Murcia

Paso la palabra. Para meditar cada día: 30/4/2017

Paso la palabra. Para meditar cada día
Paso la palabra. Para meditar cada día: 30/4/2017
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Él les dijo: - ¿Qué conversación es ésa que traéis mientras vais de camino? Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó: - ¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días? Él les preguntó: - ¿Qué? Ellos le contestaron: - Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace ya dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo… Entonces Jesús les dijo: - ¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria? Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura. Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo: - Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída. Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció. Ellos comentaron: - ¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?  Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: -Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón. Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. (Lucas 24, 13-35).

1.      En el Evangelio de hoy aparecen dos hombres desesperanzados. Ellos habían puesto muchas esperanzas en Jesús, el Mesías.  Pero eran esperanzas falsas: esperaban  que Jesús fuera el Mesías liberador de Israel, pero un liberador político, que rompiera las cadenas con que Roma tenía esclavizado al pueblo y estableciera un reino terreno, en el que ellos podrían medrar y ocupar puestos importantes…Es decir, habían creído en Jesús, pero con una fe mezquina y desenfocada.  No habían llegado a comprender el misterio profundo de Jesús ni lo que el mismo Jesús había dicho en distintas ocasiones: que era necesario que el Hijo del hombre muriera, para resucitar y ser constituido Señor. Ahora creen que con la muerte de Jesús todo ha terminado, y se alejan  de Jerusalén, de la comunidad. Y al viajero que se les une le confiesan su descorazonamiento: “Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel.” Ahora ya no esperan. ¿No es ésta nuestra situación muchas veces? Seguimos a Jesús, pero ¿a qué Jesús seguimos?, ¿con  qué esperanzas le seguimos?, ¿cómo reaccionamos ante el silencio de Dios ante el dolor, la enfermedad y ciertos acontecimientos dolorosos?...

2.      Para que los discípulos descubrieran quién era Jesús y aceptaran su mesianismo de humillación y entrega, no bastó que lo anunciara el propio Jesús, sino que hizo falta que fuera crucificado y muriera. Nosotros, como los discípulos, lo hemos escuchado muchas veces: Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, no da fruto. (Jn 12, 24) Pero no terminamos de creerlo.  Por eso hoy el Señor también se nos une en nuestro caminar desilusionado y nos dice: “¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?” Los discípulos se habían forjado una imagen falsa de Jesús y unas esperanzas espurias sobre su reino. Tuvo que morir Jesús para que murieran también esa falsa imagen del Mesías y sus esperanzas falsas, y que el Resucitado se uniera a ellos y les explicara las escrituras y partiera el Pan con ellos, para que descubrieran el verdadero mesianismo de Jesús, y la verdad de su reino. Sólo entonces en sus corazones surgió la certeza de que la muerte no había podido con Jesús, ni había matado las esperanzas que hizo nacer en los que habían creído en él, y que la muerte  no tiene la última palabra.

3.      Muchos cristianos necesitamos también que mueran nuestras falsas ideas de Dios y nuestras esperanzas bastardas, y que el Señor Resucitado nos salga al encuentro, para que en nosotros surja la esperanza limpia. Por eso, cada “día primero de la semana”, el Señor se hace presente en medio de  nosotros, y nos explica  las Escrituras y parte con nosotros el Pan. Así nos va haciendo comprender que él es el Señor, y que, a pesar de tanto mal como acontece en el mundo, Dios es Padre bueno, cuyos caminos, aunque desconcertantes para nosotros, son siempre caminos de salvación. Señor, que cada domingo vayamos a tu encuentro con el corazón abierto, y que tu Palabra haga arder nuestro corazón –como el de los de Emaús-  y que rompa la venda que cubre nuestros los ojos, para que descubramos que tú eres Vencedor de la muerte y de todo mal. Si así fuera, Señor, volveremos a la vida, transformados, con un gozo nuevo, a decir a todos: “El Señor ha resucitado. Lo hemos reconocido al partir el pan". Y nuestros amigos y familiares y compañeros, verán que es verdad, porque el desánimo y el cansancio  de nuestra vida cristiana han sido vencidos, y somos personas nuevas, de compromiso esperanzado e ilusionado por el Reino. Porque hemos comprendido que, porque Jesús ha resucitado,  todo, hasta el fracaso radical de la muerte, será en adelante camino de Resurrección y Vida. 

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

30/4/2017


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