Domingo 18º del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquel tiempo, dijo uno del público a Jesús: "Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia." Él le contestó: "Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?" Y dijo a la gente: "Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes." Y les propuso una parábola: "Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos: ¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha." Y se dijo: "Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: hombre, tienes bienes acumulados para muchos años; túmbate, come, bebe y date buena vida." Pero Dios le dijo: "Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será? "Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios." (Lucas 12, 13-21). 1. San Lucas nos está presentando a Jesús subiendo a Jerusalén, el lugar de la entrega total en la cruz. Y, a la vez, nos va enseñando cómo debe ser el camino de sus discípulos. En los dos domingos anteriores nos ha presentado la oración: el discípulo tiene que orar y orar como oraba Jesús, el mejor maestro de oración. Hoy nos habla del desapego de la riqueza. La ocasión es la petición que le hace uno de que haga de “hombre bueno” y medie en una cuestión de herencia familiar. Jesús se niega a meterse en ese asunto. Pero aprovecha la ocasión, para ponerles sobre aviso y no caigan en el peligro de la codicia, de la adicción a la riqueza: “Mirad: guardaos de toda clase de codicia.” ¿No es la causa de muchas divisiones familiares y muchos males de nuestra sociedad? Por conseguir unos euros más se explota y aplasta al que sea preciso, y si hay que romper la paz y la unidad de la familia, o del pueblo, o de la sociedad…, se rompe. ¡Qué triste, Señor, poner por encima de las personas el tener un poco más! Líbranos, Señor, de la codicia. 2. Jesús, como en otras ocasiones, cuenta una parábola para aleccionarlos. Habla de un hombre que tiene una gran cosecha y, para almacenarla, construye graneros más grandes y se hace sus planes de futuro: “hombre, tienes bienes acumulados para muchos años; túmbate, come, bebe y date buena vida." Cuántas veces, como el de la parábola, nos hacemos también nosotros planes sobre el futuro sin contar con Dios. Si tenemos bien llenos los “graneros”, pensamos tener asegurados la felicidad y los goces sin medida. Y no nos damos cuenta de que –como al de la parábola- todos nuestros planes se nos pueden venir abajo en un momento: "Necio, esta noche te van a exigir la vida.” ¿Cuántos conocemos que creían tener la vida asegurada, y de la noche a la mañana se han arruinado, o han perdido la vida? Pero, sobre todo, ¿es que los bienes materiales nos aseguran la felicidad? ¿No llama la atención que el mayor índice de suicidios se dé en los países más ricos? Recuerdo el comentario de un compañero guineano: en Europa la gente tiene muchas más cosas, pero no veo que sean más felices que los de mi país que apenas nada, pero gozan más de lo que tienen y son más felices y ríen mucho más. 3. El hombre de la parábola se trazó su plan de vida: «túmbate, come, bebe y date buena vida». ¿No es el plan de muchos, incluso, a veces, de nosotros mismos? Al de la parábola Dios le llama «necio.» No porque sea malo descansar, o co mer, o pasárselo bien. Sino porque lo único que le importaba era amasar “riquezas para sí y no es rico ante Dios." Advirtamos: almacenar “para sí.” Lo malo no es que almacenara, sino que lo hiciera “para sí”, es decir, que los demás no contaran para él. Señor, que no sea tan estúpido que me quede en las cosas caducas que me pueden arrebatar hoy mismo. Al final sólo contarán las buenas obras, lo “compartido” con los pobres, no lo “almacenado”. ¿No sería lastimoso que se pudiera decir que nuestra única riqueza es lo almacenado? ¿De qué nos valdría al final de nuestro camino, cuando nos presentemos ante Dios? Señor, eso sería llegar con las manos vacías al momento culminante de nuestra vida. No lo permitas, Señor. Haznos despertar y ver lo que es de verdad importante.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
01/08/2010
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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