Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
1. Hoy celebramos la fiesta de Santo Tomás, y el evangelio nos cuenta el encuentro de Jesús resucitado con el apóstol Tomás, que quería ver para creer. Para entender este evangelio de hoy hemos de recordar que San Juan, unos versículos antes, dice que los discípulos estaban reunidos, con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. El Maestro había sido crucificado y muerto. Estaban asustados y desanimados. ¿Qué va a ser de ellos? –piensan-. Y de pronto, Jesús se les presenta en medio y los saluda: “Paz a vosotros.” Este saludo les llena de alegría y resucita su esperanza. ¡El Señor vive! Pueden seguir soñando y esperando el mundo de amor que les ha anunciado... Muchas veces, Señor, también nosotros, ante las dificultades que encontramos para vivir nuestra fe, nos asustamos y desanimamos… Cuando nos veas así, hazte presente en medio de nosotros y haznos ver que vives, que estás con nosotros. Y danos la Paz que devuelva la esperanza y el entusiasmo a nuestros corazones.
2. Tomás no estaba cuando Jesús se apareció a los discípulos. Y cuando los discípulos le cuentan que han visto al Señor, él, escéptico, se niega a creer y pone como condición para hacerlo, no sólo ver, sino tocar: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo." ¡Tan hondamente decepcionado estaba, el pobre! El no quiere creer “de oídas; él quiere comprobar las señales de los clavos en el cuerpo de Jesús... ¿No se nos mete también, a veces, la duda en el corazón? Pensamos: “Sí, los evangelios dicen, la Iglesia enseña, los santos cuentan, pero...“ Y es que, Señor, nos da miedo creer, porque creer es arriesgado y compromete? “No se cree en vano”, ha dicho alguien. Creer supone aceptar a Dios en nuestra vida personal, familiar, moral, social, de negocios..., y cambiar muchas cosas en nuestra vida. Y eso ¡asusta mucho!... Y pedimos pruebas y pruebas para creer. ¡Qué poco sinceros somos, Señor, qué desconfiados! ¡Perdónanos!
3. Jesús, bondadosamente, diríamos que aceptó el reto de Tomás: a los ocho días se presentó de nuevo, y después de darles la Paz, se dirige directamente a Tomás y lo invita: “Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente." Y aquí la testarudez, el escepticismo y la desconfianza de Tomás se rompieron, y de su corazón brotó esa hermosa, humilde y profunda confesión de fe, que repetimos en muchos momentos los cristianos: “¡Señor mío y Dios mío!" Jesús le responde con bondad: “¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto." Aquí, Señor, quiero estar yo, entre esos que declaras dichosos porque creen sin haber visto. Un día en el cielo espero “ver y tocar”, pero antes, desde ya -sin ver ni tocar- quiero creer que vives y me amas y estás con nosotros, con la fe firme y generosa con la que, desde hace dos mil años, han creído -sin haber visto- tantos hombres y mujeres lo que les han contado los que sí vieron… Santo Tomás, a ti te costó creer, pero cuando creíste fuiste fiel al Señor, hasta dar la vida por tu fe. Hoy, en día de tu fiesta, te pedimos que ruegues por nosotros, para que seamos fieles a nuestra fe.
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.