Murcia

Paso la palabra. Para meditar cada día: 22/8/2018

Paso la palabra. Para meditar cada día
Paso la palabra. Para meditar cada día: 22/8/2018
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: "Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó. El que recibió cinco talentos fue en seguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor. Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos. Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: "Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco." Su señor le dijo: "Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor." Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: "Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos." Su señor le dijo: "Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor." Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y dijo: "Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo." El señor le respondió: "Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Con que sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadlo fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes." (Mateo 25:14-30).

Con la parábola “de los talentos” que nos propone el Señor hoy también nos llama a trabajar por el Reino, hasta que el Señor venga. Habla de uno que, antes de irse de viaje, reparte sus bienes entre sus criados, en cantidades distintas, según su capacidad. La tarea de los criados, mientras el amo esté ausente, no será sólo guardar lo recibido sino hacerlo rendir, acrecentarlo. Y de esto tendrán que rendir cuentas.  Así, al volver el amo inesperadamente el que recibió cinco y ha ganado otros cinco, es alabado y premiado e invitado al banquete de su señor; el mismo premio se da al que recibió dos y ha logrado otros dos; pero al que recibió uno y fue poco arriesgado y se limitó a conservarlo, sin hacer nada para que rindiera más, se le reprende por holgazán  y se le quita el talento recibido. Estos distintos criados somos nosotros. El Señor a cada uno nos ha entregado unos dones, unas gracias, unas cualidades, para hacerlas fructificar en nuestra vida, para hacer obras buenas… Yo, ¿qué dones he recibido de Dios? ¿Doy gracias a al Señor por esos dones? 

En la parábola se ve claro que lo importante no es que los talentos recibidos sean muchos o pocos. Lo que importa es cada uno trabaje con lo recibido y lo aumente. ¿Qué estamos haciendo con las gracias que nos ha dado el Señor, empezando por la fe, la Palabra de Dios y los sacramentos, la formación religiosa y humana que hemos recibido, los bienes materiales, las posibilidades de crecer como personas y como cristianos que se nos han brindado, etc.?  ¡Qué pena, Señor,  no sacar todo el partido y rendimiento a los talentos que me has dado para poder servirte a ti y a mis hermanos, para sembrar mi vida de obras de amor.  La Madre Teresa de Calcuta decía: “La vida es una oportunidad, aprovéchala. La vida es un reto, afróntalo. La vida es un misterio, desvélalo. La vida es un sueño, hazlo realidad”. Señor, que aproveche la vida que me resta por vivir para trabajar más por la construcción de tu Reino y el servicio de mis hermanos. 

En la parábola de hoy queda claro que al final se nos pedirá cuenta de lo hecho con “los talentos” recibidos.  Por eso es bueno preguntarnos cada día: Si viniera hoy el Señor, ¿me  alabaría y me invitaría a pasar a su banquete por haber sido diligente, o me condenaría por holgazán y perezoso? Y no olvidemos que el Señor no sólo nos pedirá cuenta de si hemos malgastado sus dones, sino de si los hemos hecho rendir al máximo, si hemos hecho todo el bien que podíamos hacer. A veces miramos nuestra vida y vemos que sí, que hemos hecho algunas cosas buenas. Y esto nos tranquiliza. Pero ¿cuánto bien hemos podido hacer y no lo hemos hecho? Hoy, Señor, quiero rezarte como rezaba M. Quoist: “Señor, tengo miedo de que el poco bien que hago me oculte el mucho bien que dejo de hacer.” Señor, que ante ninguna circunstancia en que pueda hacer el bien,  pase adelante sin hacerlo.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

22/8/2018


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