Murcia

Paso la palabra. Para meditar cada día: 22/10/2018

Paso la palabra. Para meditar cada día
Paso la palabra. Para meditar cada día: 22/10/2018
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En una ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús les contestó: _«¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.» Y les dijo esta parábola: -«Uno tenla una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró.  Dijo entonces al viñador: “Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?  Pero el viñador contestó: “Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, la cortas." » Lucas 13, 1-9 ).

1.      Hoy unos galileos le cuentan a Jesús la terrible muerte de unos peregrinos galileos asesinados por Pilatos, cuando ofrecían sacrificios en el templo. La gente pensaba que eso les había ocurrido porque habían  recibido  el castigo merecido por sus pecados. Jesús les dice que miren las cosas de otra manera y traten de ver en esa catástrofe la llamada a la conversión que les hace Dios. Porque ellos –aunque se crean buenos- no son menos pecadores que los que han muerto.  Y, si no se convierten, puede pasarles lo mismo: “si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.” Y, recordando la muerte inesperada de dieciocho personas sobre los que cayó la torre de Siloé, dice lo mismo: “¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.» Nosotros ¿cómo reaccionamos ante los acontecimientos adversos,  los accidentes, las catástrofes imprevistas, la muerte de un ser querido, etc.? ¿Vemos en ellos llamadas de Dios a la conversión, puesto que nos recuerdan que la muerte puede llegarnos también a nosotros de una manera inesperada, y qué será de nosotros si no nos encuentra preparados?

2.      Son muchos los cristianos que siguen con la mentalidad judía y ven las desgracias como castigo de un Dios vengador. De ahí las preguntas que se hacen en esas ocasiones: ¿Qué he hecho yo para que Dios me castigue con esto? Y no. Dios no se venga de nosotros porque somos malos. ¿Qué mal hizo Jesús para merecer ser crucificado? ¿Qué mal hizo María, su Madre, para que le arrebataran a su querido Hijo? ¿Qué mal hizo Mons. Romero para que lo mataran a tiros?...  J. Aldazábal dice  que en el plan de Dios  “no entraba la muerte, pero lo que sí entra es que incluso de la muerte saca vida, y del mal, bien. Desde la muerte de Cristo, también trágica e injusta, toda muerte tiene un sentido misterioso pero salvador.” Lo malo que nos pasa no es castigo de Dios. Como tampoco lo bueno que nos acontece es premio por ser buenos. El amor benevolente de Dios es regalo gratuito del Padre bueno, que nos ama lo mismo cuando obramos bien que cuando obramos mal.  Y las desgracias hemos de verlas como ocasión y aviso para convertirnos, ya que nos recuerdan lo efímeros que son los bienes de este mundo y lo breve y fugaz que es la vida humana. Tanto que, inesperadamente, se puede acabar todo en un momento, y encontrarnos  -si no nos convertimos- con las manos vacías de obras buenas de amor, de entrega, de solidaridad... 

3.      Para urgirles más aún la conversión, el Señor les presentó la parábola de la higuera que no da fruto. Tres años llevaba el dueño yendo a buscar fruto y nunca lo encontró. Lo lógico era cortarla: “¿Para qué va a ocupar terreno en balde?” También para nosotros debe ser un aviso fuerte esta parábola. Nosotros somos esa higuera, que el Señor ha cuidado durante años con múltiples gracias y dones. Y ¿qué frutos encuentra en nosotros? ¿Abundantes?, ¿pocos?, ¿sabrosos?, ¿incomibles? Con aquella higuera tuvo paciencia el dueño durante un año más, como le pidió el viñador. También ante nuestras vidas vacías de frutos -o con menos de los que esperaba- el Señor tiene paciencia y sigue dándonos nuevas oportunidades. Pero ¿hasta cuándo? Hoy siento que me llamas, Señor, a espabilarme, a romper con esta vida perezosa, infecunda y estéril que llevo, y aprovechar las nuevas oportunidades que me des para llenarla de obras de amor, que son las buscarás en mí al final. 

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

22/10/2018


  • Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
  •  
    Este sitio web utiliza cookies para facilitar y mejorar la navegación. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Más información