de contento. Cuando algo después volvió la cabeza para ver al leproso, éste ya no estaba, había desaparecido… Cuando más tarde, en su Testamento, Francisco recuerda a este encuentro con el leproso comenta que “lo que antes  le resultaba amargo, se le convirtió en dulcedumbre del alma y del cuerpo.” Buen ejemplo el de Francisco de Asís de cómo acoger al prójimo.

Ven, Francisco, a tus hermanos, / visita a los pobrecillos;
ven, traspasado de amor / por las heridas de Cristo;
como nueva primavera / después del invierno frío, / ¡ven, Francisco!

Ven, que los hombres te vean / por el mundo peregrino:
liberado, sin alforja / y sin dinero en el cinto;
y anuncia la paz y el bien / con los labios florecidos, / ¡ven, Francisco!

Ven, con los brazos sin armas, / hermano suave y pacífico;
ven, menor de los menores, / de corazón compasivo;
profeta sin amargura, / ven con el ramo de olivo, / ¡ven, Francisco!

Ven, penitente gozoso, / que lloras de regocijo;
heraldo loco de amor / y paz de los enemigos;
ven por los barrios y plazas, / juglar del perdón divino, ¡ven, Francisco!

Ven, ángel de buenas nuevas, / háblanos de Jesucristo;
ven, boca del Evangelio, / cristiano sabio y sencillo;
hermano tan deseado, / Francisco tan bien querido, ¡ven, Francisco!

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

04/10/2010


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