Murcia

Paso la palabra. Para meditar cada día: 11/12/2017

Paso la palabra. Para meditar cada día
Paso la palabra. Para meditar cada día: 11/12/2017
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrarán el páramo y la estepa, florecerá como flor de narciso, se alegrará con gozo y alegría... Fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes; decid a los cobardes de corazón: «Sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro Dios, que trae el desquite; viene en persona, resarcirá y os salvará.» Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará. Volverán los rescatados del Señor, vendrán a Sión con cánticos: en cabeza, alegría perpetua; siguiéndolos, gozo y alegría. Pena y aflicción se alejarán. (Isaías 35, 1-6a. 10).

En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, le mandó a preguntar por medio de sus discípulos: -«¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?» Jesús les respondió: -«Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio. ¡Y dichoso el que no se escandalice de mí! » Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: -«¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿0 qué fuisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta? Sí, os digo, y más que profeta; él es de quien está escrito: "Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare el camino ante ti." Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.» (Mateo 11, 2-11).

1.      Isaías anuncia la salvación que trae el Mesías con una serie de alegres imágenes poéticas: “El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrará el páramo y la estepa, florecerá como flor de narciso, se alegrar-a  con gozo y alegría...” Y anima a los desanimados a levantar el ánimo: “Sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro Dios, que trae el desquite; viene en persona, resarcirá y os salvará.» Dios viene a salvar, a cambiar la situación de desventura en que se encuentra el pueblo: “Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mundo cantará, y volverán los rescatados del Señor.” Al escuchar este anuncio el corazón se nos llena de alegría; pero tal vez también nos peguntemos si todo esto no es mera poesía. Hace ya dos mil años que ese Salvador que se anuncia vino y entró en nuestra historia; sin embargo, en el mundo sigue habiendo demasiada  pena, demasiada desgracia, guerra, terrorismo, hambre...

2.      El evangelio de hoy nos anima a seguir esperando la liberación de todo mal, porque lo anunciado por Isaías ha empezado a cumplirse en Cristo Jesús. El Bautista esperaba un Mesías que se impusiera por el poder, y de Jesús oye que no va por ese camino: Jesús no habla de un Dios vengador, sino de un Dios Padre misericordioso, que ama y perdona a los pecadores. De ahí la pregunta que hacen a Jesús sus enviados: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?» Jesús no responde dando explicaciones, sólo les dice que cuenten a Juan lo que estaba  aconteciendo en los que se encontraban y creían en él: “-«Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia.” Es decir: Decid a Juan que lo anunciado por los profetas ya se está cumpliendo... En Adviento nosotros gritamos con la liturgia una y otra vez: “¡Ven, Señor, Jesús!” Porque Jesús vino, pero sigue viniendo para obrar en aquellos que le dejan entrar en sus vidas lo anunciado, viene a liberarnos de las esclavitudes que nos hacen sufrir. Nosotros, en concreto, ¿qué deseamos que cambie en nuestra vida personal, en nuestra familia, en nuestro ambiente? ¿Estamos dispuestos a dejar al Señor las manos libres para que lo cambie?

3.      Dios viene y quiere cambiar nuestras vidas. Pero también quiere que colaboremos en el cambio de  este mundo y de los que nos rodean...  Aldazábal dice: “Para nosotros será de verdad Adviento y luego Navidad,  celebraremos en profundidad la Venida del Señor, si en verdad entre nosotros alguien recobra la vista, el ánimo, la esperanza. Si los que sufren sienten una mano amiga que les fortalece, si los que no saben lo que es amor lo experimentan estos días, si crece la ilusión de vivir en nosotros y en los que están junto a nosotros.” Qué estupendo si al  preguntarnos alguien  si Cristo  es el Salvador que esperamos, el que puede liberarnos de todas estas esclavitudes en las que estamos atrapados y dar un sentido más hondo a nuestras vidas..., pudiéramos contestar: “Mirad mi vida: yo era un malasombra que no aguantaba a nadie, que no comprendía a nadie, un egoísta que sólo pensaba en mí, etc. y él me ha cambiado, me ha liberado de  eso, y ahora puedo entregarme a los demás, aceptar a los demás con sus deficiencias, etc.”   O: “Mirad a esa familia, y aquella otra cómo viven en paz, cómo se quieren y comprenden, cómo se entregan a los demás...”  ¿No sería maravilloso?...  Señor, tú vienes con fuerza y quieres cambiar nuestras vidas. Que te dejemos hacer. Y que cada uno nos dispongamos a poner nuestro grano de arena  para que en nuestras familias haya más comprensión y amor, y esta sociedad sea más solidaria y fraterna, y en el corazón de todos  haya más esperanza  e ilusión. 

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

11/12/2017


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