Paso la palabra. Para meditar cada día: 28/3/2026

Paso la palabra. Para meditar cada día
Paso la palabra. Para meditar cada día: 28/3/2026
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, se celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la puerta de las ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda. Ésta tiene cinco soportales, y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos. Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice: "¿Quieres quedar sano?" El enfermo le contestó: "Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado." Jesús le dice: "Levántate, toma tu camilla y echa a andar." Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar. Aquel día era sábado, y los judíos dijeron al hombre que había quedado sano: "Hoy es sábado, y no se puede llevar la camilla." El les contestó: "El que me ha curado es quien me ha dicho: Toma tu camilla y echa a andar." Ellos le preguntaron: "¿Quién es el que te ha dicho que tomes la camilla y eches a andar?" Pero el que había quedado sano no sabía quién era, porque Jesús, aprovechando el barullo de aquel sitio, se había alejado. Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice: "Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor." Se marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado. Por esto los judíos acosaban a Jesús, porque hacía tales cosas en sábado. ( Juan 5, 1-3.5-16)

1.      En la curación de hoy es Jesús el que toma la iniciativa. El enfermo no pide nada. Simplemente está allí, en su camilla, esperando que alguien tenga compasión de él y lo meta en la piscina de las aguas medicinales. Jesús le mira. Y como el amor ve muy lejos y muy hondamente, comprende la angustia de aquel hombre, ya desesperanzado, pues son 38 años de espera, sin que la curación haya llegado. Se le acerca y le dice: "¿Quieres quedar sano?" Como tantas veces, Jesús ofreciendo la liberación al que sufre, al que está sin fuerzas y necesita ayuda. El respeta la libertad, sólo ofrece... Cuando voy por la vida, ¿sé mirar a los que sufren, con amor y misericordia?; ¿me intereso por ellos, o soy de los que, ante el necesitado, el que sufre   –enfermos, emigrantes, los tratados injustamente, ect.- desvían la mirada y siguen adelante, por temor a complicarse la vida?

2.      Aquel enfermo quiere ser curado, tiene voluntad de curación; pero no puede valerse por sí solo. Necesita ayuda para sumergirse en las aguas saludables de la piscina,  y nadie se la ha dado: "Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado." Y es entonces cuando Jesús dice su palabra poderosa y sanadora: "Levántate, toma tu camilla y echa a andar."  Y la palabra de Jesús hace posible lo que antes le era imposible: valerse por sí mismo, sin depender de otros... Nosotros –y la humanidad entera- somos este hombre impotente y necesitado de la ayuda de alguien. En la cuaresma deseamos y buscamos la conversión, cambiar de vida, liberarnos de nuestras esclavitudes y pecados. Y Jesús también se nos acerca y nos dice: “¿Quieres quedar sano?” ¿Quieres que cure esa “parálisis” espiritual que te impide sumergirte en las aguas de la conversión? Señor, yo quiero;  pero ya ves, que no puedo, que no soy capaz de ir más allá del deseo y los buenos propósitos.  Más aún, Señor: A veces, hasta temo ser sanado, porque ¿sabré vivir sin las satisfacciones que me proporcionan  los “dioses”, en los que he puesto mi confianza y mi felicidad y me esclavizan? Pero a  pesar de mis miedos, Señor, dime tu palabra eficaz: "Levántate, toma tu camilla y echa a andar."

3.      “Y al momento, el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar” Y comenzó una vida nueva, libre de su impotencia, y de sufrimiento.  Pero hubo quienes no supieron ver la acción del  amor de Dios en la curación de aquel hombre. Y los que lo han visto sufriendo en la camilla durante 38 años y no han hecho nada para ayudarle, ahora se escandalizan de que cargue con la camilla en sábado. Y por ello intensifican el acoso a Jesús. Eran los de siempre, los “buenos cumplidores.” ¿No ocurre algo así hoy? Cuando alguien comienza a caminar por los caminos del evangelio, de una vida nueva no rutinaria, más comprometida con el Reino de Dios, de más amor y entrega, hay muchos que se sienten molestos. Y es que, en vez de ver la obra de Dios en el cambio del hermano, nos empeñamos en ver orgullo, ganas de dar lecciones a los demás, etc. ¿Estamos nosotros entre éstos? Señor, que vea la obra de tu amor en el cambio de mi hermano. Y que te alabe y bendiga por ello.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

28/3/2026


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