Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
1. Jesús se acerca a una higuera que frondosa para buscar higos y no encuentra nada. “Entonces le dijo: - Nunca jamás coma nadie de ti.” Este episodio de la maldición de la higuera, que no da frutos, es un gesto profético de denuncia y condena. La higuera es símbolo de Israel, e l Pueblo de la Alianza. Había sido elegido por Dios, era el heredero de la bendición de Abraham. Pero en él –sobre todo en sus dirigentes, los escribas y fariseos- Jesús sólo encuentra follaje: muchas hojas, pero ningún fruto. Se han quedado en un culto de mera apariencia, de cumplimiento externo de la ley, pero el corazón está podrido, lleno de ambiciones y desamor. Los frutos del amor a Dios como absoluto y de amor al prójimo como sí mismo, que es lo que a Dios agrada y lo que Dios busca, no aparecen por ninguna parte. Señor, nosotros, los cristianos, hemos sido también elegidos por ti; por el bautismo hemos sido hechos miembros del nuevo Pueblo, cuya ley es el amor... Y hoy ¿qué encuentras en nosotros? Además de “hojas” abundantes y muy verdes, es decir, de ritos externos, de apariencias y “cumplimento”, ¿encuentras obras de amor y entrega y testimonio? Señor, despiértame de la modorra de esta vida que llevo, que, cuando vengas a buscar frutos, no vuelva a defraudarte.
2. Al llegar a Jerusalén, Jesús entra en el Templo. Para el judío el Templo era el lugar de la presencia de Dios, el lugar del encuentro de los hombres con Dios. Pero Jesús no ve “buscadores de Dios”, sino “buscadores” de lucro, que han convertido la Casa de Oración en lugar de mercadeo y engaño. Y arremete contra los profanadores: “ ¿No está escrito: mi casa se llama Casa de Oración para todos los pueblos? Vosotros, en cambio, la habéis convertido en cueva de bandidos” . Éste es otro gesto profético que denuncia la inautenticidad y falsía religiosa de las gentes de su tiempo: La religión no es búsqueda sincera de Dios y de su voluntad… Nosotros preguntémonos hoy qué tal andamos de autenticidad en nuestra vida cristiana. Nuestra religiosidad ¿no se queda muchas veces en fachada, en obras de piedad estéril, que enmascaran un cristianismo vacío, sin profundidad ni compromiso, sin amor? ¿No es a veces una religiosidad interesada: yo te doy, Señor, para que tú me des? Señor, que nunca merezca yo ser “expulsado del templo”, por la mentira de mi vida cristiana.
3. Al pasar de nuevo junto a la higuera maldecida y ver que se ha secado, Pedro se lo hace notar a Jesús. Y Jesús contestó: “Tened fe en Dios. Os aseguro que si uno dice a este monte: «Quítate de ahí y tírate al mar», no con dudas, sino con fe en que sucederá lo que dice, lo obtendrá”. Eso es lo que nos falta, Señor, fe. Creer de verdad en ti, afirmar nuestra vida en ti, en tu Palabra. Si te creyéramos de verdad, diríamos al “monte” de nuestra hipocresía y al de esta vida cristiana de simple ir tirando, cumpliendo más o menos pero sin comprometernos de verdad, y a tantos otros montes que hay en nuestro corazón: “quítate de ahí y tírate al mar”, y lo conseguiríamos. Señor, Jesús, yo creo, pero aumenta mi fe, que bien ves que es mezquina y muy débil.
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.